La caída de las ventas de coche en 2020 han sido significativas en nuestro país. En 2020 las ventas se redujeron en un 32,3 %. Hay multiples motivos, pero el principal ha sido la crisis del coronavirus, que hizo que hubiera un parón total en marzo y abril y que no llegó a recuperarse en los meses posteriores.

Sin embargo no es el único factor. El coche en propiedad cada vez es una opción menos interesante para mucha gente y muestra de ello es que en 2020 la opción de renting ganó peso en el mercado (tanto en matriculaciones, levemente, como en presencia en el mercado). De hecho en el sector particulares el renting se disparó un 27% en 2020 respecto a 2020.

Los problemas del vehículo en propiedad

Como ya hemos comentado en otra ocasión, uno de los problemas que tiene afrontar una inversión en propiedad es la incertidumbre de su valor futuro, debido a los cambios regulatorios. No se sabe con certeza si un coche de combustión va a tener restricciones y esto crea un impedimento de hacer planes con certeza en una inversión que normalmente es muy significativa.

Por otro lado los vehículos "limpios" son más caros, lo cual es un problema para acometer la inversión (aparte de la disponibilidad de los puntos de recarga). Esto hace que la demanda esté bajando, y de hecho lo estaba haciendo antes de la crisis del covid.

La crisis del covid tiene también un impacto importante. Por un lado tenemos un nivel de paro mucho más alto que hace un año, y también muchas personas en ERTE. En total hay un millón de personas afectadas y otros cientos de miles que ven su puesto de trabajo peligrar. Ante esta incertidumbre las inversiones grandes se recortan.

Pero la crisis del covid también tiene un impacto más estructural. Muchas empresas han decidido dejar que sus trabajadores no vayan tanto a la oficina. Y por tanto tener un vehículo en propiedad puede no ser tan conveniente (ir en transporte público un día a la semana quizá no es tanto problema como ir todos los días).

Renting y leasing

Ante estos cambios e incertidumbres existen otras posibilidades de tener un vehículo de forma permanente: el renting y el leasing. Son dos opciones parecidas pero muy distintas.

Por un lado el renting es un alquiler a largo plazo, con una duración fijada y que normalmente es de un coche nuevo. Se fija una cuota mensual, un número de kilómetros máximos y ahí está incluido todo (mantenimiento y seguro). Normalmente se hacen por 3 a 5 años.

En cambio el leasing es una compra financiada, por un mínimo de 2 años, que permite al final del periodo comprar el vehículo o devolverlo. No incluye el mantenimiento, ya que es una fórmula de financiación, pero da la flexibilidad de poder devolverlo como si fuera un renting o comprarlo a un precio fijado de antemano.

Ambas opciones dan flexibilidad en el sentido que permiten acceder a un vehículo eliminando las incertidumbres. Por ejemplo, si la normativa sobre emisiones y las posibles restricciones asusta, siempre se pueden usar estas opciones durante unos años para ver cómo evoluciona el tema. O si lo que se quiere es un vehículo eléctrico pero de momento están caros, es una forma de posponer el momento de la compra.

No vamos a profundizar en temas fiscales, pero para empresas y autónomos tener vehículos en estas fórmulas crean desgravaciones interesantes y es normalmente la forma elegida por las mismas (aunque un vehículo en propiedad, si es para largo plazo, también se puede amortizar).

Otras opciones de alquiler

Sin embargo aparte de estos modelos clásicos de tener un vehículo sin ser estrictamente el propietario existen otras posibilidades. Como hemos comentado, las nuevas rutinas quizá hagan que mucha gente solo necesite disponer de vehículo un día a la semana o unos pocos días al mes. Ahí se puede contar con las típicas empresas de alquiler u otras más modernas que lleven el vehículo diractemente al domicilio.

También se pueden optar, en estos casos, por opciones de renting pero más baratos, por ejemplo haciendo esta operación sobre vehículos de segunda mano.

No hay que descartar tampoco la posibilidad de usar taxis o VTCs si el uso del vehículo va a ser muy esporádico. Al final tener un vehículo es un coste importante, y por muy caro que pueda parecer usar este tipo de opciones quizá su coste compense en algunas circunstancias.

Y por supesto, en alguna ciudades, existe la posibilidad de usar servicios de car sharing, alquiler por minutos que se recogen directamente en la calle. Es cierto que esto no está disponible en todas partes pero es una opción muy conveniente para un uso esporádico.

¿Qué es más rentable?

Al final la rentabilidad de cada opción depende del uso que se le va a dar. Si no nos asusta la incertidumbre, somos de usar mucho el vehículo y nos dura 7-10 años, seguramente lo más barato sea un coche en propiedad (incluso con financiación, ya que los tipos están bastante bajos).

Pero en otras circunstancias hay que hacer números. Y si la incertidumbre nos parece muy grande basta con poner el valor residual del vehículo a cero (el caso peor) para ver qué puede ser más rentable al cabo de x años.

Tampoco es lo mismo vivir en el centro de una gran ciudad (con opciones de transporte público abundantes, y quizá de car sharing) que tener familia e hijos en una urbanización algo alejada, donde seguramente la mejor opción siga siendo el coche en propiedad (no parece que las restricciones de circulación de vehículos de combustión vayan a llegar ahí, al menos a corto-medio plazo).

Lo que está claro es que estas nuevas circunstancias hacen que el particular, que hasta hace tan solo unos años no se planteaba una opción que no fuera comprar el vehículo, ahora tiene una serie de opciones más variadas que se adaptan mejor a lo que necesita. Y por eso la propiedad, la opción clásica, pierde peso.