Es habitual que personas que han conseguido destacar en las redes sociales y que cuentan con miles de seguidores promocionen productos, pero no siempre esta tarea se realiza respetando las reglas. Así lo revela un estudio de la Universidad de Santiago de Compostela que ha sido publicado por la Universidad Complutense.

En concreto, este trabajo ha desvelado que el 93% de las publicaciones publicitarias en Instagram de las 25 influencers españolas más relevantes del sector de la moda no reflejan que son contenidos patrocinados. El estudio desarrollado por los investigadores demuestra que esta publicidad engañosa es empleada por nueve de cada diez de estas personas, quienes hacen pasar estas publicaciones publicitarias por recomendaciones personales.

Los expertos señalan que no etiquetar correctamente los anuncios es una práctica habitual debido a la ausencia de sanciones ante este comportamiento, a pesar de que la legislación establece que cualquier tipo de publicidad efectuada por medios digitales por la que se reciba una contraprestación, ya sea económica o en especie, debe ser claramente identificada como tal.

Empresas de moda, las más habituales

Los investigadores han estudiado 750 post de Instagram de estos 25 influencers de moda, quienes cuentan con una media de 817.000 seguidores. El 92% de estas personas relevantes en dicha red social son mujeres de una media de edad de 28 años. Las compañías que más se publicitan a través de estas cuentas se dedican a la moda (68%). No obstante, también es habitual la aparición de joyería, coches o líneas cosméticas.

“La mención repetida y continuada de las mismas marcas por parte de los mismos usuarios nos conduce a concluir que, sino en todos, al menos sí en una gran parte de los casos se trata de colaboraciones onerosas", afirma el estudio elaborado por la Universidad de Santiago de Compostela y publicado por la Complutense.

“Los resultados evidencian la utilización de estas técnicas de recomendación como publicidad ilícita o engañosa, lo que exige un marco regulador legal y concienciación de los órganos de autorregulación y de las propias redes para suplir estas lagunas y garantizar la calidad de la comunicación entre marcas y públicos”, concluyen los investigadores.