Es el electrodoméstico más infravalorado de tu cocina. Pasas por delante todos los días y solo se te ocurre calentarte un tazón de leche, lo cual es un gran error, porque el microondas es una auténtica estrella que puede hacer más cosas de las que podrías imaginar. Lo mismo te cocina, te descongela, ‘fríe’ patatas de manera saludable, recupera alimentos e incluso se ‘auto limpia’. Sin embargo, también hay algunos alimentos que nunca (insistimos, nunca) deberías meter en el microondas.

1. Huevos

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uizá no aprendisteis nada de lo que sucede si metes un huevo duro en el microondas después de ver este experimento viral, pero la cosa no solo va de explosiones: hay más peligros. Cuando calientas un huevo duro en el microondas, se generan pequeñas bolsas de agua en la yema, que se sobrecalientan muy por encima de la temperatura normal de ebullición. Por eso, cuando entran en contacto con la temperatura ambiente o se pinchan, explotan. Tampoco deberías meterlos enteros con cáscara, porque también explotarán al subir la temperatura.

2. Lácteos

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Muchos optan por calentar leche, mantequillas y margarinas en el microondas para ganar tiempo. Sin embargo, puede que no sepan que hacerlo puede provocar que este tipo de alimentos pierdan hasta la mitad de nutrientes que proporcionan, entre los que se encuentra la vitamina B12, y su valor protéico. Especial atención merece la leche materna, que nunca se debería meter en el microondas si no quieres perder todos los beneficios que contiene.

3. Embutidos

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A nadie se le ocurriría meter un poco de embutido al microondas, pero hay quien osa hacerlo. Bien, pues que sepa que las carnes procesadas contienen un montón de elementos químicos y conservantes que no deberían recibir temperaturas altas. De consumirlas recalentadas, que sepas que te expones a la producción de colesterol oxidado, mucho más peligroso para tu organismo que el colesterol normal, y más relacionado con enfermedades de tipo coronario. Si necesitas recalentarlas, utiliza otro método.

4. Verduras

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Te sobran verduras y no sabes qué hacer con ellas, así que las metes al microondas con algo más para hacerte un algo y salir del paso. Bien, pues quizá te interese saber que las ondas del electrodoméstico pueden convertir los nitratos de los vegetales en nitrosaminas, compuestos que se consideran cancerígenos. Las altas temperaturas no son las mejores amigas de las verduras, sobre todo de las de hoja verde (espinacas, brocoli, acelgas, etc), así que si tienes que calentarlas, utiliza una sartén a temperatura media. Atención especial merecen las uvas, que a pesar de ser casi todo agua, pueden estallar en llamas si se calientan en el microondas.

5. Arroz

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Probablemente nunca te lo habrías planteado pero, a no ser que compres arroz preparado específicamente para cocinar en microondas, nunca metas arroz en el electrodoméstico. ¿Por qué? Porque el arroz puede convertirse en el hogar perfecto para patógenos (bacterias del tipo Bacilus), y las temperaturas del microondas no serán suficientes para acabar con ellos. Si quieres evitar una intoxicación alimentaria, no calientes arroz en el microondas.

6. Carne congelada

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No tienes tiempo y metes carne congelada al microondas, pero lo que quizá no sepas es que el golpe repentino de calor lo único que hace es acelerar el crecimiento de bacterias y ponerse mala con mayor facilidad, ya que se descongela de manera irregular, siendo el caldo de cultivo perfecto para los patógenos. Lo ideal es sacar la carne del congelador unas 10-12 horas antes de su consumo, de manera que esté descongelada en el momento.

7. Pollo

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Las carnes con alto contenido en grasa, como puede ser la de cerdo, sí se mantienen bien si las metemos en el microondas. No así las carnes blancas como el pollo, ya que debido a su estructura, solo conseguirás que se reseque su carne y, muy probablemente, el calor no logre acabar con posibles patógenos que pueda tener (por ejemplo, salmonella).

En definitiva: cualquier cosa que se haya recalentado previamente

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Si lo que te importa es la seguridad alimentaria, te cuidarás muy mucho de volver a calentar algo que hayas calentado previamente. Si te sobra comida, guárdala en el frigorífico. Ahora bien, cada vez que recalientas y enfrías de nuevo esa comida, disminuye notablemente su calidad.