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Siria celebra elecciones entre el descontento económico y la pandemia

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LLUÍS MIQUEL HURTADO

Teherán

Domingo, 19 julio 2020 - 18:17

Los elegidos tendrán que designar a un nuevo primer ministro, en sustitución de Arnous y aprobar una nueva Constitución

Bashar Asad vota junto a su mujer, en Damasco.
Bashar Asad vota junto a su mujer, en Damasco. EFE

Pese a todo, elecciones. Siria celebró este domingo sus terceras elecciones legislativas desde el estallido de la guerra. El ejercicio, destinado a dotar de una pátina democrática al sistema hereditario instalado en el poder desde hace casi medio siglo, promete confirmar la supremacía de los candidatos afiliados al partido presidencial, el Baaz. Aunque los comicios, realizados sólo en las zonas bajo control gubernamental, se tuvieron que retrasar por el Covid-19, la sombra de la pandemia persistió.

Según la agencia oficial SANA, numerosos ciudadanos se presentaron en los 7.277 colegios electorales abiertos, distribuidos por la columna principal del país, desde Damasco hasta Alepo, y en las ciudades orientales de Hasaka y Deir Ezzor. Los electores pudieron decidir quiénes, entre los 1.656 candidatos -200 de ellos mujeres-, conformarán los 250 escaños de la Asamblea popular siria. SANA mostró a filas de votantes jóvenes y adultos depositando el voto entre medidas de distanciamiento social. "La de hoy es una victoria política que se suma a las victorias militares", ha declarado a pie de urna, Husein Arnous, ministro en funciones tras la destitución de Imad Khamis entre protestas económicas.

Una de las tareas de los elegidos para la nueva legislatura estarán la designación de un nuevo primer ministro, en sustitución de Arnous. Otra, la aprobación de una nueva Constitución. La Carta Magna es uno de los principales proyectos impulsados por Rusia, a través de la mesa tripartita de Astana -junto con Irán y Turquía- para cerrar la crisis siria. El objetivo es presentar el documento como la prueba de que el conflicto se ha superado mediante una solución política.

Sin embargo, y aunque las fuerzas gubernamentales controlan la mayor parte de Siria -a excepción de la franja norteña, cuyo territorio se reparten fuerzas opositoras extremistas con apoyo turco, fuerzas kurdas y estadounidenses-, la estabilidad queda lejos. Siria entera está bajo el influjo de una crisis económica acrecentada por la fuerte devaluación de la divisa local y las sanciones recientemente impuestas por los EEUU, que si bien atentan contra figuras del sistema, emponzoñan todas las relaciones con el país.

"El dinero sirio no sirve para nada. Desde hace un tiempo empleamos liras turcas", se queja Nur, una profesora universitaria de la opositora Idlib. Lo mismo piensan los vecinos de Sueida, en el extremo sur, y en zona oficialista, cientos de los cuales protestaron durante el mes pasado por las pírricas condiciones de vida fruto, también, de una inflación en triples dígitos. "Los diputados tendrán que hacer esfuerzos excepcionales para mejorar los servicios", opinó una dentista a pie de urna a la agencia France Presse.

Naciones Unidas no reconoció los resultados de las últimas elecciones legislativas sirias, en 2016, alegando la falta de transparencia del proceso. Esta vez, como entonces, se espera un escenario similar. "El régimen de Asad usa las elecciones parlamentarias para premiar la lealtad. Esta vez, se espera que señores de la guerra y milicianos ganen aún más escaños por sus contribuciones al Estado durante los últimos cuatro años", opina Karam Shaar, experto en Siria del Middle East Institute, a Al Jazeera.

De acuerdo con el decreto de convocatoria electoral, que Bashar Asad firmó el pasado mes de abril -la votación se pospuso dos veces por la pandemia-, 127 de los escaños a elegir debían pertenecer "al sector de los trabajadores y los campesinos" y, los 123 restantes, a "otros grupos de la población". Entre los aspirantes a un asiento en la cámara hay hombres de negocios sancionados por Washington. Los candidatos pertenecen a listas aceptadas por el sistema. Se espera que la oposición tolerada haga boicot.

Estas elecciones no sólo coinciden con el vigésimo aniversario del ascenso de Bashar Asad al poder, tras la muerte de su padre; también con la irrupción del coronavirus. Aunque según fuentes oficiales apenas han registrado casos, varias organizaciones sanitarias han informado de un número creciente de infecciones entre sus trabajadores. En Idlib, donde las estructuras sanitarias son extremadamente precarias -fruto de la campaña de bombardeos rusos contra instalaciones de este tipo-, se han confirmado 17 casos en los últimos días. Muchos temen que sea el comienzo de una nueva pesadilla.

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