Con la pandemia y los aplausos hemos redescubierto esas vidas de puertas abiertas que antaño tenían nuestros barrios, de vecinas preocupadas por lo que le pasaba al de al lado, de gritos de una venta a la otra, o de una acera a la amiga del tercero. Y en medio de esas redes de hilos tejidos entre afectos y cuarentenas, o producto de lo que todo ella ha generado, en la esquina donde convergen las calles Esgrima y Espada la artista argentina Paula Moscuzza ha encontrado, también en los balcones de la vecindad, el lugar idóneo para ofrecer su primera muestra de pinturas.

Al aire libre, gratuita, accesible a todo el mundo, una exposición de cielos abiertos que aparece así de repente, cuando uno desanda las calles del corazón de Lavapies. Es levantar la vista y descubrir una veintena de reproducciones de los cuadros que ha venido pintando en los últimos años, previos a la pandemia y durante la misma.

“Me hubiera encantado colgar los originales, pero es verdad que no se apreciarían y se pueden dañar con el clima. Entonces lo que hice fue un trabajo que me llevó mucho tiempo también, de digitalización, de retoque digital, en el que me ayudaron mucho mi amiga Bego y mis hermanos desde Argentina, porque en casa tengo un ordenador que es prehistórico” explica, mientras prepara nuevas reproducciones.

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Exposición de Paula Moscuzza en la calle Esgrima y Espada. No CC David F. Sabadell

Paula Moscuzza lleva 17 años residiendo en Madrid, con idas y vueltas. Licenciada en Derecho, profesora de español como lengua extranjera, ha ido aprendiendo técnicas, puliendo estilos y formándose en un camino de varios años que marca un hito en esta exposición popular. “Siempre veo cosas así por los escaparates y digo, que interesante, y como me da mucho palo, hay como un muro que a mí me cuesta mucho atravesar. Quizá son mis complejos, pero hay mucho obstáculo para una galería. Por eso ni se me ocurrió buscar para exponer”, explica.

“En un momento me iluminé y dije ‘en mis balcones’. Lo comenté a mis vecinas y la acogida fue tremenda”, confiesa Moscuzza

Pensaba en centros sociales autogestionados o culturales, u otros lugares públicos para animarse a su primera muestra. “En un momento me iluminé y dije ‘en mis balcones’. Yo tengo tres que dan a la calle Esgrima, ir imprimiendo y cambiando. Pensé en mis vecinos, pero pasó mucho tiempo porque me daba vergüenza, al final se los comenté muy tímidamente y la acogida fue tremenda. La verdad que son lo más”, agradece.

“Un montón de gente cuando le conté la idea se reentusiasmó. Los vecinos, ante todo, porque fue a los primeros que les conté y después ya la gente que me ayudó. Con mucha ilusión. Yo decía ¿cómo puede hacer esto? Y saltaba alguien y me respondía ‘¡yo te lo hago!’. Después, tuve muchísima suerte para imprimir las lonas, porque di con el ex cuñado de una amiga al que le encantó la idea y me hizo un precio genial, imprimiéndolo a una calidad tal que están igual los colores, el pixelado no se ve, no perdieron calidad”, asegura entusiasta.

La comunión con los vecinos se vio fortalecida en los momentos de cuarentena durante 2020. Con algunos, incluso, no se conocía antes de ella. Salir a la hora de los aplausos, ver que encontraba saludos del otro lado de la calle o en los balcones cercanos, fue generando una red afectiva que tienen tanta importancia como la muestra misma, confiesa Moscuzza. El espíritu colaborativo ha acompañado todo el desarrollo de este proyecto artístico que a priori puede disfrutarse hasta el 21 de abril, pero que la artista asegura que se va a extender y, quién sabe, quizá haya nacido una nueva —y distinta— sala de exposiciones al aire libre.

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La muestra es una selección de tres colecciones de Moscuzza, pintadas en diferentes momentos vitales. Una de ellas, denominada Rituales, es la que luce en los balcones de Esgrima 7 y habla un poco de los rituales cotidianos que tenemos, o que tiene su autora: regar las plantas, preparar el tupper para llevar a la oficina al día siguiente, charlar con los vecinos, ratos de lectura, espacios de silencio. “Diferentes rituales que, si bien todo el mundo piensa que los pinté en el confinamiento, en realidad no, los pinté antes”, aclara.

