Entre las críticas que se dirigen contra las religiones, una permite elaborar reflexiones de interés.

Según esa crítica, la religión se explicaría desde factores psicológicos, sociales o de otro tipo, que llevarían a muchas personas a creer en Dios y a suponer que ese Dios es adorado correctamente en la propia religión.

Esa crítica tiene muchas ramificaciones y matices, pero ello no impide reconocer que se construye en la búsqueda de explicaciones más o menos racionales o científicas para describir el origen y la naturaleza propia de la fe religiosa.

Normalmente quienes elaboran este tipo de explicaciones dan un paso ulterior: afirman que las religiones no son verdaderas porque se explican simplemente como procesos humanos condicionados, según leyes sociológicas, o psicológicas, o económicas, o de otro tipo.

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Además, los críticos de la religión pueden elaborar otras reflexiones, por ejemplo, afirmar que Dios no existe, o que es incognoscible, o que en el tema religioso lo más correcto sería el escepticismo.

Algunos críticos, como por ejemplo en teorías como la marxista, llegan más lejos, al considerar las religiones como algo negativo, que aliena al ser humano y le impide avanzar hacia el progreso que llevaría a un mundo más justo y más perfecto.

Este tipo de críticas pueden ser respondidas de diversas maneras. Pero hay una crítica a las críticas contra las religiones que se produce, en cierto modo, cuando se aplica la misma crítica a los críticos.

Es decir, si alguien considera que la religión es un resultado de presiones sociales sobre las personas, se le puede responder que su misma crítica, su teoría contra las religiones, también sería el resultado de presiones sociales (o de otro tipo) sobre él mismo.

Desde luego, decir que una crítica tiene un origen social, o económico, o religioso, no significa que tal crítica sea inválida, o que no pueda tener elementos de verdad.

Pero lo anterior, si somos buenos observadores, también habría que aplicarlo a las religiones. Que las creencias religiosas de una persona se configuren a partir de aspectos sociales, o psicológicos, o de otro tipo, no nos exime de estudiar a fondo tales creencias en sí mismas para ver si son o no son verdaderas.

A pesar de las diversas teorías críticas que han intentado explicar las religiones a lo largo de los siglos, el fenómeno religioso sigue presente ante nuestros ojos. Millones de seres humanos creen en Dios, buscan la salvación, forman parte de un grupo religioso más o menos estructurado.

Ante este fenómeno, resulta plenamente legítimo, incluso necesario, formular aquellas preguntas que vayan al núcleo de la cuestión religiosa: ¿existe o no existe Dios? ¿Se ha manifestado de algún modo al género humano? ¿Hay alguna religión que muestre satisfactoriamente que sería la verdadera?

Son preguntas que no podemos dejar a un lado con críticas que suponen comprender el fenómeno religioso con análisis peor o mejor elaborados. Análisis que, de modo paradójico, podrían aplicarse a la misma crítica, pero que corren el riesgo de dejar a un lado las preguntas esenciales que hay que afrontar en un tema de tanta importancia.

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