Un diagnóstico de cáncer no es sinónimo de muerte. Los avances científicos de las últimas décadas han propiciado que cada vez más personas puedan recuperarse de la enfermedad y retomar su cotidianidad. Si a eso se le suma un esfuerzo por mantener el bienestar emocional, el organismo puede tener una ayuda adicional para enfrentar los tratamientos, según la experiencia de la hematóloga y oncóloga Anna Di Marco Serra.

Para la fundadora del Centro de Cáncer de la Mujer, en Ponce, mantener una salud emocional estable es el factor “más importante” para el paciente diagnosticado con esta enfermedad crónica.

Según apuntó Di Marco Serra, la fortaleza mental puede ser clave para superar la afección, mientras que su carencia podría provocar efectos secundarios, como el rechazo al tratamiento o el desarrollo de trastornos mentales.

La Sociedad Americana contra el Cáncer establece que un diagnóstico de cáncer puede provocar sentimientos de ansiedad, angustia y depresión como consecuencia del impacto de la enfermedad en las relaciones interpersonales del paciente.

De acuerdo con Di Marco Serra, estos desórdenes también se pueden desarrollar debido al tratamiento al que se está sometiendo una persona. Por eso, dijo, es importante que los pacientes tengan la información completa sobre el impacto que pueden tener los procesos para atacar el efecto del cáncer sobre su estado de ánimo y salud mental.

En el caso de las mujeres, las quimioterapias “suelen ‘apagar’ los ovarios, ocasionando un desbalance hormonal” porque no se produce la cantidad de estrógeno a la que el organismo estaba acostumbrado. Por su parte, los hombres, durante los tratamientos contra el cáncer de próstata, reciben inyecciones que pueden producir cambios abruptos en el estado de ánimo.

“Cuando tú tienes un nene chiquito, lo pones frente a un cuarto oscuro y le dices: ‘entra’, el niño no va a querer entrar porque no sabe lo que hay adentro. Pero, si tú, como médico, le prendes la luz a la persona que tiene cáncer y le enseñas: ‘mira; este es el cuarto’, la persona entra sin miedo”, precisó la especialista en salud femenina.

La psicóloga clínica Maily Rivera Maldonado coincidió, en entrevista por separado, en que la información es primordial para sobrellevar, entre otras cosas, los cambios físicos provocados por el tratamiento, el temor a no vivir una vida sexual plena, la preocupación por el impacto económico, el miedo al futuro y el sentido de culpabilidad por no haber acudido al médico con anterioridad.

“Cuando se trata a un paciente con cáncer, tal vez lo que se mira son los síntomas a nivel físico porque se busca que el paciente viva, se cure o mejore, y nos olvidamos de la parte emocional que tiene impacto a nivel biológico, psicológico y social”, manifestó.

No esperar a desarrollar trastornos como la ansiedad o la depresión para acudir a un consejero o psicólogo será la clave para evitar que estos sentimientos perjudiquen un tratamiento oncológico, apuntó Rivera Maldonado.

“La literatura dice que, cuando el paciente tiene apoyo a nivel emocional, el proceso de recuperación puede ser más rápido que al compararlo con el de una persona que no recibe ayuda”, sostuvo la también supervisora clínica en el Centro Comprensivo de Cáncer de la Universidad de Puerto Rico.

Mediante estas intervenciones —que deberían darse de forma integrada junto al resto del equipo médico—, la persona recibe herramientas de relajación, meditación, manejo de estrés y comunicación asertiva, así como estrategias para superar los ataques de pánico. “Les ayudamos a empoderarse de su proceso”, precisó la especialista.

De acuerdo con Rivera Maldonado, no se ha determinado, científicamente, la diferencia entre cómo las mujeres y los hombres atraviesan los diagnósticos de cáncer, aunque subrayó que, debido a los estigmas sociales, muchas féminas, que querrían ser madres, temen no poder quedar embarazadas tras el tratamiento, mientras que los segundos suelen reprimir sus sentimientos.

Estos asuntos pueden manejarse mejor o complejizarse, según la edad de los pacientes y de la etapa de desarrollo en la que se encuentre el cáncer.

Por otro lado, la psicóloga clínica indicó que, a pesar de que el apoyo de familiares y amigos es un factor determinante durante un tratamiento oncológico, estos también deberían recibir servicios de salud emocional, pues la labor que realiza es de gran esfuerzo mental y es desgastante.

“Los familiares deben aprender a disfrutar del día a día y de los pequeños detalles, y olvidarse un poco de qué va a pasar o si (el paciente) se va a curar”, recomendó Rivera Maldonado.

Si te sientes triste frecuentemente, mantienes sentimientos de desesperanza por largos períodos o esto le pasa a una persona que conoces, busca ayuda. Puedes llamar a la Línea PAS (Programa de Asistencia Social) al 1-800-981-0023.