La serie francesa ‘Baron Noir’ es una de las mejores crónicas de la política contemporánea en un país europeo. Menos edulcorada que la serie danesa ‘Borgen’, la historia de Philippe Rickwaert, ficticio alcalde de Dunquerke, nos muestra los entresijos de una Francia en la que existe una muy fuerte conexión entre la política local y la política de alto nivel en París. No es fácil hacer carrera en Francia sin pasar por l’Ecole Nationale d’Administration (ENA) y un intenso sin fogueo municipal. Cómo vemos, la palabra ‘barón’ referida a los líderes políticos de ámbito territorial no es exclusiva de España.

¿Quiénes son los ‘barones negros’ de la política española? La pregunta es sugerente. En el caso del Partido Popular quizá tendríamos que hablar de una baronesa. En el caso del PSOE podría apuntarse a Emiliano García Page, presidente de Castilla-La Mancha, cada vez más distanciado de Pedro Sánchez. En el campo del PSOE se produce, sin embargo, un curioso equívoca informativo: no están todos los que son, no suelen aparecer en las crónicas todas la baronías socialistas. El circuito periodístico de Madrid tiene una especial querencia por los barones y baronesas de Castilla-La Mancha, Extremadura, Aragón y Andalucía (ahora en horas bajas) y tiende a ignorar a otros relevantes dirigentes territoriales del PSOE. Es especialmente curioso el caso de Ximo Puig, presidente de la Comunidad Valenciana, la principal autonomía gobernada por el Partido Socialista, al que el periodismo más ‘madrileñocéntrico’ tantas veces ignora. Nada ocurre por casualidad: Puig es hoy uno de los dirigentes socialistas más identificados con las tesis federalistas. Otro tanto ocurre con María Chivite, presidenta de Navarra, con Francina Armengol, presidenta de Baleares, Concha Andreu, presidenta de La Rioja, Adrián Barbon, presidente de Asturias, Ángel Victor Torres, presidente de Canarias, o Idoia Mendia, vicepresidenta del Gobierno de Euskadi. Hay barones y barones. ‘Baron noir’ o ‘baron blanche’, he ahí la cuestión.

El trámite de aprobación de los presupuestos generales del Estado del 2012, elemento fundamental para afrontar la crisis económica derivada de la epidemia y factor clave para la estabilización o no de la legislatura, está volviendo a tensar el debate político, –si es que alguna vez ha dejado de ser tenso en los últimos diez años. Detonante, el anuncio de EH Bildu de que votará positivamente a los presupuestos, decisión que puede motivar el alejamiento de Ciudadanos de la mayoría transversal que ambicionaba Pedro Sánchez hace unos meses. Hay baile de barones. Algunos lo ven ‘noir’ y otros apelan al pragmatismo en tiempos de dificultad. “Tienes que ser rápido y adaptativo, de lo contrario, una estrategia es inútil”, dejo dicho el general De Gaulle.

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