Las heridas sin restañar de los niños yazidíes secuestrados por el Estado Islámico


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Las heridas sin restañar de los niños yazidíes secuestrados por el Estado Islámico

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FRANCISCO CARRIÓN

Jueves, 30 julio 2020 - 01:54

Amnistía Internacional denuncia que, seis años después del ataque del IS contra los yazidíes, 2.000 menores de edad que fueron soldados y esclavas sexuales del grupo no han recibido la ayuda psicológica

Una mujer yazidí prepara la comida en el campo de refugiados de Zajo.
Una mujer yazidí prepara la comida en el campo de refugiados de Zajo. FRANCISCO CARRIÓN

Fadi, un chico yazidí de 10 años, lleva alojado en su cuerpo trozos de metralla. Fue usado como escudo humano por las huestes del autodenominado Estado Islámico. Sahir fue convertido en soldado del califato con apenas 15 años. "Me obligaron a luchar. Tenía que hacerlo o morir. No había opción", dice. La misma edad tenía Bafreen cuando la vendieron como esclava sexual. Seis años después del ataque contra la comunidad yazidí en Irak, Amnistía Internacional denuncia este jueves que 2.000 menores de edad que pudieron sobrevivir al horror son víctimas ahora de una crisis psicológica y mental sin precedentes.

Tras recuperar la libertad, Bafreen -que había dado a luz a dos retoños durante su cautiverio- tuvo que padecer además la separación forzosa de sus hijos. "Dos mujeres y un hombre llegaron y se llevaron a la fuerza a mis hijos. Nunca olvidaré ese día. Nunca les perdonaré y tampoco a la comunidad yazidí porque todos estaban de acuerdo", denuncia Bafreen en el informe "El legado del terror: la situación de los niños yazidíes supervivientes del IS", elaborado a partir de entrevistas con 29 víctimas y decenas de testimonios de cuidadores, parientes, miembros de ONG y funcionarios.

A principios de agosto de 2014 el IS (Estado Islámico, por sus siglas en inglés) lanzó un ataque contra el monte Sinyar, el hogar en el noroeste de Irak de la minoría yazidí, seguidora de una fe vinculada al zoroastrismo que mezcla elementos de antiguas religiones mesopotámicas con los credos cristiano y musulmán y a cuyos fieles los yihadistas consideran "adoradores del diablo". Miles de yazidíes no lograron escapar y fueron capturados por los yihadistas. El informe cifra en 1.992 los menores de edad que regresaron con sus familiares tras ser secuestrados, torturados, obligados a luchar o violados, entre otras violaciones de los derechos humanos.

"En el curso de nuestra investigación hemos descubierto que las necesidades de las menores víctimas de violencia sexual y los que fueron niños soldados están lejos de ser satisfechas", reconoce a EL MUNDO Nicolette Waldman, investigadora de Amnistía. "Por ejemplo, el programa disponible para las supervivientes yazidíes de la violencia sexual ha descuidado en gran medida a las niñas, por lo que resulta esencial que los programas se adapten para cumplir con las necesidades de estas chicas", esboza.

"También hemos averiguado que los niños obligados a luchar para el IS se enfrentan a problemas de salud a largo plazo y discapacidades físicas como pérdida de brazos y piernas. Muchos han rehusado regresar a la escuela tras sufrir palizas y otras formas de tortura en los 'institutos' del IS a los que fueron obligados a asistir", agrega Waldman. Seis años después, el informe muestra las fallas que han impedido a los menores que pudieron sobrevivir al IS reintegrarse en sus comunidades, evitar el estigma y superar el dolor.

De los catorce niños soldados del IS entrevistados por Amnistía, más de la mitad reconoce no haber recibido ningún apoyo psicológico, sanitario o financiero tras un traumático retorno, marcado por la barrera lingüística -muchos hablan árabe y han olvidado el kurdo, impidiendo la comunicación con sus parientes-; la pérdida de identidad; las insistentes preguntas de sus familias para conocer los detalles de su cautiverio; o la intensa propaganda a la que fueron sometidos. "Cuando regresé, solo quería mantener mi religión [el islam] y no la suya. Al principio, seguía la ideología del IS por completo. Pensaba en rezar y me molestaba si alguien me interrogaba por la vida bajo el IS. Incluso, les defendía", relata Sabbah, reclutado forzosamente cuando tenía nueve años.

En el caso de las féminas, de entre nueve y 17 años, a los problemas médicos y psicológicos derivados de las violaciones sistemáticas que padecieron se suma la tragedia de aquellas que dieron a luz como resultado de esas relaciones sexuales no consentidas. Muchas se han enfrentado a la separación de sus vástagos por la posición del Consejo Espiritual Supremo Yazidí y la legislación iraquí, que establece que todo niño de un padre musulmán "desconocido" debe ser registrado como musulmán.

A Hanan, de 24 años, le arrebataron a su hija. Como tantas otras compañeras de sufrimiento, no ha vuelto a tener noticias de su retoño. "Mi sentimiento es como el de cualquier madre en esta situación. Hemos pensado en quitarnos la vida o lo hemos intentado. Somos seres humanos, tenemos nuestros derechos y queremos que nuestros hijos estén con nosotras. Por mala que fuera nuestra experiencia con el IS, estamos mucho peor ahora. Necesitamos una solución", suplica la joven.

Restañar las heridas -mediante el acceso a la educación, el apoyo psicológico oportuno y la aceptación de su comunidad- es una asignatura pendiente para la que Amnistía pide a las autoridades locales y las agencias de la ONU más recursos y más dedicación. "Para abordar todo esto, las autoridades nacionales deberían incluir a todos los menores como beneficiarios de cualquier iniciativa de reparación a las víctimas yazidíes de los crímenes del IS. Se dio un paso positivo en abril de 2019 con la presentación de un proyecto de ley conocido como 'ley de supervivientes femeninas yazidíes" pero el borrador tiene algunas deficiencias, incluida la ausencia de los niños como beneficiarios", subraya Waldman.

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