El día que despabiló a Venegas (+Fotos)


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El día que despabiló a Venegas (+Fotos)

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Hace 15 días Venegas anda en vilo y es un desierto, a cualquier hora. Foto: Vicente Brito/ Escambray.

Por Dayamis Sotolongo.

No hay más límites y, acaso, no hacen falta. Una soga va atándose de poste en poste, de cuadra en cuadra, acordonando hasta los temores que se propagan sin querer más allá de las barreras. En medio de esas cuerdas han quedado 28 viviendas en Venegas y 12 en Pueblo Nuevo, ese sitio distante del primero a solo un kilómetro. Todos los que habitan en dichos hogares están en cuarentena, aunque no son los únicos que permanecen dentro de sus casas.

En la otra esquina, en aquel barrio distante o en lugares tan intrincados como Bella Mota no existen cintas encerrando las sospechas, pero hay personas que tampoco salen ni al portal, que miran por detrás de las ventanas, que amanecen con el termómetro debajo del brazo en lugar del aparejo de las bestias, que se erizan con tan solo escuchar el timbre del teléfono.

Hace 15 días Venegas anda en vilo y es un desierto, a cualquier hora. Ya la gente no entra sin permiso hasta el patio del vecino como si fuera el suyo, ya no hay tazas de café que se alcancen por las cercas, ya nadie se detiene a hablar con nadie. El pasado 11 de septiembre, cuando la COVID-19 empezó a ser allí una sospecha para convertirse dos días después en la peor de las certezas, la vida dejó de ser la apacible rutina que suele rondar a los pueblos de campo.

Dentro de la comunidad se han realizado 435 PCR, aclara el doctor Omar García Rodríguez, especialista de primer grado en Medicina General Integral. Foto: Vicente Brito/ Escambray.

Un suceso para la historia

Todavía no había clareado del todo el 27 de agosto cuando la guagua salió desde Venegas con destino al hotel Village Costasur, en Trinidad. En aquella travesía de norte a sur de la provincia espirituana se enrolaron 26 personas —todos eran familiares o amigos— para vacacionar, sin sospechar siquiera el desasosiego que les traerían los días de descanso.

“Estuvimos en el hotel desde el 27 hasta el 29 de agosto, confirma a Escambray Alexander Castro Pérez, el primer paciente diagnosticado con el SARS-CoV-2 en el Consejo Popular de Venegas. A más de una semana de haber regresado, mi hija Maura, de 16 años, empezó con falta del paladar y del olfato, como si tuviera catarro y, luego, mi mujer con mucha fatiga y decaimiento. Mandamos a buscar al médico a la casa y ahí empezó el corretaje”.

Pero antes ya la epidemióloga que trabaja en el policlínico de Venegas había escuchado por la radio de la confirmación del paciente de Ciego de Ávila, también huésped del Costasur en esa fecha, y había propagado todas las sospechas.

“Esa fue la suerte”, asegura el doctor Omar García Rodríguez, especialista de primer grado en Medicina General Integral y quien también apoya en las acciones de Epidemiología del área de salud. Desde ese mismo momento se aislaron en sus casas las 26 personas que habían ido al hotel y el 13 de septiembre, al diagnosticarse el primer caso positivo a la COVID-19, comenzó el aislamiento de los contactos de los confirmados y de los contactos de estos contactos”.

Es un trabalenguas, quizá menos complejo que la situación epidemiológica que ha infectado a Venegas.

Un total de 224 familias, que aglutinan a 705 personas, están en Venegas bajo ingreso domiciliario. Foto: Vicente Brito/ Escambray.

Tanto, que de las 10 828 personas que habitan en esta área de salud —que abarca desde Iguará hasta Los Ramones— 6 693 habitantes están involucrados de algún modo en el evento del Village Costasur, al cual se han relacionado los casos positivos de la localidad, entre los que se incluyen residentes en Venegas, Perea e Iguará.

“Más de150 ciudadanos se encuentran aislados en centros fuera del área y 224 familias, que aglutinan a 705 personas, están aquí bajo ingreso domiciliario —señala García Rodríguez—. A todos los visitan diariamente el médico y la enfermera, les toman la temperatura y si alguno de los casos aparece con sintomatología se activa el sistema, la ambulancia lo recoge directamente en su hogar y lo traslada hacia Sancti Spíritus”.

De ese ir y venir de casa en casa puede dar fe Marcia Díaz Guardarramos, la doctora del consultorio No. 8, enclavado en la comunidad: “Ha sido una tarea ardua, porque hemos tenido que trabajar con contactos directos de casos positivos y el temor es lo primero que nos llega a la mente. Mi esposo está aislado y tengo una niña de tres años y en eso uno piensa mucho al tener que exponerse. Pero vamos con caretas, gorros, sobrebatas, nasobucos, guantes… y las personas han tenido percepción de riesgo y nos han apoyado. Es difícil, pero lo estamos haciendo con mucho amor”.

