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Héctor Noas: Don para la metamorfosis

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Obra El público de Federico García Lorca. Foto: Tomada del perfil de Facebook del entrevistado.

Preparaaados !!! Acción !!!....dice la voz del director y al instante desarticula, como un halo, el mutismo de actrices y actores listos para renunciar a sí mismos y entregarse al “otro yo”, como por arte de magia.

Ese giro del mundo real a la ficción exige desdoblamientos, rupturas, desgarramientos, sin embargo para muchos es además una especie de juego donde a voluntad se entregan a las exigencias de un Director, un guión, un personaje.

Casi cuarenta años de carrera y Héctor Noas, uno de los actores más camaleónicos de la pantalla cubana, siente que “en esta profesión uno siempre es una especie de estudiante que necesita nutrirse de todo lo que te rodea y de los actores que están a tu lado”.

Noas es de esos actores que nunca se repite, cuando irrumpe en escena su metamorfosis provoca que él desaparezca. No logras verlo, sólo el rostro, la voz y la actitud del personaje.

Justo ahora, en tiempos en que la vida pareciera detenerse por una crisis epidémica que ha conmovido al mundo, y con casi cuatro décadas en la profesión, Noas vive una experiencia única, ha recibido 7 premios internacionales como Mejor actor en el multipremiado filme “Mambo Man” de los realizadores Edesio Alejandro y Mo fini.

- Best Actor in a Leading Role en el MLC Award, USA
- Best Actor in Prague Internacional Montly Film Festival. República Checa
- Best Actor in a Feature Film en South Film and Arts Academy Festival, Chile.
- Best Actor in Chicago Indie Film Awards, USA.
- Best Actor in Hollywood Gold Award Film, Los Angeles CA
- Best Actor en el Silk Road Film Award en Cannes, Francia.
- Rome Internacional Movie Awards como Mejor Elenco.

“Realmente, ha sido una sorpresa. Una muy agradable sorpresa que no esperaba”. Me dice Noas con la más cordial sencillez.

Entonces se retoman las razones para el diálogo tantas veces proyectado con el fin de hallar detrás del reconocido actor, al hombre real , al ser humano infinito que impregna a sus personajes de tanta fuerza, como quien comparte una tarde de café con diáfana sencillez, como el más cercano de los amigos. Y porque en estas conmemoraciones por la cultura cubana, es un lujo conversar unos minutos con este cubanazo auténtico.

—Héctor, en otras entrevistas has reconocido tu vocación por la actuación. ¿Herencia? ¿O simple vocación natural? ¿Eras de esos niños que se inventaban personajes para jugar?

—En mi familia siempre tenían la tendencia de reunirse y hacer fiestas los fines de semana. Por lo general nos reuníamos en casa de familiares en el campo o en la Playa. Aquello siempre llevaba a sacar un ¨tres¨, e improvisar controversias. Mi abuelo era poeta, repentista. Un alma noble y generosa que disfrutaba de esos encuentros donde la música y el baile, no faltaban.

“Quizás ese ambiente de música, poesía y cuentos, influyó en que me gustara la actuación. Era un fiel seguidor de los espacios dramatizados: Aventuras, Teatros, Novelas, películas, etc. Mi principal entretenimiento era confeccionar armaduras, disfraces, armas, objetos que intentaban ser una réplica de lo que veía en el espacio ¨Aventuras¨. No me gustaba inventar personajes, ni jugar solo. El placer estaba en hacerlo con otros amigos y sí creábamos escenas, improvisando o adelantándonos a lo que habíamos visto en el capítulo anterior”.

—¿Cómo era el niño Héctor?

—Es difícil hacer un análisis de cómo era uno en la niñez. Creo que había en mí una mezcla de nostalgia por ausencias impuestas. Fui niño que disfrutaba compartir con otros lo que tenía, con mucho sentido de la responsabilidad, que a día de hoy siento como no normal. A una edad en que debería estar jugando y dedicado a los estudios, ya asumía responsabilidades en la colaboración para ayudar a la familia. Eso me ayudó a formar una faceta de mi personalidad que me impide no asumir las responsabilidades, aunque algunas de ellas impliquen renunciamientos al disfrute de otras facetas.

