Fernando del Rincón, de la CNN: aún más duro que los golpistas


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Fernando del Rincón, de la CNN: aún más duro que los golpistas

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Se produjo una escena insólita en la CNN en español durante la última ola de protestas en Bolivia. Fernando del Rincón, el presentador mexicano del canal global con sede en Atlanta, arremetió contra el ministro del Interior del gobierno no electo, Arturo Murillo, por no emplear suficiente fuerza para reprimir las manifestaciones indígenas en favor de un adelanto de la fecha electoral. Sí, ustedes han oído bien, el periodista del canal progresista de Ted Turner, que apoyará a Joe Biden en las presidenciales en Estados Unidos, instaba un ministro de un gobierno de discutible legitimidad a desplegar las fuerzas armadas contra manifestantes que pedían la convocatoria  de elecciones.

Puesto que Arturo Murillo, en los nueve meses que lleva en el puesto, se ha mostrado más que dispuesto a usar la represión violenta en las protestas contra lo que muchos consideran un golpe de Estado, el ataque de Rincón fue, cuando menos, atrevido. Los bloqueos –según se indignó el presentador de la CNN– “constituyen un crimen de guerra y usted no hace nada. ¿Dónde está el ejército?”, increpó Rincón a Murillo, como si el ministro que dio carta blanca al ejército para reprimir las protestas indígenas en octubre fuese un blandengue. Fue sorprendente. Como si Christiane Amapour o Anderson Cooper reprocharan a Xi Jinping no ser lo bastante contundente con las protestas de Hong Kong.

Murillo se quedó callado durante la larga arenga de Rincón. Luego se disculpó: “Fernando, tú sabes que yo te tengo mucho respeto, tú y tu medio han ayudado a la democracia en nuestro país… pero corremos riesgo de guerra civil”. Rincón no quiso ser halagado. “¿Dónde está el ejército?”, insistió  mientras se ponía y quitaba unas gafas de pasta negra dudando de si resultaba más guapo con o sin ellas. “Si os descuidáis, os van a meter un golpe”, dijo, olvidándose de que el gobierno no electo en Bolivia es el de Murillo y, si se puede hablar de golpe, sería más bien lo que ocurrió en noviembre.

Recordemos que Morales renunció, bajo presiones militares, después de que una turba de policías amotinados hubiesen escoltado a dos líderes de la ultraderecha –Luis Fernando Camacho y Marco Pumari– al palacio presidencial en La Paz, donde dejaron una Biblia y una carta de dimisión presidencial que Evo tenía que firmar.

Hace falta tener mucha autoestima para exigir más mano dura a Murillo; hasta el punto de que el ministro reconoció al final que Rincón tenía razón y que habría sido mejor “meter bala” para desbloquear las carreteras. Porque Murillo fue quien dio luz verde a las masacres de campesinos en Sacaba, en Cochabamba, en noviembre, y luego en Senaka, El Alto, donde el ejército abrió fuego contra los manifestantes, horas antes de que Áñez y Murillo hubieran decretado la exención de responsabilidades penales para los autores de los asesinatos. Nueve meses después siguen impunes, como denunció Amnistía Internacional la semana pasada.

Murillo tiene motivos personales para cargar contra Evo Morales y el movimiento indígena. Su casa fue incendiada durante los días de caos antes de la renuncia de Morales. Es un político que quiere vengarse y no le tembló la mano a la hora de dar la orden de disparar en Sacaba y Seneka y luego decir que las balas que mataron a una veintena de personas no procedían de las fuerzas de seguridad, sino de los propios manifestantes. Murillo odia tanto a Evo Morales que ha pactado con los fiscales para que investiguen –al inicio de la campaña electoral– un supuesto delito de pedofilia del expresidente.

De modo que ver a Rincón despotricar contra Murillo por no ser suficientemente duro con los movimientos sociales y sindicatos no deja de ser chocante. A fin de cuentas, la CNN es el canal preferido de la cúpula del Partido Demócrata. Un medio respetado. No es un OK Diario o un ABC sino la plataforma progresista del exmarido de Jane Fonda. Rincón no es un periodista con una agenda “ultra” como Alejandro Entrambasaguas, que busca cada semana una nueva teoría de la conspiración en los Andes bolivianos para usarla contra Pablo Iglesias, y luego quejarse de ser víctima de la intolerancia cuando alguien protesta.

