El Sevilla se ha proclamado campeón virtual de la otra Liga, de esa competición que disputan quienes están a una distancia sideral de los tres grandes del fútbol español, Real Madrid, Barcelona y Atlético de Madrid. El triunfo de los hombres de Julen Lopetegui, otro más, en el Reale Arena, muy corto para sus merecimientos futbolísticos, supone de manera casi matemática asegurar la cuarta plaza de la tabla clasificatoria al final del curso cuando restan aún siete jornadas por litigarse, pero ¿esta tropa se conforma con eso?

No, rotundamente no. Ni uno solo de los miembros de la plantilla sevillista, y ahí se incluyen el cuerpo técnico, los futbolistas y el hombre que lo maneja todo, es decir, Ramón Rodríguez Verdejo, más conocido como Monchi, ha sacado los pies del tiesto para lanzar soflamas de complicado cumplimiento, pero el mensaje en el interior era que merecía la pena pelear a muerte en las nueve jornadas que restaban en busca de un imposible. Claro que es un sueño, cómo podía ser de otra forma, pero cuando el Real Madrid ganaba el clásico y el Betis era capaz de arañar un empate contra el Atlético, todos se conjuraron para pelear por despertar de ese esta onírico lo más tarde posible.

Se trataba de sumar nueve triunfos en los nueve partidos que restaban hasta la conclusión del torneo liguero, algo que puede resultar utópico para una plantilla del nivel de la que tiene este Sevilla, faltaría más que sí, pero bueno, las dos primeras hojas del calendario ya han caído y lo cierto es que lo que antes eran nueve victorias para llegar a soñar, ya son sólo siete. Evidentemente, siete siguen siendo muchísimas, pero este Sevilla está capacitado para ir peleando por cada una de ellas, de una en una, como se consiguen los grandes objetivos y sin marcarse ningún reto que sea imposible de ser alcanzado.

Este triunfo en el mediodía del Reale Arena, sin embargo, sí ha servido para dejar muy claro que la muchachada que entrena todos los días Julen Lopetegui y su cuerpo técnico está, a día de hoy, váyase a saber el próximo miércoles en Valencia y en semanas sucesivas, a años luz de los rivales que se mueven en su misma franja balompédica.

Porque si el Sevilla llegaba a esta cita como cuarto clasificado, la Real Sociedad lo hacía como el quinto y encima como reciente campeón de la Copa del Rey. Para más inri, Carlos Fernando, cómo no podía ser de otra forma, iba a tardar muy poquito, sólo cinco minutos, en poner por delante a los suyos para que la montaña se empinase aún más para un equipo que había apostado por la presencia del Papu Gómez en el sitio de Rakitic en el equipo inicial para manejarse esta vez con un 1-4-2-3-1 en lugar del habitual 1-4-3-3.

Pero este Sevilla está fabricado con un material capaz de soportar cualquier dificultad. Uno a cero contra el quinto clasificado y qué más da. El Sevilla siguió a lo suyo en el soleado mediodía de San Sebastián y a partir de ese momento iba a dar una verdadera disertación de fútbol de ataque. Hasta el punto de que, posiblemente, creó más ocasiones de gol que a lo largo de todo el curso si se exceptúa aquel partido de la Champions contra el Rennes y alguno más en el que fue un verdadero torbellino.

Si las notas se tomaran actualmente en una libreta, seguro que hubiera hecho falta cambiar de hoja para contabilizar todas las ocasiones claras que tuvieron los nervionenses antes y después de los dos goles que le dieron la vuelta a aquello poco después de los veinte minutos.

A saber, y para que no haya equívocos posibles. Doble ocasión de En-Nesyri de cabeza, en una de ellas entre Zubimendi y el poste sacan el balón (11’); Remiro salva ante Ocampos en un córner rebotado (20’); Jesús Navas no aprovecha un gran centro de Acuña (22’); tiro lejano de Ocampos a las manos del guardameta en una contra (32’); y, sobre todo, las dos más claras, que son un doble remate de Koundé y de Fernando que salva Remiro de forma milagrosa (36’); y un testarazo a bocajarro de En-Nesyri al poste en un balón puesto en el segundo palo por Fernando (39’).

El Sevilla no sólo había sido capaz de darle la vuelta al marcador ante un adversario tan reputado como la Real Sociedad sino que, encima, debía haberse ido al intermedio con aquello más que finiquitado y con tres puntos más en su casillero clasificatorio para totalizar 64 a falta de 21 por litigar aún. Pero el fútbol no entiende de méritos y sí de goles y aún restaba un tiempo entero por delante para que el campeón de Copa de 2020 aún pudiera optar a reaccionar.