Thomas y el arte del disimulo


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Thomas y el arte del disimulo

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El arte del disimulo es un valor muy cotizado en el mundo de los negocios a la hora de justificar una operación polémica para la opinión pública. El truco consiste en hacer creer que la culpa la tiene siempre la otra parte. Los dirigentes del Atlético de Madrid pueden dar un máster en ello. Su última lección la encontramos en la salida de Thomas Partey el último día de mercado en dirección al Arsenal londinense tras el pago de los 50 millones de su cláusula de rescisión. ¿El responsable? El jugador, claro, filtran desde el Metropolitano. De la  razón por la que un canterano que llevaba varios años siendo importante en un equipo de Champions tenía un contrato por debajo de su valor y un precio de salida tan accesible ya hablamos otro día. Mientras, cuadramos cuentas con el dinero ingresado.

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En el Atleti dicen que el movimiento les ha pillado por sorpresa porque nadie les había advertido de ello. Tan inesperado no sería cuando dos días antes de que el Arsenal depositara el dinero en la sede de la Liga, el propio Simeone ya dijo en rueda de prensa que estaba “ocupado y preocupado” con la posibilidad de que se fuera alguien importante. “Esperemos que no haya ninguna sorpresa para mal”, afirmó. Que se olía que podía pasar esto parece evidente. El hecho de que el uruguayo Lucas Torreira, procedente del mismo Arsenal, llevara en Madrid tres días, a la espera de que los rojiblancos se quitasen de encima a algún jugador para que su llegada fuera viable económicamente, no hace más que aumentar las sospechas de que todas las partes sabían lo que iba a ocurrir. Además, no podrán decir que ignoraban los movimientos que, desde el entorno de Thomas, evidentemente con la aquiescencia del jugador, se estaban realizando para buscarle una salida, preferentemente, a la Premier. El Arsenal, de hecho, llevaba detrás de él varios años.

Resulta incomprensible que un canterano que has formado, y titular en uno de los mejores equipos de España, tuviera tan solo 50 millones de cláusula de rescisión

Cuando juegas con fuego no puedes quejarte de que te has quemado. Y el Atleti ha tenido este tema en el horno demasiado tiempo. Resulta incomprensible que un canterano que has formado, y titular en uno de los mejores equipos de España, tuviera tan solo 50 millones de cláusula de rescisión, una cantidad que al común de los mortales le parecerá una barbaridad, pero que en el negocio actual del fútbol es más que asequible para unos cuantos equipos, como se ha demostrado. El Arsenal, que ni siquiera va a competir en Champions esta temporada, ha podido hacer frente al pago. Esto llama especialmente la atención, si se comparan las cláusulas que tienen muchos jugadores importantes de clubes más modestos que el Atleti. Y cobrando lo mismo o menos que percibía Thomas.

Me dirán ustedes, es que si le ponían una cláusula mayor, igual no firma el contrato. O que muchos ven al Atleti como un club de paso y por eso no se quieren dificultar una posible salida en el futuro. Entonces, ¿los futbolistas del Levante, de la Real Sociedad, del Betis o del Valencia, por poner algunos ejemplos de equipos que tienen a jugadores que pueden aspirar a mayores cotas, como Campaña, Merino, Canales o Kongdobia, con cláusulas superiores a las de Thomas, no piensan lo mismo? ¿Son sus representantes menos exigentes que los de los jugadores del Atleti? Un caso puede darse, pero cuando hay varios ejemplos en el tiempo, como los de Lucas, Rodrigo, Griezmann o Thomas, por nombrar sólo los más recientes, es normal que se piense en que es algo más usual que casual. El manual de estilo parece evidente. Poner cláusulas altas, pero no inaccesibles. Ya saben, aquello de “que parezca un accidente”. El arte del disimulo.

