Puerto Rico amaneció este miércoles con 11 muertes adicionales por COVID-19 que elevaron a 1,794 el total de víctimas mortales a causa del virus en lo que va de pandemia, informó el Departamento de Salud.

La agencia detalló que los fallecimientos ocurrieron entre el 8 y el 26 de enero.

Muertes nuevas informadas:

Hombre de 65 años de la región de BayamónMujer de 73 años de la región de CaguasMujer de 50 años de la región de CaguasMujer de 90 años de la región MetroMujer de 62 años de la región MetroMujer de 83 años de la región MetroHombre de 68 años de la región MetroHombre de 50 años de la región MetroHombre de 84 años de la región MetroHombre de 67 años de la región de AguadillaHombre de 75 años de la región de Ponce

“El número de muertes adicionales no debe interpretarse como que éstas hayan ocurrido en las últimas 24 horas. De igual forma, es importante señalar que el total de muertes puede variar en la medida en que se dan los procesos de registro y codificación de las causas de muerte, lo que puede tomar varios días”, advirtió Salud en su informe.

Asimismo, la agencia informó 138 nuevos casos positivos confirmados, así como 44 casos positivos probables y 153 casos positivos sospechosos.

La cantidad de pacientes hospitalizados por el virus se redujo a 301, de los cuales 50 están recluidos en una Unidad de Cuidados Intensivos y 35 están conectados a un respirador artificial.

Según la dependencia, el término de caso positivo confirmado hace referencia a los contagios cuyo resultado fue validado mediante una prueba PCR (molecular). El caso probable es aquel cuyo resultado positivo a la enfermedad se obtuvo mediante prueba de antígenos. Mientras, los casos sospechosos, también conocidos como resultados de anticuerpos, son aquellos que arrojaron positivo a la prueba serológica, y no tienen una prueba molecular o antígenos positiva.

Además, la agencia explicó una muerte confirmada por COVID-19 corresponde al deceso de una persona con una o más pruebas moleculares positivas. La muerte probable es aquel deceso de un paciente que fue diagnosticado con COVID-19 mediante una prueba de antígenos o que su su cuadro clínico reúne los criterios para creer que padecía de COVID-19, pero nunca tuvo una prueba molecular o de antígenos para detectar el virus. Mientras, la muerte sospechosa se refiere al fallecimiento de una persona en la que se detecta un anticuerpo específico en suero, plasma o mediante una prueba serológica con su sangre.

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