Las casas y la arquitectura tienen vida porque llevan el corazón de nuestra gente y de nuestra historia... No podemos seguir perdiendo en el abandono nuestra arquitectura que nos define como pueblo.

Esto queda evidenciado ante el fuego que terminó de destruir la deteriorada casa del arquitecto Henry Klumb.

El arquitecto Klumb transformó Puerto Rico a través de su arquitectura moderna-tropical en los años 50 a los 70, comenzando por su propia casa, monumento histórico desde 1997.

Aunque diseñó grandes obras para Puerto Rico, especialmente los principales edificios modernos de la Universidad de Puerto Rico, para su residencia prefirió la sencillez y la integración con la naturaleza, postulados siempre presentes en sus obras como discípulo del gran arquitecto Frank Lloyd Wright.

Tuve el privilegio de visitarla como estudiante y profesora de arquitectura. La documenté en mis cápsulas televisivas por WIPR y en la Enciclopedia de la Arquitectura de Puerto Rico que escribí. Era difícil retratarla; había que vivirla, sentir el “espíritu del lugar”.

Ubicada en Río Piedras, fue originalmente en el siglo 19 una casa de hacienda, luego un jardín. Klumb la adquirió en 1947 y en vez de añadir espacios eliminó todas sus paredes que le impedían integrarla con la naturaleza tropical.

En ese recinto único se nutría su genio creativo y el de grandes pensadores, políticos y profesores que allí se reunían en tertulias diseñando el futuro moderno de Puerto Rico que atrajo la mirada del mundo entero.

Tras el trágico accidente automovilístico en el que Klumb perdió su vida frente a los edificios El Monte, su casa tuvo también un final trágico tras un largo letargo de deterioro acentuado por el huracán María.

Este patrón de abandono se repite continuamente en nuestros pueblos. Todos tenemos que asumir la responsabilidad de proteger el patrimonio edificado que nos distingue culturalmente. La educación es fundamental.

Nos hemos acostumbrado a ver deterioradas nuestras antiguas edificaciones y centros urbanos, hasta que una noticia así nos despierta a la realidad de perder nuestra joya preciada: nuestra arquitectura histórica. Mientras despertamos y actuamos hoy la Casa Klumb es cenizas... ojalá no se repita.

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