Una renovación justa. El rendimiento de Sergio está siendo superlativo, con una incidencia evidente en todo lo bueno que le ha ocurrido al Real Madrid en la última década hasta hacerse un hueco entre los mejores centrales de la historia por prestaciones y palmarés. Su comportamiento como capitán y referente del vestuario no le va a la zaga en este tiempo. Ha sabido estar a las duras y a las maduras, entender lo que necesitaba el club en cada momento y no ponerse de perfil cuando se han pedido esfuerzos del primer equipo durante la pandemia. Llega el momento de la renovación y supongo que Sergio entendería que, en la actual coyuntura, fuese algo a la baja por la merma de ingresos, pero ni él ni nadie entenderían que no se le ofreciesen al menos dos años (1+1) en reciprocidad a los muchísimos méritos adquiridos. Su profesionalidad y su envidiable condición física, a sus 34 años, no deberían ser un impedimento para pensar que le queda aún mucho fútbol. Racanear con Sergio sería una mala idea y un mal mensaje. Nadie más que él se ha ganado que se haga una gran excepción.

Estigmatizando a Isco. Resulta una gran injusticia personalizar los problemas del Real Madrid en uno o dos futbolistas. Es imposible que un jugador de las características de Isco brille, cuando la confianza que siente es mínima, como demuestran las titularidades más que esporádicas o los minutos jugados en lo que va de temporada y cuando su acomodo en el sistema no es natural. Sus condiciones son las de un mediapunta clásico en un equipo que juega sin enganches. Para poder calibrar sus prestaciones habría que darle cinco partidos seguidos, algo que parece utópico en la actual mentalidad de Zidane. La responsabilidad del entrenador es finita. Si Isco quiere coger el último tren de su carrera y si no ha perdido su pasión por el fútbol, quizás deba empezar a pensar que este Madrid ya no es su lugar en el mundo.

La España que molesta. Para que el año pasado se acabasen las ligas nacionales y la Champions League, el fútbol de selecciones tuvo que dar un paso al lado, incluido el trasvase de la Eurocopa. El pacto consistía para este año en que a las ventanas internacionales se sumase un tercer partido amistoso. Algunos pensamos que el fútbol de selecciones, con todo lo que representa a nivel identitario, es la cúspide en la pirámide del fútbol. Conviene defenderlo ahora, porque cuando lleguen Eurocopas y Mundiales muchos de los que hoy lo vilipendian, lo convertirán en bandera. España, incluso si se habla de fútbol, nunca debería incordiar.