—En el mundo profesional son frecuentes los patrones, son como un gurú o guía que nos sirve de norte, para el desarrollo de nuestra carrera, cual ha sido el tuyo?

—Creo que mi principal ¨patrón¨ fueron los valores inculcados en mi familia. Esa ha sido la guía que me ha acompañado en todas las etapas de mi vida. Claro que cuando descubrí mi vocación, empecé a fijarme en el trabajo de actores que fueron cruciales por su forma de hacer los personajes. Luego, mi primer Maestro de actuación, fue un guía espiritual importante. Fue quien más creyó en mí y mi mayor crítico en la formación. Estoy hablando de Enrique Pineda Barnet, quien hoy en día es mi padre adquirido en la vida, a pesar de que tengo a mi padre biológico a quien adoro y respeto.

Junto a la actriz Yeny Soria, promocionando en Mediodía en TV la obra de teatro "Persona, Lugares y Cosas" de Duncan Mc Millan. Foto: Tomada del perfil de Facebook del entrevistado.

—¿Tu formación como actor a quién se la debes? ¿Quién es Enrique Pineda Barnet para ti?

—Se la debo a esos dos maestros iniciales: Enrique Pineda Barnet y María Elena Ortega. Luego aprendí y sigo aprendiendo de los directores con los que trabajo. Cada uno aporta experiencias, formas de afrontar el trabajo, niveles de comunicación, etc. El proceso de formación y aprendizaje es eterno. El día que piense o sienta que no tengo nada que aprender o mejorar, estaré acabado como actor.

—Cómo lo conociste, cómo ha sido tu relación profesional y personal con él?
—Enrique Pineda Barnet lo conocí en esa filmación de Cecilia que ya comenté. En las conversaciones mientras esperábamos los montajes de los planos, me habló del Curso de Actuación que empezaría una vez que concluyen los rodajes. Por supuesto, fui y eso me abrió un universo y asentó la vocación que desde niño tenía muy arraigada. Bajo su dirección hice mi primer largometraje de ficción ¨Tiempo de Amar¨. Luego una pequeña participación en ¨La Bella del Alhambra¨. Pasaron muchos años y realicé con él uno de los trabajos de los que más orgulloso me siento y que marcó un antes y un después para mí, como actor. Se trata del cortometraje ¨First¨. Después en ¨La Anunciación y en ¨Verde Verde¨. Enrique comenzó siendo mi Maestro, luego mi familia, posteriormente ha sido mi padre y ya más recientemente y por esas leyes de la vida, se ha ido convirtiendo en mi hijo.

—Además, ¿has tenido algún colega o ícono dentro o fuera de fronteras que inspire tu trabajo ?

—Tuve varias inspiraciones, que iban variando según pasaban los años o descubría a otros que también me provocaban admiración. Así están un grupo de actores nacionales como José Antonio Rodríguez, Vicente Revuelta, Aramís Delgado, Reinaldo Miravalles, Mario Balmaseda, Alejandro Lugo y algunos más. Entre los extranjeros, hay muchísimos.

—¿Cuánto tiempo hace que diste tu primer paso en este mundo de la actuación? ¿Recuerdas cómo fue?
—Hay tres etapas. Una primera que empieza en la niñez con esos juegos inocentes y que se amplía a mi participación en los actos matutinos de la escuela, en grupos de teatros para niños o en el Grupo de Aficionados de la Academia Naval, donde estudié y me gradué como Piloto de Altura de la Marina Mercante. Una segunda, que marca mi decisión de ser actor y comienzo a estudiar en el Taller de Actuación del ICAIC, con Enrique Pineda Barnet, que incluye mis dos o tres trabajos como figurante. Posteriormente la entrada en el Instituto Superior de Artes, algo verdaderamente importante en mi formación. Tuve una excelente maestra que marcó muchas cosas con sus enseñanzas, no sólo profesionales sino como ser humano: María Elena Ortega.

—Es curioso que tu extensa y prolífera carrera actoral de treinta y siete años ya, la iniciaras como extra en el cine, en el filme Cecilia de Humberto Solás en 1982. ¿Cuéntame cómo fue?

