El veterano periodista Rubén Arrieta Vilá, quien durante una carrera de cuatro décadas en prensa escrita y radial combinó el fragor del periodismo diario con una intensa pasión por la historia y oral y escrita, falleció a los 85 años, informó el comunicador José F. Serra, amigo de su familia por muchos años.

Arrieta Vilá murió el pasado 28 de marzo, pero su deceso, que fue por causas naturales, no se conoció públicamente hasta este jueves.

Arrieta Vilá comenzó su carrera en el Departamento de Noticias de WIPR durante la década de los 60, luego de lo cual laboró en la agencia Prensa Asociada y El Nuevo Día, de donde se retiró a finales de los años 2000. Durante una carrera de más de 40 años, se distinguió por su seriedad, por la calidad de su prosa y por haber cubierto durante décadas a los más altos niveles del gobierno de Puerto Rico.

Pero más que por todo lo anterior, es recordado por su interés en la historia oral, la cual cultivó mediante incontables entrevistas a personas comunes y corrientes que le relataban en el lenguaje inigualable de los hombres y las mujeres de a pie historias del Puerto Rico de antaño que solía difundir en sus columnas en El Nuevo Día y en ‘Arriba la gente’, un programa radial que mantuvo por años en la estación WKAQ.

Su inagotable interés por lo que el escritor español Miguel de Unamuno llamaba la “intrahistoria”, es decir, la historia de la gente de todos los días que no se cuenta como gran evento ni en los periódicos ni en la academia, le dio incontables y exquisitos relatos que a su vez difundía en una prosa que, no por elegante y sofisticada, dejaba de ser atractiva para el público en general.

Rubén Arrieta Vilá se destacó en prensa escrita y radial. (LUIS RAMOS)

Este extracto de una columna sobre la tradición de la trova publicada el 3 de noviembre de 2007 en El Nuevo Día da muestra a la misma vez del detalle minucioso con que conocía la vida puertorriqueña de otros tiempos y de la gracia sin par de su prosa: pese a la anemia y el hambre que azotó en el comienzo del Siglo XX, tuvimos una generación ejemplar de genios, como fueron los trovadores que improvisaban. Entre ellos, viene a la memoria Plácido Figueroa, del Barrio Mariana de Naguabo. Fue hijo de la época en que, azada en mano, ’los seres de la tierra’ se divertían, improvisando décimas, mientras se pasaban las horas doblados sobre los surcos. No fueron a la escuela, pero versaban inspirados en la Biblia y en la poesía clásica.

Igual pericia exhibió en este artículo de noviembre del 2006, sobre uno de los últimos esclavos que se vieron por Puerto Rico: Nunca se escribió la reseña que perpetuara el recuerdo de José Rito, personaje querido de los palmares de Loíza. A Rito no le daban “importancia”, pese a que fue uno de los últimos que vino de esclavo a Puerto Rico. Sólo Mateo Pérez Sanjurjo recordaba a aquel ser “inteligente por naturaleza” que nació en África y su destino lo llevó a que le esclavizaran, cuando aún no había cumplido 14 años de edad”. Don Mateo le conoció siendo hombre libre, pero sumido en la mísera situación que confrontaba el obrero negro después de la abolición. Lo recordaba hablando el castellano como si arrastrase la lengua, porque sabrá Dios qué idioma aprendió en el seno materno en Costa de Marfil.

En el 2002, Arrieta publicó el libro ‘Desde todas las trincheras’, en el cual relataba la Guerra Hispanoamericana de 1898 desde diversos frentes.

“Don Rubén por muchos años tuvo su programa ‘Arriba la gente’ y realmente el nombre resume lo que como periodista siempre la apasionó: las historias humanas tan diversas de las personas a quien entrevistaba”, dijo Luis Alberto Ferré Rangel, exdirector de El Nuevo Día y de GFR Media. “Fue mi primer jefe cuando empezaba yo como periodista y siempre charlábamos sobre las ocurrencias y vivencias de todo tipo de personajes noticiosos. Fue un hombre muy culto”, agregó Ferré Rangel.

Periodistas que trabajaron junto a él en las lides noticiosas diarias lo recordaron como un hombre callado, pero afable, muy culto, buen compañero y sin miedo de meterse donde fuera haber para cubrir la noticia.

“Cubrimos juntos los disturbios de marzo de 1971 en la Universidad de Puerto Rico (UPR), en que murieron (la estudiante) Antonia Martínez, el cadete Jacinto Gutiérrez y el jefe de la Fuerza de Choque (Juan Birino Mercado). Rubén fue bien arrojado cubriendo ese evento para que el país estuviera informado”, recordó Serra, quien entonces era también reportero de Prensa Asociada.

Arrieta Vilá fue saludado por el exalcalde de Bayamón, Ramón Luis Rivera, padre, durante una charla sobre la invasión estadounidense a Puerto Rico que ofreció en el 1998. (XAVIER J. ARAUJO)

Ismael Torres, exjefe de la oficina en Puerto Rico de Prensa Asociada, dijo que Arrieta Vilá se distinguió por prestarle atención a temas que otros periodistas no atendían, como eran las historias de las personas que no estaban en los ámbitos públicos. “Entre una conferencia de prensa en un sitio con aire acondicionado y meterse a una barriada a entrevistar gente, prefería lo segundo”, dijo Torres, quien destacó que Arrieta Vilá “hizo aportaciones valiosísimas”.

José A. Delgado, actual corresponsal de El Nuevo Día en Washington, recordó que conoció a Arrieta Vilá cuando llegó él a mediados de los 80 a La Fortaleza para cubrir el gobierno de Rafael Hernández Colón como reportero de la Agencia EFE. “Para los que entonces comenzábamos en el periodismo, era un punto de referencia. Modesto y caballeroso”, dijo Delgado.

Laura Candelas, exreportera de Prensa Asociada y de Primera Hora, dijo que Arrieta Vilá era de naturaleza reservado, pero cuando entraba en confianza era “un gran conversador” y que le impresionó el conocimiento que tenía de música popular. “Lo recuerdo como con mucha cariño y respeto, como una persona buena”, dijo Candelas.

A Arrieta Vilá le sobreviven su esposa Amy Jaunarena, cuatro hijos y ocho nietos.