Jueves 4 de marzo | 20:07

Como sucede cada vez que un sobreviviente pone en cuerpo y en palabras en cada juicio el horror de lo padecido y la resistencia para sobrevivir y dar a conocer lo sucedido para que no quede impune, el relato vivo de sobrevivientes y familiares es una pieza fundamental para seguir demostrando, a pesar de haber pasado más de cuatro décadas y muchos juicios, que fue un genocidio.

Secuestros, torturas, traslados a distintos centros clandestinos, persecución a familiares, hambre, participación de distintas fuerzas represivas volvieron a ser ejes de los testimonios, dando sobradas muestras de la sistematicidad del plan perpetrado que los genocidas llevaron a cabo.

“Después del golpe, Abelardo Patti estuvo casi una semana enfrente de la casa de él, vigilando hasta que el 2 de abril a la madrugada, lo secuestra junto con el Ejército”, relató Orlando Ubiedo, sobre el secuestro de su hermano Valerio, delegado gremial de Molinos San Sebastián de la localidad de Escobar. Fue llevado al Pozo de Banfield y luego a disposición del Poder Ejecutivo Naciona fue trasladado por diversos penales hasta llegar a la Unidad 9 de La Plata. Recién en el invierno de 1981 obtiene la libertad. Falleció en el año 2000.

“No se podía hacer un cumpleaños, un bautismo, nada porque venía Patti con el Ejército”, “Rompían los pisos de la casa de mi tío buscando armas”, “Aterrorizaron a mi familia durante mucho tiempo” agregó Orlando quien, desempeñándose como secretario general del sindicato de trabajadores rurales y miembro de la CGT regional también fue secuestrado en septiembre de 1974.

Por su parte, Lidia Biscarte, secuestrada el 27 de marzo de 1976, mientras trabajaba como maestranza en el puente Zárate- Brazo Largo y cumplía funciones gremiales, destacó la importancia del recuento entre quienes estaban secuestrados como manera de preservación: “Cada vez que se llevaban a alguien a torturar, nos recontábamos porque algunos no volvían. Y nos nombrábamos para que si quedábamos vivos avisen a las familias. Lo teníamos aceitado de pedir los nombres, me quedó para siempre”. Resistencia que permitió saber qué pasó con tantos compañeros y compañeras.

En su testimonio también dio cuenta de los permanentes traslados, en especial de lo que denomina un circuito entre la localidad de Zárate y el Pozo de Banfield por donde transitaron hasta quedar a disposición del Poder Ejecutivo Nacional y ser liberada en 1979. Y dio detalles de la persecución que también sufrió su familia y ella a posteriori de su liberación.

“Cuando me secuestran, a uno de mis hijos lo atan y le pegan. Eso fue una tortura, no sabía que había pasado con mis hijos”, “Cuando salí no tenía trabajo, mis hijos estaban desparramados. Como tenía antecedentes, ni para tejer me tomaban. La gente de mi villa, donde vivía me ayudó”.

La última persona en dejar su testimonio fue Gustavo Daniel Fernández, tanto él como su hermano Carlos, oriundos de la localidad de Luján fueron militantes de la juventud peronista. Deja constancia que previo al golpe del 76, ya habían sucedido secuestros en la ciudad.

Ambos son secuestrados en Capital Federal y recuerda que durante la sesión de torturas los interrogaban sobre la escuela de Arte de Luján y algunos alumnos, ya que Carlos era docente allí. Señala que la escuela era considerada como “muy politizada” al no seguir los estándares tradicionales de la educación.
Pudo realizar un croquis de los lugares donde estuvo secuestrado, entre ellos el Pozo de Quilmes, que fueron brindados a la Conadep como prueba.

El pedido de justicia y cárcel común para los genocidas es una bandera inclaudicable de todos los testimonios a lo largo de los juicios.

Fueron contundentes las palabras de Lidia que le dirigió al presidente del Tribunal, señalando que meses atrás fuera absuelto el médico Nicolini, que ella reconoció, en el juicio que se llevó a cabo en Zárate como parte de la megacausa de Campo de Mayo.

“Nos queda el dolor que no va a terminar nunca, los compañeros que no vuelven. Volvemos a declarar y veo a los genocidas en sus casas. Somos tres los que quedamos vivos de Zárate. Ellos son genocidas y están en sus casas. Antes de morir quiero saber que van a ir a la cárcel. Le pido señor juez que haga justicia, usted está para eso, para eso estudió”.

“Yo soy un sobreviviente de esa etapa donde desaparecieron y murieron 30 mil compañeros, es un compromiso y un deber denunciar los que pasó en el país”, concluyó Obiedo.

La próxima audiencia es el martes 9 de marzo a las 10:30 horas.

Seguí la cobertura del juicio por La Izquierda Diario.