—Estaba esperando enrolarme en un barco Mercante mientras había un problema de capacidades en la Empresa de Navegación Mambisa. Nos pagaban el salario íntegramente todos los meses, por lo que mi situación económica estaba bastante bien. Empecé a disfrutar de la Habana Nocturna, que en esos años era una delicia. Sucede que comencé a sentir que no estaba satisfecho con mi vida y lo que estaba haciendo. Había una especie de desmotivación, de un vacío existencial porque mi carrera no era lo que yo pensaba. Más bien, no era mi vocación.

“Un día, un diseñador amigo (Santos Toledo) me dijo que estaban buscando jóvenes con mis características físicas, para que sirvieran de extras o figurantes en la película Cecilia. Mientras hacía una prueba de vestuario para la película ¨Leyenda¨ de Rogelio París. En una escena que no logró filmarse, me encontré en Cubanacán con Iván Giroud, quien era amigo mío del Gimnasio del Parque Martí y él me presentó a Lourdes de los Santos. Ella era la Asistente de Dirección de Cecilia que se encargaba de los actores y figurantes. Esa misma noche comencé a participar en la filmación que ocurría en el Palacio de los Capitanes Generales de la Habana, en la escena de la Fiesta de la Filarmónica”.

—Conociste a Solás en Cecilia. Háblame como fue para ti, en tus inicios, conocer Humberto Solás

—Humberto era un Director muy meticuloso. Yo admiraba sus películas ¨Manuela¨ y ¨Lucía¨. Estar en esas filmaciones me descubrió el mundo del cine en primera persona. Todo me parecía mágico. No sentía agotamiento por las larguísimas jornadas de trabajo. El trato de todo el equipo era excelente. Humberto, a pesar de ser un gran director, se comportaba de manera muy cercana con todos. Cuando terminamos esas filmaciones, que duraron casi un mes, pensé que había concluido todo y regresé a mi rutina diaria. Pocos días después, la amiga donde yo vivía en la Habana me dijo, muy emocionada, que habían ido a la casa ¨el director de tu película¨ y un asistente para hablar conmigo. Resulta que se iba a filmar la escena de la Tertulia de Isabel Ilincheta.

“Para esta escena se habían convocado a intelectuales reales cubanos. Estarían allí, Eliseo Diego, Pablo Armando Fernández, Miguel Barnet, Enrique Pineda Barnet, más dos o tres actores y se necesitaban a tres figurantes. Ellos dijeron que mi actitud durante el rodaje y mi seriedad les había llamado la atención, porque me pedían que fuera uno de eso tres figurantes. Fue un privilegio estar allí rodeado y conversando con personalidades a quienes admiraba por su obra”.

—De Cecilia a Mambo Man, ya se cuentan más de 25 filmes en tu trayectoria, muchos premios han llegado. Recientemente has recibido varios premios internacionales como actor en el filme cubano Mambo Man, de Edesio Alejandro y Mo Fini. ¿Es primera vez que sucede esto en tu carrera?

—No he visto la película terminada y quiero ver qué han encontrado tantos Festivales Internacionales en una película modesta, sin pretensiones, que rodamos con muchas dificultades, pero eso forma parte de la magia del Cine. Hasta ahora, llevo siete Premios como Mejor Actor por este film.

—Este personaje en Mambo Man, ¿crees que ha sido tu personaje más trabajado o trabajoso? ¿A qué le atribuyes esa cantidad de reconocimientos?

—En ningún caso ha sido un personaje de los que más trabajo me haya dado. Todo lo contrario. De hecho empecé a estudiar el guión mientras volaba a Santiago de Cuba para comenzar el rodaje. Sí tenía cosas muy claras a partir de las conversaciones con Edesio y sobre todo, el haber conocido al personaje original, en el que se inspiraba la anécdota de la película. Es de esos personajes que uno asume como un juego. Te pones en el contexto, entiendes sus conflictos, sus objetivos y confías en los que están a tu lado”.

—Es muy difícil escoger cuándo se ha trabajado tanto, sin embargo a veces tenemos preferencias, ¿hay algún actor o actriz con el que te sientas particularmente cómodo o muy a gusto?

Junto al actor Patricio Wood. Foto: Tomada del perfil de Facebook del entrevistado.

