Alberto Fernández: "En el País Vasco hubo que elegir entre quién se salvaba y quién moría de coronavirus, Argentina no quiso eso"


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Alberto Fernández: "En el País Vasco hubo que elegir entre quién se salvaba y quién moría de coronavirus, Argentina no quiso eso"

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SEBASTIÁN FEST

Buenos Aires

Viernes, 17 julio 2020 - 21:01

El presidente argentino anuncia una "flexibilización escalonada" a partir de la semana próxima de la cuarentena por la pandemia de coronavirus que el país inició el 20 de marzo

Buenos Aires (Argentina).- A handout photo made available by the...
El presidente argentino, Alberto Fernández. EFE

Inmersa en una de las cuarentenas más extensas y estrictas del mundo, Argentina dio hoy un paso heterodoxo: el número de casos de coronavirus está en ascenso, pero la cuarentena se relaja. No puede distenderse, en cambio, el presidente Alberto Fernández, que arrinconado por su vicepresidenta y zigzagueante con Venezuela cerró hoy la semana políticamente más dura desde que hace siete meses accedió al poder.

"Trataremos de volver a la vida normal de manera escalonada", dijo Fernández al anunciar una "flexibilización escalonada" a partir de la semana próxima de la cuarentena que el país inició el 20 de marzo, en el final del verano en el hemisferio sur. Así, en el área metropolitana de Buenos Aires, que concentra un tercio de la población del país, reabrirán comercios, se habilitará la práctica de deportes y otras actividades.

"América Latina es hoy el epicentro de la pandemia", destacó el jefe de Estado argentino, que definió como "buena" la situación del país en términos comparativos. Argentina, con 45 millones de habitantes, reporta hasta este viernes 115.000 contagios y 2.112 muertes. El presidente, que compara habitualmente la situación argentina con la de otras países, puso esta vez el foco en una entidad subnacional: el País Vasco.

"En el País Vasco, cuando se saturó la capacidad de atención, hubo que elegir entre quién se salvaba y quién se moría. Nosotros no quisimos hacer eso", dijo Fernández sin aportar más pruebas para sostener la afirmación. "El aislamiento es lo que nos permite no caer en la crisis que cayó el País Vasco", insistió, antes de recalcar: "Estamos lejos, muy lejos de pensar que la situación fue superada".

Todo el país estuvo pendiente de los anuncios de Fernández y un grupo de cinco gobernadores que lo acompañó. Llamó la atención lo extenso y poco sintético de la presentación por parte de varios de los gobernadores y cómo estos sometían al jefe del Estado a la enumeración de detalles absurdos, en una pérdida de tiempo impropia de su investidura. Fue, en todo caso, un síntoma del momento que atraviesa, porque la estatura política de Fernández se ha venido jibarizando en las últimas semanas. Fernández tiene un problema de envergadura similar o incluso mayor al del coronavirus: Cristina Fernández de Kirchner. No sabe cómo resolver la anomalía política que es haber llegado al cargo nominado por su vicepresidenta.

Lo que se presentó como una coalición que sumaba las diferentes sensibilidades del peronismo y de algunos sectores de la izquierda se está demostrando cada vez más difícil de sostener para Fernández, que días atrás se encontró con el primer freno en público que le impuso su vicepresidenta. Fernández de Kirchner no habla en público, sólo se manifiesta por redes sociales o en breves comentarios en las sesiones del Senado que preside, por eso cada frase que hace púbica es escudriñada en detalle.

El domingo, cuando le hizo 'retuit' a un artículo de "Página/12", diario afín al Gobierno, dejó en claro que no le gustan ciertas ideas del presidente. El articulista criticaba con dureza el camino elegido por Fernández al reunir en su residencia a los máximos representantes de los empresarios en ocasión del 9 de julio, día en el que se celebra la independencia de España. Kirchner considera, y lo dijo, que esa apuesta no tiene sentido y es un camino errado. "El mejor análisis que he leído en mucho tiempo. De lectura imprescindible para entender y no equivocarse", tuiteó.

Mientras Cristina asombraba con ese tuit, hacía su entrada en escena Hebe De Bonafini, presidenta de las Madres de la Plaza de Mayo, pero fuertemente desprestigiada hace ya años por su discurso incendiario y repleto de insultos. "Nos sentimos agraviadas y heridas en lo más profundo de nuestro corazón", escribió De Bonafini en una carta al presidente. Fernández se apresuró a responderle con una carta componedora.

La situación empeoró esta semana para el presidente con el voto de Argentina en la comisión de derechos humanos de la ONU. Michelle Bachelet, alta comisionada para los Derechos Humanos y ex presidenta chilena, presentó un informe demoledor sobre la dictadura de Nicolás Maduro, y Argentina votó a favor. Semanas antes se había abstenido en una votación similar en la OEA. El "sí" de Argentina a la socialista Bachelet enloqueció al ala más radical del frente que llevó a Fernández a la Casa Rosada.

Fue así que Víctor Hugo Morales, el hombre que relató como ninguno los goles de Diego Maradona en México 86, hoy reconvertido a periodista político, fue durísimo con Fernández. El asombro creció cuando el presidente llamó al programa de radio para explicar que las cosas no eran exactamente así. Por momentos, pareció que el jefe de Estado se estaba sometiendo no a una entrevista, sino a un interrogatorio. Este viernes se refirió al tema: "En la diversidad somos mucho más fuertes".

Felipe Solá, su ministro de Asuntos Exteriores, se refirió al tema de Venezuela en un encuentro con corresponsales extranjeros: "Quienes salen afuera a buscar apoyos hablando de la libertad de Venezuela están equivocados. Y también se equivoca la Unión Europea cuando sanciona a legisladores. ¿Existe el derecho de sancionar a legisladores de otro país por declaraciones que han hecho en la legislatura? Suena ridículo eso".

"Infobae", la web más leída del país, analizó la situación de Fernández, y fue contundente: lo ve en la "acera opuesta" a "la de la mayoría de los países de la región y de las democracias más avanzadas del mundo".

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