Los nuevos rostros del hambre que ha dejado la pandemia en la Ciudad de México


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Los nuevos rostros del hambre que ha dejado la pandemia en la Ciudad de México

2 meses publicado 23
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Desde hace dos días, Juana Pérez ha recorrido con su hermano las afueras de Palacio Nacional de Ciudad de México, sede de la presidencia. La mujer, de 23 años, quiere que alguien allí la atienda, que escuchen su historia y le ayuden a resolverla. Hace tres semanas, una desconocida se llevó a su hijo, Dylan, de un mercado en el Estado de Chiapas. El niño tiene dos años. Su búsqueda, infructuosa hasta el momento, ilustra la nula coordinación entre autoridades.

Todo ocurrió en la tarde del martes 30 de junio. Juana gestiona un negocio de venta de fruta en un mercado de San Cristóbal de las Casas. Como es habitual, sus dos hijos estaban con ella aquel día, Dylan y su hermana mayor, de cuatro años. “Dylan apenas iba a entrar al kinder -la guardería- este año y su hermana no iba por la contingencia”, explica Juana.

Pasadas las 15.00, la madre de Juana llegó al puesto de su hija con una bolsa de nanches, una fruta típica de la región. La abuela dejó los nanches y se fue a su propio local, a 50 metros del de Juana. Los niños y Juana se los comieron. Juana atiene su puesto de 9.00 a 18.00 todos los días y empieza a recoger pasadas las cuatro. Ese martes, cuando se acabaron los nanches, Juana se puso manos a la obra. Los niños querían más fruta, así que Juana los mandó al puesto de la abuela. Pero algo pasó en el trayecto. La hermana de Dylan se adelantó y el niño se quedó solo. Alguien agarró al niño de la mano y se lo llevó. Lo sacó del mercado y nadie lo ha vuelto a ver.

Juana amaneció este miércoles en la puerta de Palacio Nacional, junto a su hermano. Entre los dos sostenían un cartel con una foto del niño y un lema: “Andrés Manuel López Obrador, ayúdame a encontrar a mi hijo Dylan”. Pasadas las 10.00, lograron entrar. El mandatario se había referido al caso minutos antes, en su habitual conferencia de prensa matutina. “Ya estamos actuando. Hablamos con el gobernador de Chiapas. Ellos han avanzado mucho”, ha dicho López Obrador.

El caso de Dylan es especialmente sangrante en un país sumido en la peor ola de violencia de su historia. Justo hace unos días, la comisionada nacional de búsqueda de personas desaparecidas, Karla Quintana, lamentaba que buena parte de los 73.200 desaparecidos que cuenta el país son jóvenes. “La juventud se está desapareciendo”, dijo el martes en un programa de radio. Según UNICEF, seis de cada 10 niños en México han sufrido algún tipo de violencia. El torrente delictivo de México y su enorme diversidad impiden concretar el contexto de la desaparición de Dylan. ¿Quién se lo llevó y por qué? ¿A dónde se lo llevaron? La incapacidad crónica de las agencias de investigación del país acaba de dibujar un panorama desolador.

Juana, su madre y otros vendedores buscaron por todas partes a Dylan aquel martes. Al día siguiente, repasaron las imágenes de las cámaras de seguridad, que algunos comerciantes instalaron tiempo atrás en los pasillos del mercado. Allí encontraron a Dylan. El niño aparece de la mano de una joven. De hecho parece otra niña, apenas una adolescente. El abogado de Juana, Eladio Rodríguez, explica que solo tienen ese vídeo y otro, donde se ve como esta joven le entrega a Dylan a otra mujer, ya fuera del mercado. Es todo.

“Yo nunca había escuchado una cosa así en el mercado”, dice Juana, “hay muchos niños por allí y nunca pasó nada”. El mismo 30 de junio, la mujer denunció la desaparición de Dylan. En los días siguientes, ella y su familia recibieron mensajes de personas que decían haber visto al menor en distintas colonias de San Cristóbal. Ellos fueron a buscar, pero nada.

El viernes pasado, el fiscal de Chiapas recibió a la mujer. “Se comprometió a seguir buscando”, explica. Hace dos días, la fiscalía informó de que la búsqueda de Dylan les había conducido a una red de trata de menores en San Cristóbal. Sin dar demasiadas explicaciones, la dependencia divulgó un comunicado en que informaba de que había desarticulado esta red y había rescatado a 23 niños, el menor de tres meses y el mayor de 15 años. La fiscalía detuvo a tres personas que al parecer estaban al cuidado de los niños. “Los menores de edad eran obligados a vender artesanías en el centro de la ciudad mediante violencia física y psicológica”, leía el comunicado.

El abogado Eladio Rodríguez insiste -ha habido confusión al respecto estos días- en que Dylan no figura entre esos 23 niños y que ninguna de las tres mujeres detenidas es alguna de las dos mujeres que se llevaron al niño. De hecho, la vinculación de ambos casos resulta sorprendente, pues la dependencia no ha dado explicaciones de cómo llegó a esta supuesta red de trata. Además, la fiscalía no ha explicado si los niños rescatados aparecían en el Registro Nacional de Personas Desaparecidas, si cuentan con reporte de búsqueda o si aparecen nombrados en algún expediente por secuestro o desaparición.

Juan Martín Pérez, de la Red por los Derechos de la Infancia, critica el actuar de la fiscalía local. Primero, porque han divulgado la foto de la mujer que aparece en el vídeo con Dylan. “La fiscalía ha divulgado su foto y ha filtrado que es una menor, así que están vulnerando sus derechos”.

Martín señala, además, la falta de coordinación con las autoridades nacionales. “Hasta tres semanas después no se han coordinado con la federación”, argumenta. “La fiscalía debería haber avisado a la Comisión Nacional de Búsqueda, tenía que haberse coordinado con la Comisión para el operativo de rescate de esos 23 niños”, señala.

La insistencia de Juana ha puesto en marcha a las autoridades. La Comisión Nacional de Búsqueda va a mandar un equipo a Chiapas para trabajar mano a mano con la Fiscalía. La intención es doble. Por un lado, seguir con la búsqueda de Dylan. Y por otro, tratar de averiguar quiénes son los 23 niños rescatados.

Mientras tanto, el plan de Juana Pérez es volver a Chiapas y seguir buscando. Sabe que depende principalmente de ella. Su pareja, el papá de Dylan, se fue a Estados Unidos hace un tiempo a trabajar. La idea era ahorrar dinero para comprar un terreno en San Cristóbal y construir una casa. “Es que él se fue porque vivíamos en un cuarto que nos presta mi mamá y ya queremos tener nuestro terrenito”, explica la mujer.

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