—Han sido varias y en diferentes países. Creo que de alguna forma se deja traslucir en las obras y ahí están. Algunas y algunos terminan teniendo una relación familiar y tenemos vínculos intensos que superan las distancias físicas o el tiempo.

En tus desempeños actorales has demostrado amplio registro de posibilidades interpretativas, versatilidad que ha oscilado desde un humilde padre provinciano, como el del filme “Conducta”, hasta el cosmonauta Serguei del filme “Sergio y Serguei”, ambos de Ernesto Daranas. Aquí se imponen dos preguntas: - Daranas en tu carrera, ¿qué ha significado?

—Ernesto Daranas fue un regalo que llegó de la mano de Charlie Medina cuando me propuso hacer ¨El Hombre de Venus¨. Desde el primer día hubo una conexión humana y artística intensa. Luego me llamó para hacer su Ópera Prima en Televisión ¨La Vida en Rosa¨ y posteriormente confió en mí para el personaje de Rosendo en ¨Los Dioses Rotos¨. Ese es uno de los personajes míos, que más ha quedado en la memoria popular.

“A él le agradezco y reconozco que es un mérito suyo importante, el que confíe en que el actor es alguien que se transforma en cada personaje. En los cuatro personajes que he hecho con él, quizás otro director no se hubiera arriesgado. Por lo general, juegan al seguro. Ya te ofrecen personajes que saben vas a hacer. En el caso de Daranas, no ha sido así y eso es un mérito. Él te ofrece retos y para mí, un reto es lo que más me seduce”.

—Y cómo ves a la altura de tu madurez como actor a aquel polaco que te marcó tanto, y luego el Serguei? - Porque de todos los personajes siempre hay uno que se queda en la memoria colectiva, al punto que algunos todavía preguntan si eres cubano, por aquel personaje del polaco.

Siempre he dicho que de no ser por el personaje de El Polaco, que hice bajo la dirección de Eduardo Moya, y a quien tengo que agradecerle infinitamente por esa oportunidad, mi carrera quizás hubiera tenido otro recorrido. Ya sabemos que una puerta te va abriendo otras e indudablemente, haber hecho ese trabajo y con esos resultados, me colocó en el imaginario colectivo. Incluso directores que no habían reparado en mí, comenzaron a llamarme.

—Entonces, ¿hacer el Polaco te sirvió para el de Serguei?

—Lo que sucede es que el hecho de haber realizado ese personaje, puede suponer que Serguei sería fácil. Nada más alejado de la realidad. Lo único que tenían en común es que ambos eran ¨eslavos¨, pero así como en el Polaco, pude crear un acento, que al no haber referencias de éste, se hizo por demás, creíble, con Serguei tenía que asumir hablar el idioma a la perfección y que un público no cubano creyera en esa caracterización. Serguei sí ha sido mi trabajo más fuerte como actor. El mayor reto asumido hasta ahora.

—¿De todos los personajes asumidos en tu prolífera trayectoria, tienes alguno preferido? ¿Cuál y Por qué?

Primer trabajo teatral con Carlos Díaz. La obra El púbilico de Federico García Lorca fue estrenada el 8 de mayo de 1994. Foto: Tomada del perfil de Facebook del entrevistado.

—Los personajes que hacemos, son nuestros hijos y como tal los queremos por igual. Lo que pasa es que, hijos al fin, algunos te dan más satisfacciones que otros y a veces en el que más inviertes energía no es el mejor recibido.

—Tienes algún método personal o recurso para la memoria, para el aprendizaje de los textos o guiones?

—Normalmente no me estudio los textos tratando de memorizarlos mecánicamente. Primero estudio bien los objetivos, las acciones internas, las motivaciones que tiene en cada segundo. La lógica de la conversación es lo más eficaz junto con la cadena de acciones físicas que vas logrando en los ensayos. Cada medio tiene sus recursos, pues no es lo mismo hacer un personaje en el teatro, donde los ensayos te permiten ir creando ese universo, que en el cine o la televisión, a donde debes llegar con procesos adelantados.

—Has podido ser también actor de teatro. Háblame un poco de tu vida teatral. ¿Qué es para ti el teatro? Has tenido experiencias en obras tan difíciles como las de Chejov, Stephen King, Lorca.

