¿Qué hacemos con los Lannister?


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¿Qué hacemos con los Lannister?

1 semana publicado 21
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Disculpen la franqueza de no disculparles el franquismo, pero a mí todo este rollo de la encuesta sobre la monarquía me resulta un poco gracioso. Se me ocurren otras preguntas que podríamos haber hecho, como: ¿las mujeres deberían llegar vírgenes al matrimonio? ¿Qué opina usted sobre el cinturón de castidad? ¿Debe permitirse a los judíos ejercer profesiones liberales? ¿Cree que deberíamos volver a quemar a las brujas en la hoguera? ¿Y a los herejes que niegan que la Tierra sea el centro del universo? ¿Cuántos esclavos le parecen adecuados para una familia tipo?

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Como latinoamericano, la única conversación sobre reyes, reinas y príncipes que me parece normal en este siglo –si no hay barajas de truco o tableros de ajedrez de por medio– es sobre una nueva temporada de Juego de Tronos que mejore ese final sin gusto a nada que nos dejaron los de HBO. Y creo que, en el fondo, lo que muchos españoles se están preguntando en estos días es, justamente, qué hacemos con los Lannister.

La derecha lo tiene claro, es lógico: 76% de los electores del PP y 79,2% de los de Vox se sienten muy cómodos con un jefe de Estado vitalicio y con herederos que, si votaran –si al menos en eso fuesen un ciudadano de a pie–, lo harían por ellos.

Sin embargo, también se cuecen habas en Desembarco del rey. Sospecho que, si pudieran elegir, los de Casado mantendrían su fidelidad de siempre a la casa del viejo Tywin, pero los de Abascal –que aún extrañan demasiado los últimos años del Rey Loco– deben tener poluciones nocturnas cuando sueñan con un reinado de Joffrey Baratheon o del bastardo Ramsay, de la casa Bolton, si no directamente del Rey de la Noche y sus caminantes, todos bien blanquitos. El partido del ya retirado Lord Varys, como era previsible, está estratégicamente dividido: algo más de media naranja con el estatus quo del Reino, pero unos cuantos gajos dejan la puerta abierta a negociar un acuerdo que los incluya si gana el bando rebelde. Mientras, los salvajes de Pablo Iglesias, que ni siquiera se corta el pelo, aún tratan de derribar el muro que la mayoría de este lado imagina que nos separe de la barbarie. Lo que no llego a entender es a ese 29,9% de la casa Stark –minoría entre los suyos, pero todavía al mando de las tierras del Norte– que aún confía en el papel ordenador del Trono de Hierro, en vez de ayudar de una vez a romper la rueda.

Mis amigos republicanos festejan que el 40,9% esté en contra de la monarquía, pero eso a mí me suena como a alegrarse de que respondieran que saben que la Tierra no es plana

En serio, no se ofendan, pero es que todo me parece muy ficticio. La idea de que hay un señor que lleva una corona en la cabeza, al que hay que tratar con reverencia, gritarle “¡Viva!” y decirle “Su Majestad”, que está por encima de la ley y será mantenido de por vida por el Estado con todos los lujos por ser hijo de otro señor que nació con los mismos privilegios me parece tan fantasiosa, tan incompatible con la modernidad que no entiendo que, en el año 2020, alguien pueda verla como algo más que un cuento infantil o un argumento para una ficción ambientada en una Edad Media con dragones. No sólo “alguien”, de hecho, sino nada menos que el 34,9% de los habitantes de España.

Mis amigos republicanos festejan que el 40,9% esté en contra de la monarquía, pero eso a mí me suena como alegrarse de que apenas ese mismo porcentaje respondiera que sabe que la Tierra no es plana y que Papá Noel son los padres. Y más: según la encuesta realizada por 40dB. para la plataforma de medios independientes, en la que se integra CTXT, 14,3% está poco o nada de acuerdo con que el rey pueda ser juzgado por sus actos –es decir, aceptan que esté tan por encima de la ley que podría eventualmente cometer crímenes sin acabar preso como los demás mortales– y la mayoría aún confía en que el apellido, o quizás el ADN, sea mérito suficiente para conducir a las Fuerzas Armadas. Porcentaje mucho menor, pero que no deja de ser asombroso: al 10,3% no le parece mal que, teniendo la misma sangre azul, los varones de la familia real tengan prioridad sobre las mujeres para acceder al trono. Lo siento, Cersei.

Esa respuesta nos da más pistas para entender otra: apenas 27,7% cree que la infanta Leonor llegará a ser reina, perdiendo tanto para el 32,6% que cree que no lo hará como para el 39,7% que no lo sabe. ¿Será porque una mayoría, realista en el sentido racional de la palabra, le augura poco futuro al pasado remoto, o las dudas serán por el género de la heredera? ¿Responderían lo mismo si se tratara de un muchacho?

