Aniversario 70 de la TV Cubana: Mirtha Muñiz, Jesús Cabrera y Xiomara Blanco


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Aniversario 70 de la TV Cubana: Mirtha Muñiz, Jesús Cabrera y Xiomara Blanco

2 semanas publicado 25
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Mirtha Muñiz era publicista y viajó a Estados Unidos, enviada por Gaspar Pumarejo, a buscar los equipos que aquel 24 de octubre de 1950 dieron la primera señal televisiva en Cuba, tercer país de América Latina en tener televisión.

-¿Cuál es el recuerdo más nítido que tienes del primer día de televisión en Cuba?

-Ahora que me preguntas te respondo con dos palabras: tensión y cansancio.

- ¿Sentías que estabas asistiendo a un acto que marcaría historia?

-Plenamente consciente, pues ese día fue el resultado de muchas jornadas de trabajo desde que serví de intérprete a Gaspar Pumarejo con dirigentes de la RCA Víctor y Humara y Lastra, sus representantes en Cuba,  para la adquisición de los equipos hasta cuando el mismo primer día nos preguntamos quien nos iba a ver, porque aún no había muchos televisores en las casas y yo propuse coordinar con las tiendas para ponerlos en las vidrieras y mantenerlos encendidos. Fue muy hermoso ver como la gente disfrutaba por primera vez la televisión. Además, Pumarejo se encargó de hacérnoslo entender cuando nos reunió el día antes y entregó a todos y cada uno de los que trabajábamos una carta bien importante, asignando tareas a cada uno. Te copio un párrafo: “Agradezco anticipadamente desde lo más profundo de mi alma, la cooperación que me brinden mañana, día señaladísimo en los anales no sólo de la historia de Unión Radio y Unión Radio Televisión, sino en la historia de Cuba, ya que nos cabe la gloria de haber sido los primeros en incorporar nuestra patria al más moderno invento de nuestra época.” Tengo la carta en mi poder con la organización y la asignación de tareas. Nombres de actrices como Raquel Revuelta, periodistas como Juan Emilio Friguls, locutores como Roberto Canela, entre otros que aparecen en esas listas que son realmente  los verdaderos fundadores  de la televisión en Cuba.

- ¿Que era la televisión para ti entonces? ¿Cómo llegas a ella?

-Pudiera decirte que para mi la televisión fue como el inicio de un gran amor. Era posible por primera vez transmitir al público una unión casi mágica de dos expresiones artísticas: la voz de la radio y la presencia física del teatro. Eran los años cercanos al fin de la guerra mundial y la posibilidad de ponernos al tanto de lo que ocurría en el mundo. Yo trabajaba en Unión Radio y como en cualquier emisora pequeña hacía casi de todo, desde secretaria de Pumarejo, hasta copista de libretos, pasando por ocuparme de los comerciales de la pelota, narrada entonces por Felo Ramírez y René Molina, hasta dirigir programas como uno memorable de historias favoritas de Marcelo Agudo. Estaba bien inmersa en la programación y la organización, junto a Enrique Pumarejo. Por eso Gaspar nos lleva a Enrique y a mí las conversaciones con la RCA.

Jesús Cabrera

Decir Chucho Cabrera es hablar de la fundación de la televisión, pero también de  los míticos seriales En silencio ha tenido que ser y Julito, el pescador. También fue el fundador de la Facultad de las Artes de los Medios de Comunicación Audiovisual, (FAMCA)

Cuando vi la televisión en Cuba empiezo a averiguar. Me entero por mi hermana que un enamorado que tenía mi sobrina empezaba a trabajar en televisión. Hablé con él y

me dijo que, aunque no había plaza, que fuera. Un día de noviembre que termino temprano, exactamente el 3 de noviembre de 1950, fui y me dijo: mira, por ahí viene Barquín.

Yo le voy a decir que tú conoces algo de televisión y estuviste varias veces en la NBC. Cuando llega Barquín, que era ingeniero y jefe técnico de Unión Radio, me presentó

como su tío y me preguntó si quería trabajar en la televisión. Le respondí que sí, pero me dijo que no tenía plaza, aunque le hacía falta una gente así como yo para que ayudara a subir los hierros de la torre que estaban poniendo en Mazón y San Miguel.

No esperé al otro día. Enseguida hablé con el responsable –un hombre a quien le llamaban el Guajiro– y empecé a trabajar.

