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Esta semana se ha hecho público el veredicto del TS sobre lo de Torra. Lo que le ha supuesto la inhabilitación y el abandono del cargo. Veredicto, inhabilitación, abandono del cargo es mucho ruido. Este artículo dividirá ese ruido en dos, y los traducirá a diversos susurros, que es como hablamos las personas. Vamos, que nos vamos.

Sobre el pack veredicto-inhabilitación. Inhabilitación es mucho para algo que podría haber sido un multón. Ese tipo de excesos a la proporción afectan a la percepción –y también a la ejecución, a su calidad– de la Justicia. Podría haber sido incluso peor si el rey hubiera participado en ese ejercicio espiritual. Cosa que, ahora que lo pienso, hizo, literalmente, vía Lesmes, un tipo cuyo menor peligro es su parecido con Muñoz Molina. El caso de la cosa es que la Justicia se ha erosionado notoriamente desde 2017. Lo hará más, ahora que empiezan juicios –más de 2.000 acusados– a ciudadanos anónimos por los idus de octubre. Fundamentalmente, usuarios del derecho de manifestación o de asociación, que se dice rápido. En el momento en el que escribo estas líneas, la UE ha sacado un informe sobre el Estado de Derecho en sus Estados. Esp recibe palo –aún alejado del tono utilizado para Polonia y Hungría, ya en otro estadio evolutivo–. En el pack Justicia, básicamente por la no renovación de CGPJ –por la instrumentalización política de la institución, glups–, y por otra relación ilícita del Ejecutivo. En este caso, con su stepmother, la Fiscalía General, determinante en su día en la judicialización del procés, si bien, me temo, anecdótica en la actualidad para la solución del conflicto creado por el Gobierno/Justicia Rajoy. A la Fiscalía, a la Justicia en general, visto lo visto, sólo la puedes presionar, parece, cuando el Ejecutivo es de la cuerda, de manera que no es necesario presionarla. La Justicia se está percibiendo como un Estado aparte, que vela por una parte del Estado. Anterior a esta forma de Estado. Una idea de nación formulada en la Restauración, que ya no es antigua, sino decrépita. Murió de risa en el 31. Se la revivió con electroshocks en el 39. Mata porque cree que no está muerta.

También se ha pactado que no haya otro presi –es decir, se ha pactado reducir la soberanía y utilidad del Parlament, en una suerte de huelga japonesa de luto simbólico

Sobre el pack abandono-del cargo-Torra. Todo ha sido muy simbólico. Por lo que empiezo por Torra, que nos ha dejado para irse, hermanos, al mundo de los símbolos. Torra simboliza a) el agravio. El procesismo, a estas alturas, es una máquina de recopilación de agravios. Son su capital. Es decir, carece de capital político. Con el agravio va tirando. Electoralmente. Y muy bien, por cierto. El agravio es la problematización sentimental, y con implicaciones solo sentimentales. Potencia la vivencia del problema, si bien impide, por electricidad, su solución. El político pasa a ser gestor del agravio. Es una herramienta de la nueva ultraderecha mundial, hombres blancos agraviados todo el día. En este caso el agravio fue buscado y currado. Estaba previsto, por Waterloo, que Torra saliera en globo de la Gene tras una desobediencia. Podría haber optado por una desobediencia dura, frente a una gran institución, y por un derecho efectivo. Lo hizo blandengue, contra la JE y con cálculo. Y obedeciendo a todo el recorrido jurídico. Torra, no obstante, es símbolo de otros cacharros, no tan buscados ni deseados. Es símbolo de b) la selección negativa. Abogado en una empresa de seguros –cabe desear que no fuera analista de riesgos–, recibió una morterada por el finiquito. Con una parte ínfima del capital fundó una editorial, consagrada a cierto revisionismo histórico, en la línea Pío Moa, pero en cat y a través de la defensa de un liberalismo cat independizante, en los 30, agraviado –esa es la palabra, otra vez– por los charnegos de la FAI. De ahí pasó a comités, asociaciones peronistas, cargos públicos de medio pelo. Fue redactor de un discurso –jamás pronunciado, ni ganas– para Puigde y el 10-O de 2017, con el que se proclamaría la indepe. En el discurso, un tanto cursi –el agravio, al contrario que la defensa de los derechos, conduce a lo cursi–, se aludía a un pasado glorioso, y a un futuro en el que la empresa y la nación se daban la mano, como en el final de Metrópolis. Finalmente, a falta de otro candidato, o con candidatos similares de sobra, fue destapado, alehop, como presi por el anterior presi, en esa tradición tan cat como norcoreana. Aceptó, así, ser símbolo c) del símbolo del símbolo. Esto es, d), una función propagandística en un Govern consagrado a la propaganda. Autor, ya talludito, de textos supremacistas –nadie del entorno recayó en ello, lo que supone que no era algo importante para el cargo–, su acceso a presi simboliza e) el progresivo acceso del procesismo –no del independentismo o el soberanismo, que los hay fuera del procesismo y con otro lenguaje– a la extrema-derecha europea. En plena pandemia –en la que se apostó por el agravio y por el método CAM de no previsión del colapso, ayuda a la privada y sálvese quién pueda, pero bajo f), otros símbolos patrios–, también adquirió el carácter de ser símbolo de la g) política extractiva del procesismo, que ya sólo puede extraer –si exceptuamos la deslocalización de lo público en lo privado y algún trapi en lo de Barcelona World– sus propios sueldos. En ese sentido, se subió el suyo –ya era el sueldo electo más alto del Estado– y, una cosa llevó a otra, la pensión a la que ha accedido esta semana con el cambio de trabajo-símbolo.

