Aniversario 70 de la TV Cubana: Maité Vera, Gerardo Fernández y Freddy Domínguez


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Aniversario 70 de la TV Cubana: Maité Vera, Gerardo Fernández y Freddy Domínguez

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Maité Vera. Foto: Archivo

Múltiples obras escribió Maité Vera, primero para el teatro, y luego para la televisión como La peña del León, El viejo espigón o Al compás del son, populares y aceptadas por la crítica. Pero ella amó a todas sus piezas, incluso  a las que le maltrataron al llevarlas a imagen y sonido.

- ¿Cómo llegas al Seminario de Dramaturgia del Consejo Nacional de Cultura, dirigido por Osvaldo Dragún?

Como te expliqué al triunfo de la Revolución me llaman para el Instituto de Geodesia y Cartografía, que de una pequeña y olvidada oficina, se convirtió en una gran institución que pasó al mando del Ministerio de las Fuerzas Armadas, así que fui personal civil de las FAR durante todo ese tiempo. Igual que a la mayoría del pueblo, el triunfo de la Revolución me devolvió la fe en la vida y las ganas de hacer. Tenía entonces 28 años, un matrimonio que acabó por desbaratarse y un hijo. Con todo y eso, yo no paraba, el momento que vivía me fascinaba, siempre había envidiado a mi abuela, porque había conocido a Maceo y había podido coser banderas cubanas y ser testigo de situaciones históricas grandiosas.

Quería hacer cosas, pintaba murales en las paredes de mi trabajo, y me fui a las clases que aquel entonces daban en la Biblioteca  nacional, sin ningún requisito, jóvenes y magníficos profesores  universitarios, Historia, con Moreno Fraginals, literatura con Roberto Fernández Retamar, Dramaturgia con Mirtha Aguirre, y como siempre me había encantado el teatro, al que me aficioné sobre todo por la radio, fue a la clase que asistí con mas asiduidad. Allí conocí  a Gerardo Fulleda, Eugenio Hernández, José Ramón Brene...

Conmigo asistían mis hermanos, Alberto y Piloto, que trabajábamos juntos, y querían aprender dramaturgia para hacer música a comedias, como lo lograron después. Allí escribí mi primera obra teatral en un acto, la cual me robaron ellos y la presentaron porque yo no me atrevía. Esa obra Nuevas Raíces, recibió premio en el primer Concurso de Instructores de Arte y fue por la que me escogieron para el Seminario de Dramaturgia.

- ¿Cuándo y por qué te acercas a la televisión?

Fue el querido amigo Idalberto Delgado, al que me unía su sala de teatro Idal, quien me avisa que su programa Cachucha y Ramón, necesita escritores. Yo veía mucha televisión, presenté un libreto y me aceptaron, escribí durante dos años y medio. Después pasé un curso para asistente de dirección, y luego me dejaron fija como asesora del programa Detrás de la fachada para el que también escribía un libreto mensual, siempre el que tenía algún tema actual, más comprometido, Luego pasé como escritora a sueldo fijo, y escribí mi primera aventura,  de tema histórico. El Gran Almirante, el que prometí solo hacer 50 libretos y terminé con 160.

- Si tu obra también pertenece a las tablas, es en la pequeña pantalla que alcanzaste popularidad ¿no tuviste prejuicios de caminar del teatro al set televisivo, considerado este último poco cultural por no pocas personas?

Nunca consideré la televisión como un medio poco cultural, en ese momento por ejemplo, un director era Marcos Behemara, un hombre genial, y guionista Carballido Rey, uno de los escritores más considerados, con muchos libros publicados, profesor… Por la televisión habían pasado durante años, personalidades como Raquel Revuelta, Berta Martínez, Enrique Núñez Rodríguez…

Si era, hasta el triunfo de la Revolución, un medio comercial, donde se pagaba mucho, pero tenía muchos artistas y escritores de gran valor, y claro sólo pude llegar a él, porque existía una revolución, pero además técnicamente, era en aquel entonces muy parecido al teatro, pues se hacía en vivo y en directo, mi experiencia teatral me resultó vital, y además en aquel entonces, guionistas, eran los que hacían los guiones de programas musicales o informativos, los que hacíamos dramáticos, éramos considerados tan escritores como los de teatro.

- ¿Qué ha sido la televisión para ti?

El medio más amplio donde me he podido expresar de  muchas formas. Creo que no hay género que no haya escrito. Hasta formé parte del equipo de escritores de el programa informativo Cuba Va, que dirigía Jesús Cabrera, mi maestro en muchos géneros televisivos, A él, y a Carballido Rey, les debo conocer los secretos de la técnica de televisión. Me encanta escribir para la TV, porque se puede inventar, cambiar, tratar de no repetirse, en fin arriesgarse cada vez que uno sale en pantalla ante millones de gente.

-  ¿Cuál es el secreto para que una pieza televisiva sea popular?