Le dije a mi hermana que vendiera mi plaza, que no iba a seguir trabajando. Estuve seis meses sin sueldo. Cuando se terminó la instalación de la torre pasé al Estudio 1, que era chiquito. Allí se transmitía un programa a las nueve de la mañana

que era de ejercicios, hasta las once que entraba el de Nitza Villapol, «Cocina al minuto». Después había un pequeño noticiero y luego un receso hasta las siete de la noche, cuando Alberto Gandero transmitía un noticiero un poco mayor. Yo limpiaba y alineaba las cámaras y me ponía a hacer un dolly, un dolly back…, y aprendí cómo el foco variaba; es decir, cuando yo iba hacia delante, variaba el foco hacia atrás. Entonces un día falló el camarógrafo que le tocaba y me preguntaron si me atrevía a hacerlo. Respondí que sí, y Nitza quedó maravillada conmigo. Recuerdo que dijo: ¡qué bueno es Chucho!

Le cogí las uñas casi dentro del bol donde ella preparaba las cosas y eso fue suficiente: me quedé fijo. En ese estudio estuve como dos o tres meses hasta que pasé a otras cosas y me hice camarógrafo.

Llegó 1953, que es cuando Barleta compra Mazón y San Miguel, es decir, el Canal 4, porque Tele Mundo estaba listo, pero no tenía quien le operara la planta. El último programa que hice como camarógrafo –porque muchos de los camarógrafos pasamos a directores para trabajar en los dos canales– fue «Viernes de gala», con Lecuona, el primero que hice como director. Allí estuve hasta 1954. También realizaba un programa que se llamaba «Tierra adentro», que escribía Paco Alfonso, y un grupo que hacía «Esta noche a las 9», un programa policíaco que yo pedí que me lo dieran porque siempre me gustó ese género. Lo escribía Félix Pita o Marcos Behemaras. Ese mismo año le organizamos una huelga a Barleta y nos botó. Formamos un sindicato,

hicimos una solicitud porque yo seguía ganando 150 pesos como director, lo mismo que ganaba como camarógrafo, y eso no era justo. El caso es que al otro día nos llamaron a todos y nos dieron seis meses de sueldo, y nos quedamos en la calle.

Xiomara Blanco

Decir Tierra Brava es recordar un momento en el que una obra paralizó al país.  Xiomara Blanco  su artífice, también de El naranjo del patio y de múltiples guiones.

-¿Cómo te inicias en el mundo de la comunicación?

-Estudiaba en la Universidad de La Habana Licenciatura en Periodismo. Un día fueron para seleccionar alumnos con el fin de darles un curso y que ingresaran en la Radio. Escogieron veinticinco. Yo entonces quería ser corresponsal de guerra, por eso quería ser periodista, pero me convencieron y entré con el grupo. Nos dieron un intensivo de un año, mañana, tarde y noche. Hacía falta por el éxodo que se había producido al triunfo de la Revolución, decían que había que echarle “sangre nueva” a los medios. De ese grupo de 25, sólo quedo yo, aunque también está Mirta González Perera que aunque no estudiaba periodismo se encontraba muy cerca de nosotros por su esposo, y también se mantiene. ¿Sabes quiénes estaban entre los profesores?... pues Honorio Muñoz, Félix Pita Rodríguez, Enrique Román, Iris Dávila, Odilia Romero, Carlos Irigoyen Sierra, José A. Caiñas Sierra, etc. Eso pasó en 1964.

-¿En que momento hiciste tuya esa mirada de género que caracteriza tu obra? ¿Por qué le concedes tanta importancia?

Creo que siempre tuve mirada de género. Pero la visualicé en  un  encuentro  que   en  1993, realizó Irma Armas, en el Centro de Prensa Internacional, que se llamó algo así como Mujer y comunicación. Ahí un grupo de mujeres nos enteramos de que no sabíamos nada de nada en cuanto a género, roles y lo demás. Coincidió en ese momento que al frente de la UNICEF acá estaba el Sr. Luis Zúñiga, quien me vio interesada en el tema y me ofreció una serie de materiales, manuales sobre género de un encuentro que se había efectuado recientemente en Colombia. Me los bebí y pude enterarme de que todo lo que yo creía estaba pensado y escrito, que había una filosofía del asunto. Después un grupo nos dedicamos a estudiarlo  profundamente, en MAGIN, un grupo de estudios de género. Así tuve la reafirmación más grande de la vida: yo no era igual a los hombres, pero tampoco era inferior a ninguno. Que no había que ser ni tan fuerte, ni insensible, ni brusca, ni tierna, para ser tan pensante como quería ser y de hecho trataba de ser. Dejé de creer en la mentira que había visto en madres y abuelas. Por cierto, no en mi casa. Y desde luego eso ayudó mucho. Este tema me fascina. Cómo hay tela por donde cortar…

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