La inesperada y dura derrota sufrida por el Madrid el martes ante el Khimki hizo saltar todas las alarmas. La clasificación entre los ocho primeros para poder optar al título de la Euroliga corría serio peligro. Para colmo, tocaba enfrentarse este jueves al poderoso Zenit de Xavi Pascual en el Sibur Arena de San Petersburgo, una cancha muy difícil de conquistar. Todo eran malos presagios, sumados a las ausencias de los lesionados Randolph, Llull y Rudy Fernández. Pero Pablo Laso, que por algo ha acumulado un tesoro de 20 títulos desde que ocupa el banquillo del Madrid, decidió hacer reaccionar a su desmoralizada tropa rescatándoles el orgullo que parecía perdido desde la dolorosa derrota contra el Barça en la final de Copa. Ante el Khimki muchos de sus hombres bajaron los brazos en el primer tiempo, algo imperdonable en la filosofía competitiva y ganadora de este equipo.

Por ello, Laso decidió reunir a todos sus jugadores tras la cena en el hotel de concentración de la preciosa ciudad rusa. Los metió en una sala habilitada para proyectar vídeos. La reunión empezó a las 21:15 horas. El tono era severo, pero didáctico a la vez. Lo que hizo el entrenador vitoriano es ir pasando la cinta entera del partido para analizar, jugada a jugada, los errores individuales y colectivos cometidos. La terapia fue intensa, tanto que la proyección no acabó hasta las doce y cuarto de la noche (¡tres horas sin descanso!). El objetivo se había conseguido al término de la maratoniana sesión de vídeo. Los jugadores se miraron al espejo con los errores cometidos, algunos con ese pecado de la indolencia que no se perdona en un vestuario. En la terapia todos asumieron errores y se propusieron cambiar hoy el chip. Ante el Zenit iban a jugar, como así fue, como si estuviese el título de la Euroliga en disputa. No hay excusas con las bajas por lesión. Este Madrid lo ha ganado todo estos años y se trataba de rescatar ese espíritu de combate. De hecho, arrancaron el partido como motos, poniéndose 14 arriba (15-29).

Pero el Zenit es un equipazo y le dieron la vuelta al marcador de forma peligrosa (58-52). Con la actitud del martes ante el Khimki, la derrota estaba asegurada. Pero ahí se notó la valía de la terapia videográfica de Laso. Los jugadores se animaron entre ellos, Tavares empezó a imponer su ley en las alturas, Taylor y Deck defendían como jabatos, Laprovittola dirigía con maestría, Carroll apuñalaba la canasta rusa y Thompkins y Causeur ponían la inteligencia y la templanza. Una combinación de voluntades que permitió en los últimos minutos ver de nuevo a ese Madrid de Laso que no hace tanto conquistó dos tronos de Europa a lo grande. Este es el camino. Tres horas de vídeo pueden resultar determinantes. Gracias, Pablo.