Manifestaciones frente a la casa de Benjamin Netanyahu: "Seguiremos hasta que Bibi dimita"


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Manifestaciones frente a la casa de Benjamin Netanyahu: "Seguiremos hasta que Bibi dimita"

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SAL EMERGUI

Jerusalén

Domingo, 26 julio 2020 - 18:25

Piden la salida del Gobierno del primer ministro israelí por estar condenado por corrupción y por su mala gestión de la nueva oleada de coronavirus en el país

La policía israelí lanza agua a los manifestantes.
La policía israelí lanza agua a los manifestantes. EFE

Las primeras estrellas de la noche aparecen en el cielo de Jerusalén mientras el grito "¡Bibi a Baita!, ¡Bibi a Baita!" se extiende en el centro de la ciudad con la misma intensidad con la que la segunda ola del coronavirus azota a Israel. Incluso los pocos que no saben hebreo en la manifestación ante la residencia oficial del primer ministro, Benjamin Netanyahu, entienden el cántico proferido por cerca de 10.000 gargantas. "Bibi (como se conoce al líder del Likud) a casa", exclaman desde sus mascarillas en la mayor protesta en Jerusalén desde que hace dos semanas arrancó lo que algunos jóvenes ansían sea una "revuelta".

La pandemia ha elevado los índices del desempleo y de la crispación en un país fracturado en torno a Netanyahu. Por sus casos de corrupción sometidos ahora a juicio, sus ataques al fiscal general, no evitar segunda ola del virus tras superar la primera y su gestión económica en últimos meses, Netanyahu recibe las críticas más generalizadas desde que llegó al poder en 2009. Tras sobrevivir un año con tres elecciones y la imputación por soborno, fraude y abuso de confianza, pactó en mayo un Gobierno de rotación con el líder centrista Benny Gantz que no le sirve de escudo sino todo lo contrario ya que tiene fama de despilfarrador (35 ministros) y no es del agrado del centroizquierda que se siente traicionado por Gantz ni de la derecha.

Bibi afronta la nueva ola del coronavirus (se han disparado los contagios de un virus que ha causado 464 fallecidos desde marzo) y de protestas desplegadas este sábado en 250 puentes e intersecciones desde el norte al sur del país. Ondeando banderas negras, miles de ciudadanos protestaron contra "el Gobierno de corruptos" como preámbulo a la manifestación de corte más económico celebrada en Tel Aviv y a la reivindicación más política en Jerusalén.

A pocos metros de la blindada residencia del primer ministro en la calle Balfour, encontramos a Uri que llega con una mascarilla especial: la careta de Netanyahu. Un recurso que le garantiza protección ante el Covid-19 y atención de las cámaras. "Estoy aquí para denunciarle por qué sigue en el poder pese a que está siendo juzgado por corrupción y por qué aprovecha el coronavirus para su beneficio político", acusa.

"El destructor de Israel", reza la pancarta de Marva Erez. Según esta asesora en temas emocionales, "Netanyahu ha etiquetado a los de izquierdas como algo ilegítimo y ha provocado una gran fractura interna. Uno puede ser de derechas o de izquierdas pero ser bibist (fiel de Bibi) es caer en el engaño de su retórica. Seguiremos hasta que dimita".

A medida que pasan los minutos, llegan más manifestantes a la adyacente Plaza París en un acto político, musical (tambores, bocinas, cacerolas e incluso una miniorquesta) y cultural (improvisadas obras de teatro). Los participantes, que mezclan rabia, hastío, energía y esperanza, proceden de todo el país: veteranos reservistas del Ejército, centristas enfadados con Gantz por haber pactado con Netanyahu, dirigentes de la izquierda sionista, jóvenes comunistas, propalestinos contra la ocupación en Cisjordania, ultraortodoxos que apoyan o contemplan expectantes el evento callejero, exvotantes del Likud, activistas de la comunidad LGTB,...

Tras cinco horas, la ruidosa manifestación toca su fin. Un enorme grupo de jóvenes realizan una sentada en una céntrica calle. Los numerosos policías -hasta ese momento espectadores en la distancia- se acercan para evacuarlos. Primero con el megáfono. Al cabo de unos minutos, varios uniformados montados a caballo y como colofón, los potentes cañones de agua. "Yala, a la ducha", cantan con ironía algunos manifestantes mientras varios son detenidos entre forcejeos ante un hotel sin turistas. Curiosa madrugada estival en Jerusalén.

Sus seguidores

Según los seguidores de Netanyahu, que se manifiestan en número reducido, "intentan acabar con él ya que no pueden hacerlo en las urnas". Netanyahu defiende la "importancia de garantizar el derecho de la manifestación" pero, arrastrado quizá por la radicalidad de su hijo Yair en Twitter, acusa a los medios de "exagerar" el número de participantes en "manifestaciones políticas organizadas y financiadas por la izquierda". "Pido a todos los manifestantes que respeten las consignas sanitarias y no degraden los símbolos del Estado tal y como vimos en el vergonzoso show de la Menorá en la Knésset", denunció en alusión a la joven que se subió hace unos días al candelabro judío situado enfrente del Parlamento y enseñó sus senos. "¿Mi cuerpo degrada el Estado? Lo que degrada es tener un primer ministro imputado por corrupción", replica alegando que quiso poner el foco en la mala situación económica de los trabajadores sociales.

Muchos regresan al verano del 2011 cuando estallaron las mayores protestas sociales en la Historia de Israel. Entonces, el objetivo era acabar con el elevado coste de vida. En verano del 2020, es echar del poder a Netanyahu que afronta una crisis sanitaria y económica sin precedentes y un juicio que le obligará a partir de enero a acudir tres veces por semana al tribunal. Para adelantarse a ese escenario y al previsible deterioro de la situación, Netanyahu busca la rendija (el presupuesto) en el complejo acuerdo con Gantz que le permita liquidar la tambaleante coalición, evitar la rotación en 2021 y celebrar nuevas elecciones en el 2020 para obtener la mayoría (61 de 120 diputados) del bloque derechista.

"Espero que pierda",afirma Elisabeth Shorer en Jerusalén. De origen chileno y simpatizante del partido de izquierdas Meretz, vive desde hace 20 años en Haifa. Pese a los 150 kilómetros de distancia y al riesgo al contagio, Shorer decidió acudir a la manifestación. "Como ciudadana, sentí que debía venir. Bibi debe irse porque es un corrupto y porque ha gestionado muy mal la crisis del coronavirus", asevera a EL MUNDO mostrando su pancarta en español "El pueblo unido jamás será vencido". El pueblo de Israel, sin embargo, está muy dividido. El temor es que la tensa división cause violencia en las calles donde el virus que encendió la mecha de la protesta ejerce también de apagafuegos.

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