Ahora si me la has puesto en China. Mi secreto es que el tema debe ser atractivo, ya sea actual o histórico. Que su tratamiento dramatúrgico debe corresponder a la época en que se vive y estar actualizado, pero sobre todo que el autor lo sienta, lo disfrute junto al colectivo que lo realiza. Incluso si no se logran grandes resultados estéticos, este sentimiento de satisfacción se le trasmite al público y puede resultar  muy positivo. Claro que nada de esto es absoluto.

Gerardo Fernández

Gerardo Fernández. Foto: Portal TV Cubana.

Actor primero, Gerardo Fernández  es un guionista devenido investigador y maestro, en Cuba y otros países. A su pluma se deben numerosas obras, pero hay dos que no se pueden soslayar: La botija y El naranjo del patio.

-  Háblame de tu primer acercamiento a la televisión que un día te oí decir que fue fallido.

Mira, para explicarte esto tengo que remontarme a la lucha que en esos primeros tiempos sosteníamos para abandonar los modos de hacer melodramáticos de entonces. Aunque como actor, provenía de un medio teatral donde se discutía mucho de géneros y de política: recuerdo las tertulias que se daban en lo que para aquel entonces era la casa de Mario Balmaceda, (los almacenes de la escenografía de las Brigadas,) y, aunque aún no tenía una formación estética, inmediatamente me adherí al rigor de Julio Batista en este sentido: guerra a la banalidad.

No sabía de técnica, pero sí de que aquello no jugaba con los intereses de nuestra renovada sociedad. Pero entonces me llaman de la televisión y me dicen que es necesario que yo asuma el espacio de la telenovela, pero que no podía ser radical, que había que entrarle poco a poco al cambio.

Mira, lamentablemente lo asumí como una necesidad del país y de forma disciplinada hice lo que hoy sé que no puede hacerse: edulcorar la realidad, bajar a la calle, pero en melodrama. Y, para colmo, los mismos que me habían hecho el pedido, terminaron diciéndome que lo único que le había faltado a la telenovela era el anuncio de la Coca-Cola.

- ¿Qué significó La Botija en tu carrera?

La madurez. La Botija para mi es entrañable, primero porque se la debo a Onelio Jorge Cardoso. Un día entro a la UNEAC., era yo en aquel entonces vice-presidente primero de nuestra Asociación y él presidente de la de Literatura, a la cual también pertenezco y de aquí la relación. Bueno, salía él precisamente a buscarme para que escuchara lo que estaba relatando un ex guerrillero de la Sierra Maestra.

Me dijo: “Mira ven, para que escribas una de esas historia que tú haces por la televisión”. Efectivamente, luego estuve dieciséis días grabándole a esa persona. Entonces era vicepresidente también de Cine, Radio y Televisión ese magnifico fotógrafo del cine, en aquel momento de la fílmica del MINFAR, el compañero Ángel Alderete y, cuando se leyó el argumento que yo sinteticé, quiso presentárselo a los Estudios y ahí se hizo. El proyecto comenzó a materializarse con el equipo de creación con el que creo haber trabajado mejor en mi vida.

Le dije al director: “Te voy a escribir únicamente el diálogo que tú no puedas dar en imagen”. Y así lo hicimos. Recuerdo que ya para entonces tenía toda una teoría para el trabajo con los niños: situaciones muy específicas y poco texto.  Arriba de eso, el director, Danilo Lejardi, nunca le entregó el guión al niño que interpretó a Teo, se lo aprendía en la locación, de modo que no se lo deformaran en la casa. En fin, lo bordábamos: yo escribía una escena, venían a mi casa, la discutíamos y a veces Aldo me decía: “Si tú quitas ese bocadillo yo te lo doy con esta imagen”.

Te cuento: no sé si te acuerdas de la escena cuando el gallego y el niño amarran todo el bohío para que el ciclón no se lo lleve y tenían los animales dentro para que no se ahogaran. Bueno, ya tranquilos, pero esperando lo peor, al niño Teo, como él había visto que Martica, la putica que subía a la Sierra Maestra a que el gallego invirtiera en un prostíbulo -magistralmente interpretado por Isabel Santos- para ella administrarlo y como recordaba que su tío había mencionado la palabra puta relacionándola con su madre, le da por preguntarle al español que qué cosa es una puta.

Bueno, pues el gallego comienza toda una disertación de lo que hacen y lo mala que son las putas, es decir, una visión machista sin saber que estaba desbaratándole la imagen de la madre al niño, y yo no tenía cómo desmontarle el discurso al gallego. ¿Cuál fue la solución que aportó Aldo?, un paneo por lo animales hasta detenerse en el gallo mientras el hombre desbarraba de las prostitutas, es verdad que es para una segunda lectura o una lectura inteligente, pero ¿no es esa la dimensión polisémica que se le pide al arte?

- ¿Cuánto hay de realidad en “El naranjo del patio”? ¿La consideras tu mejor obra televisiva hasta ahora?

