El cáncer de estómago es una enfermedad por la que se forman células malignas en el revestimiento de este. La mayoría de los cánceres gástricos se originan en la mucosa, siendo el adenocarcinoma el tipo histológico más frecuente.

Agravan el riesgo de este tipo de cáncer la edad, la mala alimentación, fumar, el consumo de alcohol y las enfermedades estomacales. Los síntomas del cáncer gástrico incluyen indigestión y malestar o dolor estomacal.

La neoplasia gástrica se presenta generalmente a partir de los 50 años. Como en la mayoría de los tumores, a más edad mayor es la probabilidad, tanto en hombres como en mujeres, de padecerlos. Los hombres poseen una tasa de cáncer de estómago dos veces mayor que las mujeres.

No se conocen las causas exactas de este mal incurable, aunque se sabe que existen factores de riesgo que favorecen su aparición: gastritis crónica atrófica, anemia perniciosa, pólipos gástricos y, a escala mundial, la infección por Helicobacter pylori (H. pylori) son las causas de riesgo más importantes del cáncer de estómago.

Curiosamente la mitad de la población mundial está infectada con esta bacteria pero solo 10% de los infectados presentará manifestaciones clínicas. La infección por H. pylori puede inducir gastritis crónica, enfermedad ulcerosa péptica EUP y adenocarcinoma gástrico.

Existe evidencia que muestra la importancia clínica en la variabilidad genética de cepas de H. pylori. Se conocen tres factores de virulencia como marcadores epidemiológicos y para determinar la presentación clínica: los genes vacA (toxina vacuolizante), cagA (asociado a la citotoxina) y babA (BabA adesina4).

Se cree que la bacteria H. pylori se propaga por medio de los alimentos y del agua contaminados y por contacto directo de boca a boca. En la mayoría de las poblaciones la bacteria se adquiere en la niñez. La infección es más probable en niños que viven en pobreza, en lugares sobrepoblados y en zonas con sanidad deficiente.

Al igual que otros grupos de científicos de distintos países, investigadores del Instituto Politécnico Nacional (IPN) estudian la huella genómica de la bacteria H. pylori y realizan estudios comparativos entre distintas cepas para establecer sus diferencias, determinar cuáles pueden provocar cáncer gástrico y generar un diagnóstico preventivo.

El doctor Alfonso Méndez Tenorio, líder del proyecto sobre el cáncer de estómago desarrollado en la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas (ENCB), detalla para Vértigo cómo mediante la huella genómica han reconstruido la historia evolutiva de H. pylori y la flora microscópica que reside en el organismo.

“Con ello tratamos de entender en qué casos produce cáncer y cómo controlar sus efectos malignos”, revela.

Mediante procesos computarizados de datos biológicos y genómicos se identificaron diversas cepas de la bacteria y se diseñaron una serie de secuencias de ácido desoxirribonucleico (ADN) de cadenas muy cortas, de 13 letras de longitud. Esto representa un avance importante porque permite comparar miles de genomas en pocas horas y estudiar con mayor profundidad al microorganismo H. pylori.

Según el científico politécnico “aunque desde hace unos años la H. pylori ha sido reconocida como la bacteria responsable del cáncer gástrico, también interactúan otros factores. Cabe aclarar que es un microorganismo que acompaña al humano desde su origen. Sin embargo algunas de sus variedades son más agresivas que otras, tienen factores de virulencia que tienen que ver precisamente con la capacidad de estas bacterias de producir esta enfermedad maligna”.

Generalmente no es una bacteria nociva para el humano “pero nos hemos encontrado que en poblaciones de determinadas zonas geográficas hay ciertos cambios, ciertas variaciones en algunas proteínas que las hacen especialmente portadoras de una respuesta negativa para los seres humanos como puede ser un cáncer gástrico”, matiza.

Desde el origen

Especialista en Bioinformática cita como ejemplo a la gente originaria de América, la cual presentó resistencia a las bacterias que llegaron de Europa con los conquistadores y sin embargo sucumbió ante ellas. Esto fue hace 500 años en un proceso evolutivo de tiempo realmente corto. Este choque entre estos dos tipos de poblaciones propició que en América surgieran unas cepas con características que las hacen más agresivas.