En Esgrima 5 son retratos mediante los cuales la artista busca romper con los binarismos de género. “El objetivo es que no se entienda muy bien, que se no pueda definir el género. Yo cuando las pinté salieron así las dos primeras, que no se entiende si es una mujer o un hombre. Entonces la serie se llama Persona”, explica. “Siempre hay una figura humana presente”, destaca respecto a las reproducciones que ha colgado en los balcones de Esgrima 4 y sobre la calle Espada.

Las últimas tienen que ver con el mar, y las ha colgado en los balcones que dan a la pescadería del barrio, “un punto de encuentro, un lugar que cobró mucha importancia en esos días de cuarentena”, asegura. Le quedan algunos por subir aún, son tres balcones que no tienen acceso interior y hay que colgarlas con una escalera por afuera. “Por el vértigo no me animo a subir tan alto en la escalera, si alguien sabe de escalada que me contacte por las redes y yo creo que en media hora lo hacemos”, solicita.

Moscuzza comenta que le gusta la idea de recuperar el espacio público. “Está bien que se plague de terrazas, pero también podría plagarse de unas plateas que dieran hacia un concierto, hacia una obra de teatro o hacia danzas, escénicas, lo que sea. Pero el espacio público ahora está claro que tenemos que recuperarlo porque es ahí donde podemos disfrutar de la cultura, ya que dentro está resultando muy complicado, que ya tenemos la experiencia de un año”.

“Me asomo al balcón y hay siempre gente haciendo fotos, me etiquetan en Instagram, todo el tiempo estoy teniendo un feedback de lo que le pasa a quien la ve”

La exposición está teniendo una buena acogida. “Me asomo al balcón y hay siempre gente haciendo fotos, me etiquetan en Instagram, todo el tiempo estoy teniendo un feedback de lo que le pasa a quien la ve. He conocido a nuevos vecinos que me dijeron si no quiero exponer en sus balcones o que me agradecieron por poner la casa bonita”, comenta sorprendida.

“Incluso hay gente que quiere comprar obra y a mí me viene genial porque quiero viajar este año a Buenos Aires. Es una maravilla lo que está pasando. Y me siento segura y siento que he llegado a un lugar y creo que puedo pasar al siguiente nivel, que quizá sea vender, desprenderme de las obras, que me cuesta un poco porque tengo mucho apego con ellas. Pues mira, otra nueva etapa que tiene que ver con el futuro”, ríe Moscuzza.

El futuro, por ahora, es incierto. Piensa en prorrogar, pero también en que sea un espacio donde puedan exponer otros artistas. Un par de vecinas ya han dado el ok a convertir sus balcones en un centro de exposiciones callejero, dependerá del resto de la vecindad.

“En esta calle, que es tan finita y está cerca del Rastro, en el centro, en Lavapies, un barrio tan particular donde confluye tanta diversidad, me encantaría que fuera una galería de arte y cuando yo desmonte lo mío, poder ofrecerle los balcones a otro artista por un tiempo para que exponga su obra con la misma idea, que sea con lonas. Y yo, con la mía, poder ir a otros barrios, a Vallecas, Carabanchel, a Barrio del Pilar, a Chamberí. Un barrio donde haya pasado más o menos lo mismo, donde haya algunos balcones juntitos que tenga entre las vecinas algún tipo de vínculo. Con esta idea, si quieren acoger mis obras, las llevo con muchísimo placer”, asegura.

Paula Moscuzzo ve en este tipo de iniciativas ciudadanas, al aire libre, una alternativa en los tiempos de Covid. “¿La única solución es reducir el aforo?”, pregunta. “Hay que pensar en cosas creativas e invitar a las administraciones a que piensen un poco más. Que se podrían destinar espacios a lugares de conciertos, ahora que viene la primavera el verano, para hacer actividades en la calle. Seguramente haya anfiteatros o centros deportivos que se transformen de noche. A este momento duro hay que darle una vuelta”, exhorta.

Asomamos al balcón y nos eternizan en una foto disparada desde abajo. Un grupo de turistas que baja por Espada se sorprende al levantar la mirada. Cortamos la grabación, que ha llegado gente a la muestra y hay que recibirla.