El avance de la campaña de vacunación en la Unión Europea y la aprobación de nuevas vacunas hacen presagiar que el mundo se encuentra cada vez más cerca del final de la pandemia. Sin embargo, el incumplimiento de los contratos por parte de las farmacéuticas, con algunos retrasos en las entregas, está intentando ser aprovechado por traficantes de medicamentos en el mercado negro, tal y como informa ‘El País’.

La Oficina europea de lucha contra el fraude (OLAF) ha detectado intentos de venta por valor de 1.000 millones de dosis por el módico precio de 14.000 millones de euros. Algunos Gobiernos europeos, como el de la República Checa o el de Italia, han denunciado ante el organismo comunitario las llamadas de intermediarios para ofrecerles vacunas.

Los primeros avisos por parte de la OLAF tuvieron lugar el 15 de febrero. No obstante, desde entonces, “las ofertas de intermediarios han aumentado rápidamente”.

Modus operandi

Los intermediarios, según la OLAF, proceden de países ajenos a la Unión Europea. Los estafadores se ponen en contacto con los Gobiernos diciéndoles que llaman de parte de las compañías farmacéuticas y les piden un adelanto monetario para sellar el acuerdo por las vacunas antes de desaparecer.

Según algunos especialistas, como el investigador del International Institute for Strategic Studies, Stefano Betti, “es complicado conocer de quién se trata y tirar el hilo para encontrar a los culpables”.

Según las autoridades europeas, estos intentos de estafa no conllevan la producción de vacunas real, aunque ya ha habido varias incautaciones en varios puntos del mundo con vacunas falsas, como ha ocurrido en Sudáfrica y en China.

Material sanitario falsificado

La amenaza que supone para la vacunación la posibilidad de que algunas vacunas falsificadas se introduzcan en el mercado es inmensa. Porque, y aunque fueran reales, tal y como sugiere Betti, “¿quién asegura que los criterios de distribución sean los que deben ser?”

Por su parte, el otro ente que juega un papel fundamental son las propias compañías desarrolladoras de vacunas. No obstante, estas descartan haber mantenido contactos con nadie que no sean las autoridades públicas.

“Somos conscientes de que la evolución social hacia el comercio electrónico y el anonimato de Internet hace que las amenazas de fraude aumenten”, ha declarado un portavoz de Pfizer.

Con todo, las vacunas no son el único material sanitario que ha sido falsificado durante la pandemia, puesto que las mascarillas, los geles hidroalcohólicos y los test de diagnóstico también han sido objeto de adulteración. Tanto es así que la OLAF incautó durante la primera parte de la pandemia 40.000 millones de productos falsificados.

Según advierten las compañías sanitarias es difícil que un ciudadano medio sea capaz de distinguir si un equipo de protección individual es verdadero o no. Por ello, y en vistas de este auge de la venta de vacunas en el mercado negro, las autoridades policiales han pedido que los viales que ya han sido utilizados sean destruidos para evitar los intentos de venta de fármacos directamente a la ciudadanía, como ha ocurrido en Ucrania, donde se podían adquirir vacunas por 3.000 euros.