CNN no puede hacer esto. Necesita fundamento y alguna relación con lo que ocurre de verdad. Rincón tiene que peinarse y vestir trajes aceptables en Nueva York y no solo en el Barrio de Salamanca. Tiene que convencer a una audiencia masiva, relevante, y no solo a los que alternan el escrache de Galapagar con el homenaje en el Valle de los Caídos. CNN deja esos para Fox y Breitbart.  Atlanta y Nueva York no son Madrid y Barcelona, donde un artículo que reproduce información sólida y técnica, publicada ya en el Washington Post (y después en el New York Times) sobre la posible ausencia de fraude en las elecciones bolivianas  de octubre pronto será tachado de  “chavista” (tengo conocimiento de causa). La CNN no puede hacer esto porque sus telespectadores, al menos en Estados Unidos, son los que leen el Washington Post y el New York Times.

Por eso las exhortaciones de mano dura contra los manifestantes prodemocracia en Bolivia de Rincón son más preocupantes. A fin de cuentas, si Rincón cree que hay que desplegar al ejército para disparar contra manifestantes que defienden el calendario electoral anunciado antes de la pandemia,  ¿no deja en un lugar difícil a Don Lemon de la CNN, que acusa a Donald Trump (con toda la razón) de poner en riesgo la democracia estadounidense cuando propone aplazar las elecciones presidenciales por la covid-19?

Increíblemente, dos días después de hablar con Murillo, Rincón hizo lo mismo con la mismísima presidenta, Jeanine Áñez, instándola a usar la fuerza contra los indígenas. Todo esto en un canal que se identifica con la causa de los pueblos originarios cuando se trata de comprar un pendiente de artesanía navajo o abrazar un árbol en California.

Afortunadamente, gracias al papel mediador del propio Morales y a la sensata gestión de la crisis por parte de Salvador Romero, presidente del Tribunal Supremo Electoral (TSE) boliviano, se ha podido llegar a un acuerdo para desbloquear las carreteras y allanar el camino a las elecciones sin más muertes. Habría que reconocer que Añez y Murillo, políticos de la derecha más dura de América Latina, se han portado de forma más responsable en esta crisis que la CNN.

Rincón es uno de esos narcisistas del nuevo periodismo latino, aún más que el presentador de Univisión Jorge Ramos, con un afán inagotable de protagonismo. Ramos busca protagonismo al meterse con Trump o Maduro o Bernie Sanders, y gana millones de  seguidores en Twitter promocionándose como un valiente luchador contra el populismo en nombre del periodismo libre, aunque sea periodismo libre de Univisión. Pero Rincón –ex Univisión– está aún más enamorado de sí mismo. Nicolás Maduro tuvo razón cuando lo calificó de periodista guarimbero. Eso lo comprobé en el puente de Santander en Cúcuta en la frontera venezolana-colombiana el día de aquella operación supuestamente humanitaria en febrero de 2019. Rincón llevaba el uniforme de la guarimba, polo color negro y un pañuelo blanco para taparse la cara cuando llegaba el gas lacrimógeno y animaba a los jóvenes a tirar cócteles molotov contra la guardia bolivariana. Luego, cuando ardió un camión, Rincón apareció delante la cámara y, con pasión e indignación, anunciaba: “¡Ellos lo quemaron!”, en referencia a los policías venezolanos. “¡Yo lo vi! .¡Yo lo vi!”, repetía como un grabado de Goya.

Esa fue la señal para que el ejército habitual de tuiteros compulsivos del departamento de Estado –Pompeo, Pence, Bolton– lanzaran su batería de mensajes acusando a Maduro de quemar los alimentos  que la agencia de ayuda USAID había transportado generosamente a la frontera en aviones militares.  Pronto se sumaron otros tuiteros de la derecha española, como Beatriz Becerro o Esteban González Pons, repitiendo la consigna del día: “Maduro quema la ayuda que iba dirigida a su propio pueblo hambriento”. Debió de ser verdad porque Fernando del Rincón y la CNN lo vieron. Nadie podría decir que eso fue otro bulo de OK Diario. Pero los que hicieron un mínima labor periodística aquel día en Cúcuta enseguida se dieron cuenta de que el incendio difícilmente pudo ser obra de la guardia boliviana. Pronto trascendió que el origen del fuego fue precisamente un cóctel molotov como los que Rincón animaba a lanzar a los guarimberos contra los policías venezolanos al otro lado del puente. El New York Times lo explicó unos días después con pelos y señales. Pero Rincón jamás rectificaría.

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