Cuando una persona se enfrenta a la difícil decisión de matar, de quitar la vida a algo o a alguien, es porque, de alguna manera, ha llegado al límite de ver comprometida su vida o su supervivencia. También es posible que ese acto esté llevado por un deseo de venganza cuando atenta contra algo que amábamos o que necesitábamos; ya fueran seres queridos, animales, objetos, sueños...

Afortunadamente, el acto de matar para los seres humanos ha pasado a ser algo deleznable, proscrito y delictivo. Nuestra razón nos frena y nuestra legislación nos disuade de ello. Pero, fuera de las ciudades, de los grandes núcleos urbanos que se han convertido en arcas de Noé rodeadas de una inmensidad natural sobrecogedora, los animales siguen matándose unos a otros; siguen alimentándose unos de otros para asegurarse su propia supervivencia. El lobo, claro, también.

Y si el lobo mata, suenan todas las alarmas en la mente de los ganaderos.

Nelie Lombardie es una mujer suiza, pelo canoso y modos rudos, que lleva años asentada en la comarca zamorana de la Sierra de la Culebra —uno de los lugares de Europa donde más lobos se pueden encontrar—, cuidando con mimo de su amplio rebaño de cabras. Está a punto de jubilarse y, de las cientos de cabezas que tiene, planea quedarse con unas treinta “más o menos”. No quiere que el lobo acabe con ninguna de ellas.

“Para mí el lobo es un animal. Ni un dios ni un demonio. Es un animal con el que tenemos que convivir”, señala el biólogo Vicente Palacios

“He vivido mucho tiempo con la idea de los cuentos sobre los lobos y del miedo que te metían”, comenta con un español embarullado, haciendo gestos firmes con sus brazos acostumbrados a las coces de los animales. “No me gustan los lobos, pero les respeto, pueden estar. Eso sí, si me hacen algo a mis cabras, les mato. Aunque me lleven a la cárcel”.

Durante el 2020 los ganaderos notificaron 2.578 supuestos ataques de lobo en España en los que perecieron 3.658 cabezas de ganado. Estas cifran supusieron en concreto para Castilla y León una media de siete ataques al día y, al menos, diez animales muertos en cada uno de ellos. Sin embargo, a pesar de que el lobo es siempre el principal sospechoso, investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ponen en duda esas cifras, y ya en 2010 un artículo publicado en la revista Animal Conservation concluía que entre el norte de Burgos y el oeste de Álava parte de los ataques al ganado atribuidos a lobos podrían haber sido en realidad causados por perros asilvestrados, una información que desde los colectivos ecologistas suelen remarcar.

Las pérdidas de los ganaderos generadas por estos ataques son, en muchas ocasiones, millonarias. El Gobierno de Castilla y León —tradicional feudo conservador muy poco amigo del lobo—, al igual que otras comunidades autónomas, establece precios por cabeza y tipo de ganado en materia de ayudas para paliar los daños producidos por lobos y perros asilvestrados acaecidos en terrenos al norte del río Duero, donde aún se puede cazar al lobo ibérico. Son montos que ascienden a un máximo de 770 euros para ganado vacuno, 1.200 euros si se trata de un toro mayor de 17 meses, 300 euros por cabeza para ganado ovino y caprino y 440 euros para ganado equino.

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Nelie Lombardie, con su rebaño de cabras. Kike Gómez

“Para mí es fácil entender por qué un lobo ataca y mata a más ovejas de las que en principio puede comer, quizá para un ganadero no”, explica Vicente Palacios, biólogo experto en la figura del lobo, fumando tras la mesa de la cocina de su casa, en un pueblito de la comarca zamorana. “El cerebro de un lobo está preparado para que cuando tenga hambre sepa que tiene que matar, y si no mata es posible que muera. Cuando está en medio de la naturaleza y mata una pieza, seguramente no haya otra a su alrededor en kilómetros, por eso su cerebro se relaja. Pero en una cerca, con cientos de ovejas, su cerebro no se relaja. El lobo es una máquina perfecta para matar.

La Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos cifra las pérdidas en la ganadería de Castilla y León causadas los supuestos ataques del lobo en casi dos millones de euros; cifras que pueden suponer que un ganadero vea comprometida su supervivencia y la de su familia, ya que esos ataques afectan directamente a su forma de vida, a su oficio, a su empleo.

