La gobernadora Carreras tuvo que comerse sus palabras del día lunes, cuando en el inicio de las sesiones legislativas provinciales, garantizaba que "las clases comienzan el 3 de marzo". Fuera de cálculo, luego de su discurso instruyó a su Ministerio de Educación en la negociación paritaria con Unter: el ofrecimiento de un 14% hasta octubre era demasiado poco para que el gremio aceptara sin que salte la bronca docente desde las bases. Un callejón sin salida para el gremio, quien durante toda la pandemia no realizó ni una sola medida de fuerza contra las pésimas condiciones de trabajo en pandemia. Lo cierto es que Unter llamó a paro por 48hs. Y Carreras enfureció.

Acostumbrada a la enorme tregua sindical durante pandemia, con pactos sindicales como el reivindicado públicamente con Aguiar de ATE, la gobernadora no supo o no quiso leer el panorama. Recordemos que antes del llamado al inicio de las clases hubo dos hechos sintomáticos: el vice-ministro de educación, luego de un viaje por la provincia para controlar las condiciones edilicias, terminó renunciando al cargo sin explicaciones.

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El otro hecho, propio de una casta parasitaria: la habilitación de un aumento del 40% en las dietas de todos los funcionarios, algo que había sido "congelado" meses atrás por el carácter totalmente impopular, mientras miles se quedaban sin trabajo y con dificultades de cobrar una IFE miserable.

Es decir, Carreras quiso tapas las pésimas condiciones de las escuelas que, con el inicio de la participación docente en la discusión de protocolos, comenzó a dar muestras de los graves problemas edilicios, de condicionamiento general y también de miseria salarial de la planta docente. La gobernadora solo atinó a atacar la huelga, queriendo poner padres contra docentes: “rompen las expectativas de alumnos, alumnas y sus familias, de poder tener un regreso a las aulas luego de un año sin presencialidad”.

Pero Carreras fue más allá, también planteó que los docentes de Río Negro son de los “mejores pagos del país” y salió a mostrar las supuestas cuentas de lo que percibe un docente por un cargo, con el 100% por ciento de antigüedad; o sea lo que cobra una ínfima minoría docente a buena honra por la enorme cantidad de años de estar frente a las aulas. Lo dice una gobernadora que cobra arriba de los 300 mil por mes, le alquilan una mansión y vive de arriba todo su mandato. Y lo mismo cuenta para toda la casta gubernamental.

La realidad es que los docentes van al paro por presión de las bases hacia la cúpula de Unter, y que muchas de las familias que tendrían “expectativas en el regreso a clases” podrían ser médicas, enfermeros, familias que sufren la falta de vivienda o inclusive estatales: es decir un amplio abanico de la propia clase trabajadora que desde inicios de 2020 dio sobradas muestras de disposición de lucha contra la triple crisis sanitaria, económica y social.

Los ataques verbales de la gobernadora son de manual: ya los había hecho contra el personal hospitalario. Está por verse cómo se desarrolla la discusión entre la gobernadora y Unter Central, pero una cosa es cierta: las clases no empiezan el 3 de marzo como aseveraba la gobernadora. Y eso es parte de una realidad que está discutiendo un actor central de la clase trabajadora y el pueblo pobre de la provincia: las y los docentes junto a la comunidad educativa.