Las consecuencias de su cese son simbólicas. Lo que da canguelo en política. JxC y ERC –su archienemigo pero compañero, hasta la fecha, de lenguaje– pactaron en 7 folios conductas simbólicas para que ERC –Aragonès ahora detenta el cargo de presi, pero menos–, no se suba a la chepa de JxC aprovechando este lapsus simbólico. Se han pactado símbolos como para una boda. Se pactó cómo salir en la tele el día de autos. Que Torra asistirá a una reuni del Consell de Govern y a un pleno del Parlament. Que no se ocupara la silla de Torra, El Ausente, en el Consell. Hasta se ha pactado que Aragonès no ocupará el despacho de Torra que, simbólicamente, ya no ocupaba el despacho de Puigde. En el Palau de la Gene hay, pues, dos habitaciones de Rebecca y, por tanto, una ama de llaves psicópata de los símbolos, que arrea con el candelabro en modo Kill-Bill. También se ha pactado que no haya otro presi –es decir, se ha pactado reducir la soberanía y utilidad del Parlament, en una suerte de huelga japonesa de luto simbólico–. Es previsible que haya elecciones en febrero. Y es previsible que, para entonces, con tanto símbolo y tabúes simbólicos, esté crispado hasta el Dalai. ERC ha aceptado todo este material simbólico que le cae encima. Por incapacidad para librarse de él, o para que todo pase rápido y no duela, hasta las elecciones. Que quizás viene a ser lo mismo. Después de febrero, ERC tendrá que decidirse por el simbolismo cat, del que es un Verlaine, o por un tripartito de izquierdas. Lo que será, a su vez, un agravio.

En la calle, por cierto, no hubo mucho lío. Fue más bien simbólico. Los usuarios de un símbolo lo entienden todo con un vistazo. Los que no, no entienden nada. No hubo electricidad. Tras el primer día, no hubo manifestantes en las convocatorias. Quizás por ello, y para evitar comparaciones odiosas, el Govern ha anunciado que no conmemorará el 1-O, ese símbolo que ahora no simboliza el duelo simbólico simbolizable. Importante: en esta emisión de símbolos ha aparecido en discursos de Torra el léxico rupturista de las izquierdas esp/cat pre-78. Pero es símbolo, no se emocionen. Y emitido por un símbolo de lo contrario.

Tal y como se dispuso desde Waterloo, ha empezado la campaña electoral de JxC. Simbolismo y agravio. Con ERC –a falta de un as en la manga en los próximos días–, tragando, noqueada por los símbolos con los que le arrean en la frente. No puede salir del bucle agravio sin pasar a ser un agravio. Hasta febrero todo será agravio. Después, y si gana ERC, cambios o permanencias en la disciplina procés/agravio. Incalculables, en tanto están escondidos debajo de símbolos de símbolos. Todo esto, todo este monasterio copto repleto de símbolos, todo este mundo aparte, sucede en un mundo colapsado por la pandemia, a por otras, y que no volverá a ser el mismo. No necesitará símbolos, o necesitará más toneladas de símbolos.

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