Miguel Ángel Revilla lleva décadas amagando con retirarse de la política y desde 2011 está anunciando un inminente final de trayectoria que nunca acaba de llegar. Lleva en este negocio más de 40 años, desde que durante la dictadura de Franco fue Delegado Comarcal del Sindicato Vertical de la comarca de Torrelavega en la entonces provincia de Santander, parte de Castilla La Vieja. Así empezó su carrera, en la Falange, dando conferencias en la sede del sindicato vertical del Movimiento Nacional.

Miguel Ángel Revilla, presidente de Cantabria, líder del Partido Regionalista Cántabro (PCR) y estrella política venida a menos tras el viral abucheo de los hosteleros de su tierra, lleva muchos años en la vida pública y no todos en democracia.

No parece recordarlo cuando visita a Bertín Osborne, Pablo Motos o Iñaki López (encantados con el presidente autonómico con más tirón de audiencia), ya que el presidente de Cantabria elabora un discurso en el que se presenta como un demócrata ‘de toda la vida’. 

Revilla a la derecha jurando el cargo de Delegado Comarcal del Sindicato Vertical en Torrelavega (Santander).

No es fácil imaginárselo viendo lo que decía en 1973. En esa época los falangistas estaban de capa, o mejor dicho camisa, caída dentro de la dictadura de Franco. El poder político estaba desde hacía años en manos de los denominados tecnócratas del Opus Dei, el partido único Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (FET y de las JONS) todavía controlaba algunos ministerios como el de Trabajo y el de Vivienda y los Gobiernos Civiles. La administración provincial estaba en sus manos.

«Tenemos que hacer comprender al mundo que el pensamiento joseantoniano, adecuadamente actualizado, tiene plena vigencia en el contexto actual. Tenemos una ideología que siempre he pensado que era exportable en función naturalmente, de una actualización del pensamiento de José Antonio (Primo de Rivera)«, afirmaba un Revilla que se declaraba seguidor del fundador de la Falange.

Delegado Comarcal del Sindicato Vertical

Año 1984. El mítico espacio La Clave, de José Luis Balbín en TVE, mira a Cantabria y allá va un desconocido parlamentario autonómico llamado Miguel Ángel Revilla, perteneciente al entonces minoritario Partido Regionalista de Cantabria. Ojo al discurso de Revilla: «Bien sabe Dios que yo en la política estoy a disgusto. Y estoy deseando que estos socialistas, que dicen que lo van a arreglar todo, lo hagan, para marcharme a Polaciones a pescar. Así de claro. El primer día que se cumplan las condiciones que anuncian que se van a hacer, yo cuelgo mi chaqueta de político. ¡Porque la odio! Si yo fuera un político no estaría en el Partido Regionalista de Cantabria. Me hubiera apuntado a uno de los grandes para llegar arriba, no a un partido donde encima me cuesta de mi bolsillo la mitad de lo que gano. Eso es así de claro».

Revilla en 1966. Foto: Diario Montañés.

En 2011 se le reprochó en el programa La noria de Telecinco su pasado franquista, con datos de hemeroteca, y el presidente cántabro reaccionó con airadas quejas ante lo que interpretó como «una encerrona». En concreto, vivió un enfrentamiento con la periodista Isabel Durán.  «Lo sabe todo el mundo. Todo el mundo sabe cómo acabó aquello y dónde acabé», aseguró el presidente cántabro.

En su biografía Revilla. Políticamente incorrecto, obra de Virginia Drake, él mismo relata que cuando estudiaba en la Universidad del País Vasco montó un sindicato antifranquista. Sin embargo, cinco años más tarde le hicieron Delegado Comarcal del Sindicato Vertical en la comarca de Torrelavega.

Lo cierto es que Revilla nunca ha ocultado su pasado político, e incluso ha publicado fotos de falangista en uno de sus libros Nadie es más que nadie. Revilla. En él cuenta que se le pidió manipular unas elecciones sindicales y que cuando se negó lo echaron del Sindicato Vertical, con acusaciones políticas. Pero entre el momento en el que se licenció en Económicas y Empresariales por la Universidad del País Vasco y su etapa de director de la sucursal del Banco Atlántico de Torrelavega pasaron unos años y es ahí donde «olvida» su condición de jefe del Sindicato. «Lo situamos al frente de esta entidad vinculada con el Opus Dei porque su padre era el «jefe» del Movimiento Nacional en la zona y controlaban todo», afirma a elcierredigital.com uno de los responsables entonces del Banco Atlántico.

El 15 de julio de 1973 el «Diario Montañés» se hacía eco de una conferencia de Revilla titulada «España, en la encrucijada de la Europa comunitaria» en la sede de la Jefatura Local del Movimiento, apodada La Guardia de Franco. No faltaron en ella las frases de la más pura ortodoxia franquista: «Si somos una unidad de destino en lo universal tenemos el pleno derecho a proclamarlo, a mantener la soberanía de nuestro esquema institucional y de nuestro contenido espiritual». Y añadía: «Tenemos una ideología que siempre he pensado que era exportable, en función, naturalmente, de una actualización del pensamiento de José Antonio». Ese acto había sido previamente anunciado a bombo y platillo por el Alerta: «Se avisa a todos los camaradas de esta Lugartenencia, Vieja Guardia, Sección Femenina, Frente de Juventudes y público en general (…) para que asista a la conferencia del camarada Miguel Ángel Revilla Roiz».