—Yo amo el trabajo en el teatro y he sido un actor afortunado en lo que he podido hacer en ese medio. Por mis compromisos en series de televisión o el cine, no he podido estar en algunos proyectos en los que deseaba estar. El teatro es ese laboratorio al cual regreso como si empezara de cero, claro, con herramientas cada vez más eficaces, porque la experiencia cuenta mucho en esta profesión. Soy muy disciplinado. En el teatro he trabajado con los directores que más admiro y eso es un regalo. Muchas veces he tenido que asumir un trabajo en teatro con muy poco tiempo de preparación. A veces con sólo días de anticipación. Eso sólo puedes hacerlo si confías plenamente en el director.

—Se ha comentado por muchos las diferencias y posibilidades expresivas del teatro respecto a otros medios. Porque también te hemos visto en TV y has hecho radio. ¿En cuál te sientes más tú? Para ti cuáles son las diferencias en cuanto a los requerimientos de cada medio.

—Cada medio tiene sus características y cada uno te exige cosas particulares. Yo me enamoro de los personajes, no del medio donde lo haré. Lo demás es acomodarlo al medio en el cual lo harás. El teatro te exige una dimensión vocal o gestual que sería imposible en el cine o la televisión, donde la naturalidad debe prevalecer. Pero cuando hablo de naturalidad, no me refiero a una cotidianidad tonta. El arte es un reflejo de la realidad y esta debe reflejarse de manera creativa e interesante. Lo otro es puro aburrimiento de la cotidianidad.

—Te hemos visto en eventos como presentador también. Pero también has dirigido en Teatro “La espera” en 1985. Son otras vertientes tuyas?

—No fue específicamente algo que dirigí en Teatro. Fue el trabajo de una escena. Lo de presentador ha sido uno de los retos a los que me expongo. Es una labor que respeto mucho pues requiere de recursos propios. Cuando me lo piden, me pongo muy nervioso. Quiero tener el control de todo lo que pueda pasar, pero un espectáculo es algo vivo. No es como una filmación. Ese temor a hacer el ridículo, es un reto que me hace tratar de vencerlo o suplirlo con la mayor elegancia. No es lo mismo presentar un evento musical que la entrega de un Premio importante. Para todo hay que prepararse como si fuera un personaje.

—Debe ser que tu voz tiene matices que se aprecian para la locución, para documentales también, ¿has probado a cantar? ¿Te gustaría probarte en el género musical?

—Cuando niño, una de las cosas que más disfrutaba era cantar. De hecho, me gusta mucho. En el Instituto Superior de Arte (ISA) di clases de canto y siempre saqué la nota máxima. Los maestros decían que podía dedicarme a ello. Yo no lo creo. Ese es el reto que quiero asumir próximamente y espero lo podamos llegar a buen puerto. No puedo dar más detalles en este momento.

—Cuba no ha sido sólo la única en disfrutar de tu trabajo. Has tenido experiencias en otros países. España, por ejemplo. Cómo han sido esas vivencias, para el acento, la adaptación a los estilos de trabajo. Las exigencias.

—En España he tenido oportunidades que agradezco mucho. Es un sitio donde se trabaja con una consciencia de que el tiempo importa mucho, por lo tanto tienes que estar muy preparado porque no hay tiempo para que te enseñen nada. Eso para mí, no ha sido un problema. Al poco tiempo de llegar a España me ofrecieron un protagónico en la Televisión Española en una serie diaria que se llamó ¨Calle Nueva¨. Los guiones los entregaban a veces, tres o cuatro días antes. El rodaje era intenso. Mi personaje, una maravilla. Fue un reto que disfruté como pocas veces antes. Allí los problemas de producción no son problemas, porque tienen una infraestructura muy bien organizada. Con respecto al acento, no siempre me lo han exigido, aunque he hecho de mexicano, colombiano, ruso, cubano y hasta español.

“Siempre dije que con respecto al acento, en España tienen una especie de prejuicio. Exigen a los actores que hablen el castellano como si fueran de Salamanca, cuando realmente, ese es un país completamente multicultural. En la calle estás oyendo acentos de todos los sitios, pero luego en la televisión tienes que hablar con un ¨acento neutro¨. Soy consciente de que perdí personajes por negarme a tener que cambiar mi acento constantemente”.

