El derecho a la educación no es la simplificación gorila, higienista y positivista de los partidos burgueses que disputan ser TT y creer que tienen razón porque pagan pautas millonarias en los medios hegemónicos. Tampoco puede ser una aspiración abstracta.

Determinar la no presencialidad o no por decreto, sin poner un peso, no resuelve nada. Determinar la presencialidad por un fallo de algún juez amigo, tampoco es solución.

Mientras los muertos de esta pandemia los ponemos nosotros y nosotras, mientras ellos levantan banderas robadas. Walther, María Fernanda, Sebastián, Mario, Alejandra, Nancy, Hermes, Paula y no queremos que siga la lista, pero en estas condiciones así será.

¿La letra con sangre entra?

Acceder al elemental derecho a la educación no puede ser a costa de la salud y la vida del pueblo trabajador. Ese que vive y desvive no solo por sobrevivir, sino por acceder a la educación, la cultura y tiene derecho a las bellezas de la vida, esas que nos roban día a día.

Y estamos convencidos y convencidas que aprender, contar con herramientas para leer y comprender, planificar, criticar, construir, calcular, conocer la historia, no depende exclusivamente de las cuatro paredes de un aula. Nuestro derecho no puede ser solo a lo elemental, sino a todas las creaciones humanas.

El derecho a la educación no se resuelve vociferando en los medios mientras es larguísimo el historial de recortes presupuestarios, achiques, cierres, reformas antieducativas, persecución y ataques a educadores y educadoras.

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La hipocresía de los funcionarios apesta. Son ellos los que hacen todo lo posible para que sea imposible el aprendizaje. Sus políticas económicas, sociales y también pedagógicas son lo más antieducativo que hay.

¿Acaso pretender cerrar 29 institutos de formación docente en CABA, arrebatar la autonomía de los IES en Mendoza o cerrar directamente la formación docente en algunas provincias es a favor de la educación “y el futuro”? ¿No distribuir universalmente dispositivos electrónicos para la virtualidad? ¿Privilegiar las ganancias multimillonarias de las empresas de telecomunicaciones por sobre la educación de pibes y pibas que no acceden a internet? ¿Cerrar cursos, grados, turnos, escuelas es una medida favorable a la educación? ¿Cerrar las aulas ADEP? ¿Atacar la educación artística? ¿Hacerse el distraído frente al trabajo infantil? ¿Naturalizar que hay zonas donde las clases empiezan cuando termina la vendimia? ¿Sostener un Ítem que obliga a trabajadoras de la educación a ir enfermas a la escuela porque no alcanza el sueldo si hay descuentos?

Y ni hablar si abrimos una reflexión filosófica sobre la educación. ¿Dicen defender el futuro aquellos que imponen reformas curriculares que nos retrotraen a métodos del SXIX? Ni Sarmiento sentiría orgullo de ver desplegar los métodos de alfabetización con los que hacen negocios editoriales y “expertas” en Mendoza.

Parece que es negocio vociferar “educación” como eslogan para alguna futura campaña, no importa cual sea el currículum respecto de la política educativa. No importa si jamás pisaron una escuela pública.

«Y que se entienda bien: acceder y transitar en este sistema que garantiza, legaliza y naturaliza la desigualdad, es una odisea. Ante esto surge la pregunta: ¿quién fracasa?»

Una pelea por la educación y la vida de la clase trabajadora

Estamos convencidos y convencidas que hay mucho por hacer, y que la única manera de pensar en serio en la educación es generando lazos con la comunidad, con aquellos que no solo merecen el derecho al acceso, sino a aspirar que verdaderamente las prioridades sean otras.

Hoy la educación, como casi siempre, está atravesada por una crisis económica, social y sanitaria muy grave. ¿Qué sumas van a salir bien cuando todo es sacar y sacar? Obvio que dividir es una odisea, si lo que se multiplican son las broncas e incertidumbres. Calcular sobre billetes y monedas que vemos poco. Leer y escribir con qué, para qué…¿virtual o presencial? La historia se repiensa en el marco de un futuro que parece incierto. Pero también es posible calcular metros, centímetros o kilómetros de distancia a las aspiraciones que leudan en la organización que va surgiendo desde abajo.

Pero además, porque no podemos pensar solo en la parte y en nosotros y nosotras. En solidaridad con los agotados y agotadas trabajadoras de la salud, que vienen poniendo todo de sí, y también la vida, hay que privilegiar la salud y la vida. Una suspensión transitoria de la presencialidad, sin entrar en un debate hipócrita sobre el derecho a la educación por parte de quienes nunca la defendieron, también es a favor de la salud pública.

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La salud de pie en Neuquén, como un elefante. La docencia de la Ciudad de Buenos Aires, que no esperó fallos judiciales y tomó la posta. Trabajadores de distintas ramas que dicen “nuestras vidas importan”. Que se autoorganizan. Que debaten en asambleas.

Su hipocresía nos da más razones para seguir peleándola.