Mucho. Puedo hablarte con más libertad de eso ahora porque, lamentablemente, la última que perdí de noventa y dos años fue a mi madre, y en vida de ella me hubiese sido difícil hacerlo. Pero me animo a decirlo porque nunca olvido que soy profesor de la materia y me sirve la experiencia para alertar a mis alumnos o a todo el que quiera ser dramaturgo.

Esa fue una situación que se dio entre mi padre y mi madre ya siendo sesentones, pero si yo diseño a Lito como fue mi padre, nadie me lo iba a creer: un buen padre, un buen marido –más allá incluso de ese desliz–, un buen trabajador, todo lo hizo bien; por lo que, como personaje dramático, era poco atractivo y nadie me iba a creer.

Por lo tanto,  como yo no soy historiador, sino hacedor de espectáculos dramatizados, le cambié la psicología a mi padre, lo hice un viejo verde, y creo que ahí estuvo el éxito de la cuestión. Además que nací a dos kilómetros de un central azucarero, todavía el olor a melaza me emociona y quise darle un homenaje a los hombres que, como mi padre, le dedicaron su vida a lo que un día fue nuestra primera industria nacional.

Freddy Domínguez

Freddy Domínguez. Foto: Portal TV Cubana.

Con una obra reconocida en la radio, amasando problemas de la realidad, Freddy Domínguez se atrevió a escribir La cara oculta de la luna y Bajo el mismo sol para la televisión. Ambas despertaron la polémica y lograron llevar al debate público el VIH, las diversas opciones sexuales, además de la violencia hogareña.

- ¿Crees que todos esos temas podrían ser llevados a la televisión?

Sí, con mucho de buena voluntad, y sobre todo con la dosis precisa de honestidad; porque no se trata de criticar por criticar, de que nos tilden de transgresores o de incendiarios.

Te aseguro que detesto esas opiniones cuando las he escuchado al referirse a mi obra. Mi único objetivo es llamar a la reflexión sobre asuntos que nos afectan a todos, decir que cerrar los ojos a lo que ocurre a nuestro lado no es la solución a estos problemas, que son parte de nuestra realidad con los que debemos convivir y a los que debemos combatir; mas a través del diálogo y con la convicción de que nuestra sociedad es susceptible de ser mejorada.

Lo que sucede es que la televisión es un medio que, de tan masivo, se ha convertido en tan participativo que todos quieren verse reflejados en ella, quieren que se haga a través de una imagen perfecta. Así, el policía, el médico, el maestro, el abogado y todos los demás, no toleran ver a un personaje que cargue con una de estas profesiones que no sea inmaculado, y eso no es posible.

Todos sabemos que los seres humanos estamos muy lejos de ser perfectos. Prefiero que mis personajes no sean ni buenos ni malos, que simplemente sean seres que se equivocan, que optan por soluciones que no son las adecuadas. Sobre todo apuesto por su inteligencia para enfrentar las consecuencias de sus actos.

- ¿Escogiste la radio porque no gustabas de la televisión o porque no pudiste entrar en ella?

En verdad, cuando comencé en la radio ni por la mente me pasaba escribir para la televisión. Me dediqué a estudiar dramaturgia en diferentes cursos, talleres y en cuanta literatura pude conseguir. En 1999 Eduardo Vázquez –el director de televisión– me pidió que le adaptara uno de mis radioteatros: “El color de tu sonrisa”.

Así surgió mi primer teleplay, que por la aceptación que logró me motivó para continuar; pero cuando presenté el segundo, los asesores de aquel entonces me lo hicieron trizas, y como ya me estaba haciendo de una carrera sólida en la radio, y acostumbrado como estoy al respeto, la ética y la camaradería que caracterizan el trabajo en este medio, pues sencillamente di la espalda y me olvidé de la televisión, hasta que Magda Gonzáles Grau me llamó a la Redacción de Dramatizados de la televisión y pude comprobar que había un verdadero interés de renovación en ese departamento. Así surgió La cara oculta de la luna como telenovela.

- ¿Por qué el enfoque de la realidad ha sido una constante en tu obra?

No tengo nada contra las novelas de época, al contrario, soy de los que piensan que es necesario conocer el pasado para comprender el presente y enfrentar el futuro; pero únicamente si el punto de vista, la dramaturgia y la puesta en escena la acercan a la realidad actual.

Del mismo modo que con frecuencia vemos telenovelas y radionovelas ubicadas en el contexto actual, pero con un punto de vista bastante añejo, que poco aportan al receptor al que van dirigidas. Por otra parte, vivo en esta sociedad, me tocan muy de cerca, como a todo cubano, sus bondades y sus defectos; por tanto, me siento comprometido a trabajar para mis contemporáneos, desde una óptica contemporánea y a través de conflictos que nos son comunes a la mayoría.

(Tomado del Portal de la TV Cubana)

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