En Puerto Rico, como en el resto del mundo, los efectos de la crisis climática son evidentes. El embate de huracanes más destructivos, terremotos, inundaciones, sequías, altas temperaturas sin precedentes y la pandemia ponen de manifiesto lo que la comunidad científica lleva años advirtiendo: las consecuencias del cambio climático.

“Los principales problemas, que ya los estamos viviendo, son los aumentos en temperaturas, los cambios en precipitación o lluvia, esto incluye sequías o eventos de lluvias extremos; el aumento en el nivel del mar, incluyendo la erosión costera; el aumento de huracanes, tormentas severas y la acidificación del mar. Estas son las problemáticas en donde Puerto Rico se va a ver más afectado con el cambio climático”, aseguró Ruz Deliz Cruz, directora ejecutiva de la Organización Pro Ambiente Sustentable, Inc. (OPAS).

Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), “cada año se liberan en la atmósfera miles de millones de toneladas de CO2 (dióxido de carbono) como resultado de la producción de carbón, petróleo y gas. La actividad humana está produciendo emisiones de gases de efecto invernadero a niveles récords, sin visos de desaceleración”.

Los gases de efecto invernadero provocan el aumento de las temperaturas, que tiene como consecuencia el alza en el nivel del mar y el incremento en la intensidad de fenómenos atmosféricos, como lluvias, sequías y ciclones.

“Siempre hablamos de cómo se afecta el medioambiente, pero nos olvidamos de que nosotros también somos parte del medioambiente, y que esto afecta nuestra salud y nuestro bolsillo”, expresó Deliz Cruz.

Por consiguiente, estos cambios drásticos no solo tienen repercusiones en la naturaleza, sino que también profundizan la desigualdad social y la crisis económica que enfrenta el país.

A pesar de que la emergencia climática es una amenaza determinante para la paz y la seguridad, no afecta a todas las personas por igual. Las normas de género, la pobreza y las dinámicas de poder dan forma a cómo las mujeres y los hombres de diferentes orígenes, edades y razas experimentan la inseguridad de un clima cambiante.

“La justicia climática tiene que ser transversal. Estamos hablando de una realidad que está afectando la vida de las personas y no está afectando la vida de las personas que se están lucrando de este desastre ambiental. Las que se afectan son las personas que no tienen acceso al agua, a vivienda, las mujeres, mujeres negras y gente pobre”, enfatizó Gabriela Vélez Agosto, directora ejecutiva de Amigxs del M.A.R.

Esto responde a que las mujeres tienen más probabilidades de vivir en la pobreza que los hombres, tienen menos acceso a los derechos humanos básicos, como la capacidad de moverse libremente, y enfrentan una violencia sistemática que se intensifica durante momentos de inestabilidad.

Por esta razón, el acuerdo climático de París incluye disposiciones específicas para garantizar que las mujeres reciban apoyo para hacer frente a los peligros del cambio climático.

Vélez Agosto expresó que el Gobierno debe considerar la Declaración Ciudadana de Acción Climática, en la que personas, las comunidades y las organizaciones le exigen al Gobierno de Puerto Rico que atienda esta emergencia, tomando en cuenta 10 puntos mínimos para una gobernanza climática.

“Desde Amigxs del M.A.R., estamos unidos con el Observatorio de Acción Climática y estamos trabajando la ley de costas. Una de las cosas que se puede hacer desde lo gubernamental es aprobar el proyecto de ley de costa y moratoria de construcción”, añadió Vélez Agosto.

Por su parte, Deliz Cruz dijo que “para tomar decisiones futuras que sean las más recomendadas, solamente podemos hacerlo teniendo el conocimiento y educándonos sobre la problemática. La educación ambiental les va a proveer a nuestros jóvenes, que serán nuestros futuros adultos, la información necesaria para ellos poder actuar”.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco, en inglés), la educación ambiental tiene como objetivo impartir conciencia ambiental, conocimiento ecológico, actitudes y valores hacia la naturaleza para tomar un compromiso de acciones que tengan como fin el uso racional de los recursos y lograr un desarrollo adecuado y sostenible.

De igual forma, Deliz Cruz mencionó que en el programa de Eco-Schools se les brinda a los jóvenes las herramientas para que entiendan qué es lo que está pasando y qué es lo que se espera con la emergencia climática, para que así ellos conozcan cómo provocar cambios en el comportamiento para desacelerar la crisis.

De acuerdo con la página de internet de OPAS, el programa Eco-Schools comenzó en 1994, como uno de los cinco programas ambientales que maneja la Fundación para la Educación Ambiental (FEE). OPAS estableció el programa Eco-Schools en el 2006 y, desde ese entonces, ha logrado registrar a más de 50 escuelas del sistema educativo público y privado. Actualmente, 47 están inscritas.