Han sido médicos y, al mismo tiempo, guías para acompañar hasta los lugares más intrincados a los técnicos que han acudido a hacer exámenes de PCR en tiempo real.

“Dentro de la comunidad se han realizado 435 PCR —aclara el doctor Omar—, se lleva a cabo un estudio poblacional aleatorio para medir si tenemos transmisión o no y hasta el momento no tenemos. Se toma una primera muestra y otra al quinto día de esta; hasta ahora la mayoría han resultado negativas. Todos los días terminamos sobre las tres de la madrugada”.

Y no tendría que confesarlo, basta mirarle los surcos negrísimos que asoman por encima del nasobuco y que delatan no pocos desvelos, como los de tantos allí. Se conoce al dedillo todo, por eso no ha sido difícil “encadenar” a una persona con otra y aislar a la mayoría posible. En Venegas, la familiaridad germina sin abonos y ha sido esa virtud, tal vez, la causa de tantos contagios.

Yoandy Aguiar Fernández, el presidente del CDZ, especifica: “Se prohibió la entrada y salida a Venegas, excepto para garantizar servicios vitales. Foto: Vicente Brito/ Escambray.

Aislados, pero atendidos

Hasta la misma puerta de la casa a Lannier López Iglesias le han llevado el pan, viandas, refresco, dulces y todo cuanto ha distribuido el Consejo de Defensa de Zona (CDZ). No ha sido el único, en una estrategia que reparte la equidad de hogar en hogar, se ha establecido que los 18 mensajeros que prestan servicios allí les lleven los suministros que lleguen, primero, a todas las personas que están aisladas y, después, al resto de la población.

Lo ha practicado sin descanso Rigoberto Reinaldo García, profesor de Educación Física y miembro del Comité Municipal del Partido: “En todo Venegas no hay personas en las calles, sí pueden circular porque hay casas que no están aisladas; pero al mercado y a las placitas no va nadie a comprar. En un coche con representantes de los organismos se abastece a toda la población para garantizar el distanciamiento”.

Ha sido una de las medidas tomadas para intentar contener contagios. Desde el puesto de mando, donde desde hace casi una semana duerme y amanece todos los días, Yoandy Aguiar Fernández, el presidente del CDZ, especifica: “Se prohibió la entrada y salida a Venegas, excepto para garantizar servicios vitales. A partir de las cinco de la tarde hasta las seis de la mañana tenemos prohibida la circulación y por el día está restringido el traslado de La Dalia y de Pueblo Nuevo a Venegas”.

Se han levantado, además, dos puntos de desinfección, se han proscrito las reuniones informales en cualquier sitio, se han elaborado notas informativas diarias y a fuerza de altoparlantes se divulgan por las calles hasta de las comunidades más intrincadas, se ha exigido más el uso del nasobuco. Pero si todo ha podido lograrse es gracias a la receptividad del pueblo.

No lo duda el campesino Orlando Medina Roig, al frente del grupo económico social y con más de dos décadas de delegado de Pueblo Nuevo: “Aquí la gente es muy, muy disciplinada. No ha habido que depender de nadie ni para estibar un producto ni para llevar las cosas hasta las casas, el pueblo ha ayudado sin interés alguno”.

En Venegas se han levantado, además, dos puntos de desinfección. Foto: Vicente Brito/ Escambray.

Y que lo diga Jesús Javier Alemán, quien ha puesto su guaripola, como le nombran allá a su improvisada motoneta, al servicio de todos. Quizás lo más riesgoso fue surcar el camino aledaño hasta Iguará para buscarle los pomos de agua mineral al niño que tiene un solo riñón y no puede beber otra agua; mas, detrás del volante hay muchas historias. “Esto es para lo que haga falta, sin horarios”.

Y es la nobleza de todos que contagia por encima del nasobuco. Son esos lazos de familiaridad que atan a uno con el otro sin remotamente llevar el mismo apellido. Es la preocupación de muchos que todos los días, en aquel ranchón, llevan a punta de lápiz hasta la más mínima de las inquietudes.

“Lo que complicó esto es la familiaridad tan grande que hay en esta comunidad, como en ningún otro lugar del mundo”, recalca sin temor a equivocarse Pedro Luis Morlote Gutiérrez, vicepresidente del CDZ.

El 13 de septiembre se diagnosticó el primer caso positivo a la COVID-19 en Venegas. Foto: Vicente Brito/ Escambray.

Es la estampa que retrata a Venegas de pies a cabeza, aunque ahora mismo luzca tan distinta: la carpa azul a la entrada del pueblo, las calles silentes, las sogas batiendo entre el susto y las casas, como nunca, a puertas cerradas. Venegas parece adormecido, solo parece, porque dentro y fuera mucha gente anda sin pegar un ojo.

(Tomado de Escambray)

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