Estoy pensando en invitar a cenar a Halle Berry al Urusawa de Beverly Hills. Dicha por mí, esta frase tiene el mismo valor que un cero pelotero. Para empezar no sabría como contactarla. Además, ella no aceptaría y con toda probabilidad llamaría a la policía para denunciar a un loco que insiste tozudamente en llevarla al restaurante a comer el mejor pez crudo del mundo.

Lo de los precandidatos del Barça es más o menos lo mismo. Solo que en un lugar de Halle Berry hablamos de la presidencia del club. Son un listado interminable de señores que dicen estar dispuestos a darlo todo y perfectamente preparados para dirigir el club, aun sabiendo que no tienen ninguna posibilidad ni tan siquiera de intentarlo. El precandidato es, con excepciones, el niño que dice querer ser astronauta cuando le preguntan los mayores pero que ya suspende las matemáticas en primero de secundaria.

Fantasear es gratis

Que el Barça tenga ahora mismo más precandidatos que socios es fácil de explicar. Basta entender que fantasear es gratis, a la par que muy gratificante. Detrás de cada precandidatura siempre hay un sueño particular. A uno le hace ilusión dar ni que sea una rueda de prensa en la vida para poder guardar los recortes de la noticia al día siguiente, igual que otro quiere que su padre se sienta por fin orgulloso de él. Estas serían motivaciones románticas que conviven con otras de carácter más prosaico, como considerar que la precandidatura es el único modo de ganar un poquitín de protagonismo para que, con un poco de suerte, un candidato de verdad te acabe invitando a su mesa.

Laporta es el cisne negro que se ha cruzado en la trayectoria de Font, que lo tenía todo de cara hasta que apareció Jan

Dejando a los niños astronauta a un lado, todo apunta que el duelo en la cumbre cuando llegue el momento van a protagonizarlo Víctor Font Joan Laporta. Fracasados todos los intentos de los mediadores para que uno hiciera de escudero del otro en un candidatura conjunta; ambos concurrirán por separado a las elecciones. Laporta es el cisne negro que se ha cruzado en la trayectoria de Font, que lo tenía todo de cara hasta que el indomable Jan apareció en escena sin preaviso del guionista.

Pésimos candidatos

El resto va a ser, salvo sorpresa, relleno. Desde que las elecciones han dejado de ganarse en despachos y reservados es muy difícil que un mal candidato tenga posibilidades reales, aunque sume apoyos de grupos de interés muy relevantes. Y hay en la lista de futuribles que ahora circula no malos, sino pésimos candidatos. De igual modo, si la junta saliente no hubiese acabado tan mal, podría pensarse que un candidato bendecido por Sandro Rosell y Josep Maria Bartomeu debiera tener también sus posibilidades. Pero la degradación del último mandato, hasta llegar a la moción de censura, les pone las cosas imposibles a todos los que hayan estado mucho o poco bajo su paraguas.

Para ser democráticamente pulcros debiéramos anotar que al final lo más importante será el proyecto del Barça del futuro que cada uno ponga encima de la mesa. Sería bonito, sí. Tanto como cenar pez globo en compañía de Halle Berry. So sweet.