Así recuerda Revilla su paso por Falange

«En 1971 cometí un error de bulto. Acepté la delegación del Sindicato Vertical en la comarca de Torrelavega, la más industrial de España en los años setenta, con una masa obrera enorme. Yo daba de vez en cuando clases de Economía en la escuela de organización sindical tenía en Santander y su director, Fernando Cortines, me convenció para que aceptara el cargo», cuenta Revilla en el citado libro Nadie es más que nadie (2012).

Portada del libro de Miguel Ángel Revilla. 

Así describía la institución en la que acababa de entrar: «El Sindicato Vertical era un anacronismo. Sindicato único para los empresarios y sindicato único para los trabajadores. Aun así permitía, si se aplicaba correctamente la ley, cierta democracia. Era muy proteccionista con relación a los trabajadores no díscolos. Y yo pensaba que, desde dentro, podría ir modificándose hacia sistema sindical más democrático».

En su relato habla de cómo intentó contemporizar con los cambios políticos que avecinaban. «El primero toro que tuve que lidiar fue la obsesión de la mayor empresa de la zona, Sniace, con más de tres mil trabajadores, por firmar el despido de un empleado, José Somarriba Castañeda, que según su director, Antonio Mira, era comunista e incitaba a la huelga a sus compañeros», aseguraba.

Según Revilla, para favorecer ése despido fue chantajeado. Así lo recreaba:»A los pocos días de haber tomado posesión del cargo, me llamó el director de Snice para anunciarme que la empresa y sus directivos querían ofrecerme una comida de bienvenida. Era un sábado a las dos de la tarde, en los comedores de la propia empresa. Estábamos invitadas al ágape unas sesenta personas. La plana mayor de la empresa. Habían contratado a uno de los mejores restaurantes de Cantabria para servir la comida. A punto de cumplir ya sesenta años, uno tiene cierta experiencia gastronómica. A lo largo de tantos años he compartido más de una comida pantagruélica. España es insuperable en esta materia, pero aseguro que jamás he vuelto a contemplar un alarde de platos de una calidad como la de aquel día».

Tras negarse a despedir al supuesto militante comunista, recibió la orden de alterar las elecciones sindicales. Cuando se negó a ello invocando las Leyes Orgánicas del Estado, fue provocada su caída dentro del Sindicato Vertical. 

¿Por qué gana en Cantabria?

Revilla en 1988 accedería al liderazgo del PRC, en 1995 se convertiría en vicepresidente de un Gobierno liderado por el PP, en 2003 accedería a la presidencia porque el PSOE le apoyó como tercera fuerza para echar al PP, en 2011 perdió el poder mientras ganaba puntos en los platós televisivos madrileños y en 2015, convertido en una especie de líder regeneracionista, recuperaba el trono. En 2019, por fin, el PRC se convertía en la primera fuerza de Cantabria y adquiría voz en el Congreso.

Revilla en pleno discurso tras su nombramiento.

Una persona que trabajó en los aledaños de los gobiernos de Revilla cuenta a Elcierredigital.com que los triunfos de este exótico dirigente son varias: «Es un gran comunicador: suple sus carencias intelectuales y sus problemas, algunos de salud relacionados con el riñón, con chistes, villancicos, canciones y anécdotas».

«Además, señala, ha dotado de estabilidad al PRC, que ha conseguido hacerse fuerte en medio de un panorama lastrado por la eterna falta de liderazgo del PP y el PSOE en la región, que no encontraron recambio para un personaje carismático como el expresidente Juan Hormaechea», puntualiza

Y añade: «El PSOE entró a partir de 2003 en tal declive que intentó compensar su desgaste extendiéndole un ‘cheque en blanco político’ a Revilla, que llegó a la presidencia siendo tercera opción. Revilla aquí preside, pero no gobierna».

Revilla en 1973 en el diario Alerta de Cantabria. 

«Lo que le gusta es aparentar, pero al menos es una persona ética que ha sabido sobreponerse con su aire rural en una ciudad como Santander que sigue siendo muy clasista: aquí son importantes los apellidos y pesa si eres santanderino de toda la vida (STV). Y él es de un municipio de 200 habitantes, Polaciones, que camina con albarcas y canta unas canciones montañesas conocidas como ‘boñigadas'», continúa.

Críticas en su feudo

Walter García, estrella radiofónica de Cantabria, asegura que Revilla «vive de llenarse los bolsillos con millones de euros con los libros, la televisión y la parafernalia en general » ya que, según él, es «el mayor estafador social de España».

Revilla en 1973 en el diario Alerta de Cantabria.

Es evidente que Revilla se ha hecho de oro gracias a los libros editados y promocionados por Planeta. En su última obra, ¿Por qué no nos queremos?, aborda con su habitual tono facilón la relación entre España y Cataluña.

Antes lanzó Nadie es más que nadie, Este país merece la pena, La jungla de los listosSer feliz no es caro o Sin censura. Y la verdad es que la carrera literaria le va de diez: entre 2013 y 2017 ingresó más de 500.000 euros por vender libros. Es normal que vaya gratis a las tertulias.