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Diez años de WikiLeaks: de poner en jaque a gobiernos al silencio informativo

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PABLO SCARPELLINI

Los Ángeles

Domingo, 26 julio 2020 - 02:01

En julio de 2010, la plataforma de Julian Assange publicó documentos clasificados sobre las operaciones militares de EEUU en Afganistán, el comienzo de filtraciones masivas que alteraron elecciones y pusieron en jaque a varios gobiernos

La diseñadora Vivienne Westwood protesta a favor de Assange.
La diseñadora Vivienne Westwood protesta a favor de Assange. EFE

Han pasado 10 años desde la primera gran bomba informativa de WikilLeaks. Fue el 25 de julio de 2010. Ese día, la organización fundada por Julian Assange se dio a conocer a nivel global con la publicación de más de 90.000 documentos clasificados sobre las operaciones militares de Estados Unidos en Afganistán, incluyendo la muerte de civiles durante el conflicto. Más tarde vendrían los papeles sobre abusos y vejaciones en Guantánamo o los célebres 'emails' de Hillary Clinton que presuntamente le costaron las elecciones de 2016. Una década después WikiLeaks, el medio desde el que se filtraron grandes escándalos políticos y financieros, parece haber perdido fuelle.

Su documento más reciente sobre Inteligencia es de diciembre de 2018. Y su principal fuente durante años, el entonces soldado Bruce Manning, vive alejado de las esferas en las que tuvo acceso a material clasificado, en libertad de nuevo tras salir de prisión en marzo de 2020 y disfrutando de su nueva identidad -se llama Chelsea Manning- tras un cambio de sexo. En internet hay foros que se preguntan si WikiLeaks sigue activo después de un largo periodo de silencio.

En realidad, la última vez que la plataforma hizo daño fue durante la campaña presidencial de 2016 con la filtración de los correos electrónicos de la ex secretaria de Estado. A Assange se le vinculó entonces con la trama de injerencia rusa en los comicios estadounidenses y su intento de favorecer a Donald Trump.

No parece tarea sencilla recuperar el lustre perdido con Assange fuera de combate. Tras siete años de exilio en la embajada de Ecuador en Londres, el programador de ordenadores australiano, activista y héroe para muchos, está en una prisión británica. Ingresó el 11 de abril de 2019 por violación de la libertad condicional en relación a un caso con la justicia sueca. Assange fue acusado de abuso sexual a dos mujeres durante una estancia en Estocolmo para una conferencia.

El fundador de WikiLeaks, Julian Assange.
El fundador de WikiLeaks, Julian Assange.AFP

Tras gozar de la protección del Gobierno ecuatoriano durante siete años, los desencuentros de Assange con la embajada sudamericana le llevaron a entregarse y enfrentar la justicia británica, con una petición de extradición de fondo desde Estados Unidos por espionaje. El activista, erigido en adalid de la verdad durante años, negó las acusaciones de la justicia sueca y dijo que eran una excusa para extraditarle a EEUU, donde sus filtraciones levantaron ampollas durante el gobierno de Barack Obama.

Se ha hablado y mucho sobre su estado de salud. Un informe firmado por 216 profesionales médicos de 33 países hace unos meses denunciaba su mal estado y la urgencia de sacarlo de prisión. Hay pocas probabilidades de que eso vaya a suceder pronto.

Bajo su dirección, Wikileaks se convirtió en la plataforma de filtraciones más notoria del planeta. Fundada en 2006, "comenzaron diciendo que eran una fuente de Inteligencia abierta o una agencia de inteligencia para la gente", según explicaba James Ball, ex miembro de WikiLeaks y autor del libro 'Post Truth'. "Igual que la CIA o la británica GCHQ destapan secretos para sus gobiernos, la idea de WikiLeaks era conseguirlos para todo el mundo".

Su primer golpe fue en diciembre de 2007, cuando publicaron el manual de la Armada de Estados Unidos para soldados a cargo de prisioneros en Guantánamo. En abril de 2010 se hicieron con el vídeo militar clasificado sobre el helicóptero Apache desde donde mataron a dos periodistas y a un grupo de civiles iraquíes en 2007. Y en julio de 2010, airearon gran cantidad de documentos en los que se detallaba la actividad militar en Afganistán, desde la muerte de civiles hasta el proceso de búsqueda y captura de Osama Bin Laden.

Lo de Guantánamo fue capítulo aparte. Los papeles revelados daban cuenta de abusos a presos aunque fueran inocentes. En la cárcel militar en Cuba había adolescentes, campesinos e incluso ancianos en estado de demencia senil sin vínculo alguno con la Yihad a los que torturaron y mezclaron con verdaderos terroristas.

La informante Chelsea Manning.
La informante Chelsea Manning.REUTERS

Nada de eso se hubiera sabido sin la intervención de la mayor informante de la historia de Estados Unidos, Chelsea Manning. La ex analista de Inteligencia para el ejército americano filtró más de 750.000 documentos a la organización de Assange y fue condenada en julio de 2013 por violaciones a la ley de espionaje de 1917, entre otros cargos. Estuvo en la cárcel entre 2010 y 2017 hasta que el presidente Obama le conmutó gran parte de la pena.

Durante su estancia en prisión, anunció su intención de someterse a un cambio de sexo, pero se lo impidió el hecho de estar en una cárcel militar para hombres, donde trató de suicidarse en dos ocasiones.

En marzo de 2019 volvió a ser arrestada por negarse a declarar ante un gran jurado sobre las mismas filtraciones y en marzo de este año intentó quitarse la vida de nuevo en un centro de detención en Alexandria, Virginia. Un día más tarde, un juez federal ordenó su puesta en libertad. La multa de 256.000 dólares que le impusieron por negarse a declarar la pagaron sus seguidores a través de una campaña de crowdfunding. Ahora vive en Brooklyn.

Cuando entró en contacto con Assange era un analista de inteligencia de 22 años de bajo rango que comenzó a recopilar información clasificada desde su puesto en Irak. Manning puso en el mapa a WikiLeaks, un portal desconocido hasta entonces. Sostiene que su intención era denunciar la matanza de civiles inocentes durante ambos conflictos, escandalizada por lo que estaba viendo.

Le dio un vuelo inusitado a una plataforma que ahora yace en silencio pero que mantiene, de momento, el mismo lema. Así lo dejó escrito la antigua editora de la publicación, Sarah Harrison. "Publicamos sin temor ni favores, arrojando transparencia sobre facciones poderosas e instituciones secretas, sin tomar partido alguno excepto el de la verdad".

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