“Esa incompatibilidad de las cepas de componente europeo y americano continúa entre las poblaciones. Nuestro cuerpo no está habituado a esas cepas con características europeas porque son más agresivas para nuestra población. Son pequeñas variaciones que hay en esas proteínas que son difíciles de observar a simple vista: son un patrón, una especie de huella. En el laboratorio lo que queremos es encontrar esas huellas características de las cepas que son agresivas, de las que producen cáncer. Hemos detectado algunas variaciones específicas de nuestra población. No son importantes para los europeos y los asiáticos pero a los americanos los ponen en riesgo de padecer cáncer”, pondera.

Para el doctor en Ciencias Quimicobiológicas ha sido muy interesante rastrear el ADN de H. pylori porque la evolución de su genoma sigue al del humano sobre la Tierra. “El estudio señala el origen de estas bacterias en África, donde se ubica el origen de nuestra especie; de ahí el microorganismo va a Asia y a Europa; más tarde a América por el estrecho de Bering. Esta bacteria presenta ciertos rasgos y características del genoma de los humanos. También los mexicanos tenemos muchísimos rasgos genéticos en común con esta bacteria”.

De igual forma aclara: “En el estómago tenemos una inconmensurable comunidad de bacterias; aunque parezca increíble las células bacterianas o microbios superan a las células humanas. Es un equilibrio establecido desde el origen de la especie. Son microorganismos en comunión con nosotros. Muchas de ellas nos aportan beneficios: ayudan a degradar sustancias, absorben materiales, hacen posible nuestra nutrición, contribuyen a adquirir sustancias y disolverlas, y a desechar toxinas. Por desgracia hay algunas que son patógenas y causan enfermedades intestinales”.

Especializado en Genómica Comparativa sostiene que su investigación demuestra claramente que las diferencias en la alimentación son un factor importante para explicar las variaciones en el riesgo de cáncer de estómago. “Una alimentación alta en carnes preservadas, alimentos salados y ahumados y baja en frutas y vegetales o verduras frescos representa un mayor peligro”.

Por el contrario la posibilidad de padecer cáncer gástrico se puede revertir modificando hábitos en la vida cotidiana, como tratar de incorporar la actividad física en la rutina y practicar ejercicio la mayoría de los días de la semana, aumentar la ingesta de frutas y vegetales y dejar de fumar.

Dice el doctor Méndez Tenorio que su esfuerzo por conocer a fondo a la bacteria H. pylori tiene la prioridad de descubrir más sobre lo que causa la enfermedad y la mejor manera de tratarla. Comenta que se realizan estudios para determinar si el tratamiento con antibióticos para las personas que están crónicamente infectadas con H. pylori ayudará a prevenir el cáncer de estómago. En algunos estudios se ha encontrado que tratar esta infección puede prevenir las anomalías precancerosas del estómago, aunque se necesita más investigación sobre este asunto.

Aun cuando no son realmente quimioprevención los antibióticos pueden ayudar a prevenir que el cáncer de estómago recurra en algunos casos. Las investigaciones muestran que los antibióticos pueden reducir el riesgo de que el cáncer regrese en otra parte del estómago en las personas que han sido tratadas con resección endoscópica de la mucosa para el cáncer de estómago en etapa inicial. Por desgracia los cánceres de estómago se detectan con más frecuencia en una etapa más avanzada.

Como parte de la investigación sobre el cáncer de estómago del IPN el integrante del Sistema Nacional de Investigadores manifiesta que se realizan varios proyectos en colaboración con científicos del Centro Médico Nacional Siglo XXI, del Instituto Mexicano del Seguro Social, encabezados por el doctor Javier Torres, quien posee amplia experiencia en el estudio de dicha bacteria. “Los médicos oncólogos del IMSS nos proporcionan información clínica de primera mano fundamental para nuestra investigación”, concluye.

Supervivencia al cáncer gástrico

La tasa de supervivencia a cinco años de las personas con cáncer de estómago es de 31%. Esta estadística refleja el hecho de que la mayoría de las personas con cáncer de estómago recibe el diagnóstico cuando el cáncer ya se ha diseminado a otras partes del cuerpo. Si el cáncer de estómago se detecta antes de que se haya diseminado la tasa de supervivencia a cinco años es generalmente más elevada, pero depende del estadio del cáncer que se encuentre durante la cirugía. Si el diagnóstico y el tratamiento del cáncer se realizan antes de que se disemine a otras partes fuera del estómago la tasa de supervivencia a cinco años es de 67%. Si el cáncer se ha diseminado hacia los tejidos o los órganos circundantes o los ganglios linfáticos regionales la tasa de supervivencia a cinco años es de 31%. Si el cáncer se ha diseminado a una parte distante del cuerpo la tasa de supervivencia a cinco años es de 5 por ciento.