La salida de Thomas resulta si cabe más dolorosa para los seguidores rojiblancos por cuanto no se va a un Barcelona, un Bayern, un City o una Juventus, equipos en los que quizá tuviera más opciones de conseguir títulos importantes. Se marcha a un Arsenal que, a pesar de las buenas sensaciones que desprende desde que lo entrena Arteta, parece fuera de la lucha por poder ganar una Premier League y que este año se tiene que conformar con disputar la Europa League. Dentro de unos días, Thomas podría haber jugado con el Atleti en Múnich ante el Bayern en la primera jornada de la Liga de Campeones. Sin embargo, se tendrá que conformar con enfrentarse al Rapid de Viena, en un grupo donde también están los ‘potentes’ Molde y Dundalk.

Más allá del poder de atracción que tiene una competición como la Premier inglesa, es evidente que Thomas se marcha por dinero

Más allá del poder de atracción que tiene una competición como la Premier inglesa, es evidente que Thomas se marcha por dinero. Cansado de ser uno de los que menos cobraba de la plantilla, unos 2,4 millones por temporada, pese a ser uno de los que mejor rendimiento tenía, ni siquiera se planteó aceptar la oferta que desde hace un año le propuso el Atleti para mejorar su sueldo. Aun con esa subida, seguiría lejos de otros compañeros a los que podía mirar de tú a tú por su nivel en el césped. En el Arsenal va a ganar 230.000 libras (unos 253.000 euros) a la semana. Con esas condiciones, a cualquiera le resultaría difícil decir que no, por muy agradecido que se pueda estar al equipo que te dio la oportunidad de convertirte en profesional. Aunque, precisamente por eso, chirría la forma en que se ha cerrado su salida. A menos de una hora para que cerrase el plazo, dificultando la capacidad de respuesta del Atleti, que ahora sólo podrá mirar al mercado nacional durante un mes (si lo hace, que parece que no) y en unas condiciones en las que no encontrará precisamente facilidades del resto de clubes, al no poder éstos, a su vez, buscar ya un sustituto. El frío comunicado despidiéndose del club y de los aficionados colchoneros ahonda en ese poco tacto de Thomas en el momento de la despedida.

En apenas un año, Simeone se ha quedado sin cuatro titulares por la vía de la cláusula de rescisión. Y sus relevos no parecen haber mejorado hasta el momento lo que había

El daño que hace al juego de los rojiblancos la salida del centrocampista ghanés es considerable. En un equipo que tiene problemas evidentes para crear fútbol ofensivo cuando se encuentra con rivales cerrados, prescindir de uno de los pocos jugadores que es capaz de mover el balón con criterio no parece una buena idea. Su despliegue físico, que le hace aparecer en las dos áreas, su trabajo a la hora de recuperar balones (es el centrocampista de la Liga con mayor porcentaje de duelos ganados desde hace cuatro temporadas), su tremendo disparo y su desplazamiento de balón le convierten en un jugador que no es fácil de sustituir. Casualidad o no, en las dos últimas y dolorosas derrotas del Atleti en Europa, ante la Juventus y el Leipzig, no estuvo él, por sanción y lesión. Simeone, que fue el que le dio la oportunidad de debutar con los colchoneros en Primera, sabe bien de su valor. Por eso, no dudó un día en decir que “si viniera de un equipo inglés o alemán sería... pero es de la cantera y sólo es Thomas”, dando a entender el poco valor que algunos le daban. En su lugar le han traído a Torreira, un jugador con otras características y que era suplente en el equipo al que va Partey. En apenas un año, Simeone se ha quedado sin cuatro titulares por la vía de la cláusula de rescisión. Y sus relevos no parecen haber mejorado hasta el momento lo que había.

Decir que no se negocia la venta de un jugador queda muy bien de cara a la afición. Pero detrás del marketing queda la realidad. La de poner PVP’s a los jugadores que más que causar efecto disuasorio en los clubes que quieren quitarte a un jugador, que es la razón de ser de las cláusulas, son una invitación para que se lo lleve. El club es suyo y pueden hacer lo que quieran. Pero que no tomen a la afición por tontos.

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