El último censo nacional de España, realizado entre 2012 y 2014, contabilizaba 297 manadas remanentes de lobo ibérico en todo el país

“El problema es que, cuando el lobo mata animales, la gente mata al lobo. Y siempre ha sido así. Hasta los años 70 el lobo era considerado una peste. Se mataba al lobo y además se pagaba por matar el lobo”, explica Vicente Palacios. “Ahora, si no permites matar al lobo de forma legal, los que se sienten atacados por el lobo, lo matarán de forma ilegal”.

El último censo nacional de España, realizado entre 2012 y 2014, contabilizaba 297 manadas remanentes de lobo ibérico en todo el país. Si bien España es la segunda región europea con mayor población de una especie de lobo tras Rumanía, los ejemplares presentes en la península Ibérica son los últimos de la subespecie Canis lupus signatus, el lobo ibérico.

Ganadería
Pastores de lobos

El lobo es el archienemigo histórico de la ganadería, pero existen formas de coexistir pacíficamente con este amenazado depredador. Es más, algunos ganaderos afirman que puede ofrecer beneficios económicos.

“En realidad la respuesta es muy sencilla. Si me preguntas si es necesario matar al lobo la respuesta es que no, no lo es. Matarlo o no hacerlo es solo una cuestión social”, señala el biólogo.

Convivencia ancestral

Villardeciervos es uno de los pueblos principales de la comarca de la Sierra de la Culebra. A pesar de que apenas se ven paseantes por sus calles, aquí se respira a lobo, se palpa la presencia del lobo en balcones, ventanas, en los salpicaderos de los coches… En cada rincón, hay algo relacionado con la mítica figura del lobo.

“Pero no siempre ha sido así”, dice Lorenzo Giménez, alcalde del municipio; “antes aquí no había esa presencia, apenas se hablaba del lobo”.

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Los ganaderos notificaron 2.578 supuestos ataques de lobo en España en 2020. Kike Gómez

Su alcalde es un “forastero” que, enamorado del pueblo y de la figura del lobo, llevó a su mujer y a su hija a vivir a Villardeciervos. Compagina su legislatura con la regencia de un supermercado en la plaza principal del municipio, donde atiende a El Salto tras el mostrador en el que va despachando los productos de los clientes.

“Hay muchísima gente que viene a ver al lobo, de toda España y desde fuera también. Se organizan charlas, presentaciones de libros en torno a él. Hay mucho movimiento. El turismo de observación es fundamental”, dice Lorenzo Giménez

En los últimos años, bajo la legislatura del Lorenzo Giménez, Villardeciervos ha pugnado por conseguir la consideración de ser uno de los pueblos más bonitos de España. En 2018 recibió el premio de Turismo sostenible que otorga el Patronato de Turismo de Zamora y, recientemente, ha sido reconocido como Bien de Interés Cultural por el Consejo de Gobierno.

¿Cuánto tiene que ver el lobo con todos esos reconocimientos? “Todo. El lobo tiene todo que ver con ello” —responde el alcalde—. “Hay muchísima gente que viene a verlo. Viene mucha gente de toda España y desde fuera también. Se organizan charlas, presentaciones de libros en torno a él. Hay mucho movimiento. El turismo de observación es fundamental”.

Biodiversidad
Acuerdos para la convivencia con el lobo

Una iniciativa social logra varios consensos entre personas y entidades ecologistas, ganaderas, científicas y cinegéticas para rebajar el conflicto y facilitar la coexistencia de la ganadería extensiva con el lobo ibérico.

Desde 2015, Robredo de Sanabria acoge el Centro de interpretación del lobo Ibérico-Félix Rodríguez de la Fuente; un recurso educativo y de dinamización socioeconómica ligado al Plan de Conservación y Gestión del Lobo en Castilla y León. Su filosofía se basa en el convencimiento de que el lobo es fundamental para el turismo, lo que hace también que sirva como instrumento para fijar población en un territorio que forma parte del núcleo de la España vacía.

“Queremos que la gente conozca de primera mano todos los aspectos relacionados con el lobo”, explica Javier Valenzuela, encargado de comunicación del centro. “Es una especie emblemática; conflictiva, no se puede negar. Pero es una especie integrada que permite la convivencia”.

Turismo del lobo

Por las calles de Villardeciervos, de Robredo, de Villanueva de Valrojo o de Ferreras de abajo apenas pasea gente, apenas hay personas tomando un café o un vino en los pocos bares que quedan abiertos. Quizá sea el inverno o quizá es que apenas queda ya gente con la que cruzarse.