Por mi parte, sí, mi respuesta sería la misma. Además de lo absurda que me parece la idea del poder político hereditario, se trate de un rey europeo, un dictador africano, un jeque árabe o un político populista de nuestra Latinoamérica, me da mucha pena esa chica de 14 años a la que supongo que nadie le preguntó si quiere ser reina, como nadie se lo debe haber preguntado a Felipe cuando tenía su edad. Quizás hubiesen preferido estudiar medicina, ingeniería, danza, filología rusa o probar suerte en el deporte, además de poder hacer las mismas cosas que las chicas y chicos de su edad. Quién sabe si el sueño del rey actual era jugar en el Real Madrid –dudo que en el Barça– o aprovechar la pasta que le heredó su padre y dedicarse a viajar por el mundo e ir a las playas más lindas sin que nadie lo reconozca. Pero, desde que nació, estaba destinado a esto, como ahora su hija.

Sospecho que el único verdadero motivo por el que la derecha se desespera tanto con cualquier crítica al monarca no es por franqueza, sino por franquismo.

No creo que sean tantos los españoles que vivan en otra era habiendo nacido en esta, pero quizás valga la pena mirar diferentes respuestas entre líneas para entender. Por un lado, una mayoría que llega casi a la mitad de los españoles –e incluye a dos de cada diez votantes de la derecha y el extremo fascismo, seis de cada diez del PSOE y nueve de cada diez de Unidas Podemos– cree que la monarquía es una institución de otros tiempos, que no tiene sentido en una democracia. Pero, por el otro, un porcentaje similar afirma que tener un rey “proporciona orden y estabilidad política”, y los que no lo creen sólo son mayoría entre los morados, los menores de 34 y los habitantes de algunas autonomías como Catalunya, donde no hay que ser muy inteligente para darse cuenta. Sin embargo, una clara mayoría del 54,8% –inclusive tres de cada diez electores de Pablo Iglesias– dice que la monarquía en sí no es buena ni mala: depende de cómo sea el rey.

¿Y cómo es el rey? ¿Qué piensan sobre eso los españoles?

Quizás esa última cuestión explique mejor que ninguna otra lo que realmente está en discusión. En sintonía con la opinión general de la población, entre seis y siete electores de derechas dicen, ellos también, que los escándalos de la familia real dañan la imagen internacional de España. A la hora de puntuar la honradez del emérito Juan Carlos I, esos mismos electores le ponen entre 5 y 5,3 (los de Vox son un poco más monárquicos en todas las respuestas), apenas dos puntos por encima del promedio de los españoles, que lo reprueba con un 3,1 y aprueba a Felipe VI con apenas 6,6. Sin embargo, nada de ello les impide a los de derechas mantener su apoyo a la corona, ni tampoco que más de uno de cada cuatro votantes del PP y casi uno de cada tres de Vox crea que Felipe VI conocía las supuestas comisiones ilegales recibidas por su padre y uno de cada tres no se anime a negar que las conociera, respondiendo apenas “No lo sé”.

La clave parece estar en la imagen que todos tienen sobre la ideología del rey y su familia. En una escala del 1 al 10, en la que 1 representa a la extrema izquierda y 10 a la extrema derecha, el promedio de los españoles ubica a Felipe VI en un 6,5 y a su padre en un 7, es decir, en algún lugar entre las ideas de Pablo Casado y las de Santiago Abascal, si es que aún existen diferencias entre ambos. La percepción de que los Borbones son de derechas es compartida, con matices de intensidad, por los electores de todos los partidos, de todas las edades y de todas las comunidades autónomas. Como decíamos antes, para la mayoría, la monarquía no es buena ni mala: depende de cómo sea el rey. Y los que quieren que el que hoy es rey lo siga siendo son, mayoritariamente, los que piensan como él. Que son minoría, por eso había tanto miedo de hacer una encuesta, o un referéndum.

Sospecho que el único verdadero motivo por el que la derecha española sobreactúa tanto su pertenencia a la Edad Media, grita tanto “¡Viva el rey!” y se desespera tanto con cualquier crítica al monarca no es por franqueza, sino por franquismo. Porque, seamos francos –por lo primero y también por lo segundo–, ¿para qué arriesgarnos a que el jefe de Estado sea un ciudadano como los demás, electo democráticamente, con un mandato de corta duración revocable, con poderes limitados y mecanismos de control republicanos, si podemos asegurarnos de que sea, por los siglos de los siglos, uno de los nuestros? Y es justamente ahí donde democracia y monarquía son incompatibles.

Si en vez de preguntarles por la forma de gobierno, les preguntáramos a Iván y Cayetana qué opinan de un reinado de Jon Snow, se pondrían más republicanos que los de Podemos. La discusión, como decíamos al principio, es qué hacemos con los Lannister.

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