El líder del PP, Pablo Casado, visitó ayer Barcelona por segunda vez en una semana. Su anterior viaje a la capital catalana fue tras aprobarse en el Congreso la enmienda a la reforma de la ley educativa, conocida como ley Celaá, que eliminaba el castellano como lengua vehicular en todo el Estado. Ayer acudió a la capital catalana para reunirse con el gremio de la restauración y mostrar el apoyo de su partido a los autónomos y empresarios afectados por las restricciones del Govern de la Generalitat. Pero no faltaron alusiones en su intervención al apoyo comprometido por EH Bildu al Gobierno para la aprobación de los presupuestos generales del Estado.

Antes de su encuentro, en el que también participaron el presidente del PPC, Alejandro Fernández, y su líder en el Ayuntamiento de Barcelona, Josep Bou, el presidente de Castilla-La Mancha, el socialista Emiliano García Page, había afirmado en la Ser que “Podemos marca la agenda” al PSOE y que el acuerdo con la izquierda abertzale “no tiene pase”. “Nos está llevando a una esquina del tablero político”, destacó Page, que casualmente fue el primer líder autonómico de su formación en pactar con los morados en la anterior legislatura.

Casado, que ya había aplaudido y jaleado esta semana a otros barones socialistas que habían lamentado el respaldo de la formación de Arnaldo Otegi a las cuentas públicas como el extremeño Guillermo Fernández Vara o el aragonés Javier Lambán, hurgó en esas diferencias y se pronunció en la misma línea que el dirigente manchego, remarcando que “el PSOE está cada vez más influido por Podemos”. “Se lo está comiendo”, sentenció.

Los populares aseguran que la formación de Pablo Iglesias influye “cada vez más” en la Moncloa y en Ferraz

Más allá de ello, preguntó a los socialistas “por qué” ven como “una buena noticia para la democracia que los que no han condenado 850 asesinatos ahora sean sus socios prioritarios”. También hubo reproches para las declaraciones del vicepresidente segundo del Ejecutivo central, Pablo Iglesias, sobre el papel de la fuerza abertzale “en la dirección del Estado” y pidió explicaciones a Pedro Sánchez.

Siguiendo ese hilo conductor, Casado desacreditó al líder de Unidas Podemos y le invalidó para formar parte del Gobierno cuando aseguró que España, la cuarta economía de la eurozona, “no se puede permitir tener a alguien tan radical como Iglesias” en el Ejecutivo. “No existe en Europa ningún Gobierno de coalición tan extremista”, subrayó el líder del PP en referencia a la presencia del partido morado en la Moncloa. Así, insistió en esa idea y apuntó que la recuperación económica, “la defensa de la Constitución y la dignidad histórica de España no puede depender de un partido como Podemos”.

El líder popular, que según fuentes consultadas prevé intensificar su presencia en Catalunya en las próximas semanas para arropar a sus dirigentes porque las elecciones autonómicas son ahora mismo uno de sus principales objetivos, no fue el único dirigente que aludió ayer al papel de UP en la Moncloa y a la postura de los abertzales. También lo hizo la presidenta de Ciudadanos, Inés Arrimadas, en una entrevista en la Ser y en una videoconferencia con afiliados de su partido y el eurodiputado Jordi Cañas “para hablar de la importancia de que el separatismo no decida el futuro de millones de españoles y el papel de Cs”, que se ha autoerigido en “dique de contención”. La líder naranja tendió su mano una vez más a Sánchez para pactar las cuentas bajo condición de borrar del mapa la enmienda de la ley Celaá que protege el modelo de inmersión lingüística catalán y de no pactar con Esquerra Republicana ni EH Bildu.

Cs insiste al jefe del Ejecutivo que deje “las cacicadas separatistas” si quiere su apoyo para los presupuestos

En el mismo sentido que Casado y Page –intervino en los micrófonos de la emisora antes que él–, Arrimadas aseguró que con los presupuestos “se va a ver si gana Iglesias y la parte radical del PSOE o la parte moderada”. “La sensación que tiene todo el mundo que dialoga con el Gobierno es que hay dos gobiernos en uno”, valoró la presidenta de Cs, que reiteró que Sánchez puede elegir “la vía moderada”, el pacto con Cs, “hasta el último momento” sin marcarle un ultimátum.

Arrimadas, para añadir presión, consideró en el encuentro con sus militantes que en caso de que no se dé marcha atrás con la cuestión educativa y lingüística y de que no se modifique el proyecto de cuentas para intentar convencer a su formación “a mucha gente se le caerá la venda de los ojos”. “Nos habrán vendido por un puñado de votos”, aseveró. “Si quiere nuestro apoyo tiene que quitar las cacicadas separatistas de Bildu y ERC”, concluyó.