“Es triste pensar que antes nos faltaba el agua corriente, la luz, las aceras, las calles pavimentadas y ahora lo que falta es lo más importante: la gente”, comenta Antonio, uno de los pocos que toman un café en la barra de un bar.

—¿Y el turismo del lobo?

—Bah… No soy muy optimista —dice Antonio con ese aire melancólico tan castellano—. ¿De qué sirve que en verano venga algo si luego en invierno vienen cuatro gatos? Aquí en Villardeciervos hay veintinueve casas vacías solo en mi barrio. Es muy triste.

Miguel Ángel Garijo no es tan pesimista con la situación. Si lo fuera, quizá no se habría decidido a colgar su toga de abogado y trasladarse a vivir a la Sierra de la Culebra desde Valencia, su ciudad natal. Ahora, es el director de Aherca, una empresa de ecoturismo enfocada al turismo activo para la observación de la fauna ibérica, especialmente la figura emblemática del lobo ibérico.

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La Sierra de la Culebra, en Zamora, es una de las zonas con mayor presencia de lobo ibérico de la península Kike Gómez

“El turismo en Castilla y León tiene mucho camino por hacer, pero puede ser una mina, una fuente de recursos”, asegura. “Esto empieza poco a poco, pero va a más porque la perspectiva medioambiental del país va cambiando. La población es cada vez más sensible y le apetece disfrutar de eso que está protegiendo. Lo que hay que hacer es enseñar lo bonito que es el lobo. Que el lobo te hace tener sensaciones que otros animales no te despiertan. ¡Enseñarles a qué huele el lobo!”.

—¿Y a qué huele el lobo?

—Huele a libertad.

Que decida la ciencia

Al lado del supermercado de Villardeciervos hay una tienda que vende todo tipo de souvenirs sobre el lobo e incluso en el mostrador del propio súper se pueden adquirir postales relacionadas con el animal y el entorno natural de la Sierra de la Culebra. Las fotografías han sido tomadas por Lorenzo Giménez, el propio alcalde, aficionado a la fotografía y a la observación.

“Al lobo no se le debe matar, en absoluto, aunque quizá no es conveniente que lo diga”, comenta el regidor entre los pitidos del escáner del código de barras. “Es que no se basa en ningún criterio científico. Los cupos se mueven por el tema económico, nada más. Claro que no pasa porque se mate algún lobo, entre comillas, cuando se hace por criterios de medio ambiente; pero es complicado establecerlos”.

Ganadería
Que no, que no viene el lobo

En las comarcas del Norte de Cáceres hay cada vez más gente esperando al lobo, incluida gente del sector ganadero. Acerca del lobo y la ganadería, de la tuberculosis y la caza.

Las colillas se han ido acumulando en el cenicero sobre la mesa de la cocina de Vicente Palacios. El tema del lobo da para muchas horas de conversación. “En la ciencia hay diferentes puntos de vista sobre el lobo. Unos piensan que se puede matar a un lobo y no pasa nada, que con eso no declinará la población. Hay otros que dicen que sí, que puede desestabilizar la población… La ciencia debería ser la referencia, pero no hay un único punto de vista. Por eso digo que, en realidad, es solo una cuestión social”, argumenta el biólogo. “Para mí el lobo es un animal. Ni un dios ni un demonio. Es un animal con el que tenemos que convivir”.

Miguel Ángel, de Aherca, por su parte, propone soluciones para la convivencia. “Está claro que el lobo lleva matando y se le lleva matando desde que el lobo es lobo y el hombre es hombre. Pero lo que se debe hacer es informar y formar. Que se estudie el lobo en libertad, que no hay tantos estudios como parece”, dice el empresario. “Si estudiamos al lobo en libertad nos podríamos anticipar a sus ataques. Además, deberíamos de recuperar en otras partes de España, como se hace aquí, técnicas de pastoreo de toda la vida: a los mastines; que el pastor esté con el ganado; que los animales se recojan por las noches…

En la Sierra de la Culebra esas costumbres no se han perdido nunca y por eso ahora, cuando cae la noche en la comarca, no hay animales fuera de sus recintos desde donde las cabras, vacas u ovejas siguen escuchando el aullido del lobo en las noches de luna llena, entremezclados con los ladridos de los mastines. Se prohíba o no su caza, la convivencia con el animal se hace inevitable para pastores, ganaderos y cazadores.