Durante el rodaje de Inocencia. Foto: Tomada del perfil de Facebook del entrevistado.

—¿Qué es lo que prefieres de los personajes que aceptas? ¿Aceptas fácilmente las propuestas o tienes en cuenta algún rigor o exigencia?

—Ya lo que me mueve es el desafío de hacer algo interesante. También trabajar con algunos directores que admiro.

—Hemos coincidido en eventos de cine, y las muestras de cariño evidencian la aceptación del público por tu trabajo, ¿crees en la fama? ¿Cómo manejas ser tan conocido, o querido, te consideras popular o famoso?

—No me considero un actor popular o famoso. Es cierto que recibo muestras de amor, respeto y felicitaciones en cualquier sitio al que voy, pero eso es una señal de que mi trabajo gusta y que despierto simpatías. Por eso valoro mucho cuando alguien me para en la calle y me pide una foto, o un abrazo. Eso tiene un valor inmenso!

—De tus preferencias, Héctor: la música, la lectura, el mar, otra… ¿Qué es lo que te gusta más?

Sin lugar a dudas, todo parte y me lleva a la Música. La música me hace ver la misma realidad de otra forma. Es un refugio y una inspiración. Cuando leo, siento la música de la realidad que voy creando con la lectura y el Mar, tiene su propia música…que es maravillosa!

—¿Cómo eres en tus ratos a solas contigo mismo? ¿Qué prefieres en tus momentos de descanso?

—Medito mucho. Reflexiono, busco soluciones. Trato de analizar el mundo desde otras perspectivas y a veces converso mentalmente con personas que no tengo al lado. En mis momentos de descanso, que cada vez son menos, trato de actualizarme con todo lo que me puede aportar sabiduría.

—Hay una pregunta muy reiterada a veces pero me gustaría saber, ¿tienes algún sueño por cumplir todavía, algún personaje al que siempre has aspirado y que no ha llegado todavía?

Sí, claro que tengo sueños. Muchísimos! Me gustaría sentir que la ficción nacional en los medios, recuperara el lugar que tuvo años atrás, que diéramos un salto de calidad. Es que tenemos talento suficiente y muchas referencias importantes como para enriquecernos en ese sentido.

—¿Qué piensas de la docencia, te gustaría impartir clases de actuación?

Noas se ha consagrado a la actuación. Foto:Tomada del perfil de Facebook del entrevistado.

—La docencia es importante porque, si es buena, te prepara para el futuro y te da las armas elementales para luego crear las tuyas propias que son las que no te abandonarán. Impartir clases es una responsabilidad inmensa. No sé si estaría preparado para eso. La docencia es una especialidad y requiere de un don aparte.

—Es un tiempo particularmente difícil el que estamos viviendo. Complejo en muchos sentidos, porque manejar las ansiedades cuesta mucho sobre todo a quienes, como tú, están adaptados a una vida muy activa. ¿Cómo valoras esta vivencia, cómo la ves? ¿Qué has aprendido de este tiempo de confinamiento, tal vez te aporte algo para algún personaje? ¿Qué crees?

Está siendo un tiempo particularmente difícil para todos y en todos los países. Yo siempre he tratado de aprovechar las etapas difíciles para crear bases para el futuro. Ya tengo la experiencia del Período Especial que es lo más duro que hemos tenido y hay cosas que no me toman por sorpresa. Tampoco puedo decir que he sufrido ¨el confinamiento¨ como sí lo han sufrido muchos colegas y amigos en España, por poner un ejemplo.

“Aquí, lo más difícil ha sido el tema de los abastecimientos, pero eso es un tema aparte. He tratado, en este tiempo, hacer las cosas que tenía pendientes y que por el trabajo, los viajes y los compromisos, uno va dejando y dejando. El otro día leí un artículo sobre la ¨serendipia¨ que no es más que la buena suerte inesperada que resulta de momentos no planificados, en los que las decisiones proactivas conducen a resultados positivos. De alguna forma, eso siempre lo he aplicado en vida”.

Héctor Noas, versátil actor cubano. Foto: Tomada del perfil de Facebook del entrevistado.

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